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Estirnats
Germans i Germanes en Crist: A
tots vosaltres us porto un afectuós salut del Sant Pare Joan Pau II, a qui tinc
l'honor de representar a Espanya i Andorra. Ens
hem reunit avui, per celebrar el dia del Senyor participant en aquesta celebració
eucarística. amb motiu de l'atorgament del títol d'Arquebisbe "ad
personam'' a Mons. Joan Martí 1 Alanis, Bisbe d'Urgell i copríncep d'Andorra
i, al mateix temps, de l'inici del ministeri pastoral de Mons. Joan Enric Vives
i Sicília com a Bisbe coadjutor de la diòcesi. Tots
plegats elevem el nostre cor la nostra ànima í tot el nostre ser a Déu
Totpoderós 1 li diem que la nostra presència vol expressar el nostre amor.
mostrar el nostre desitg de millor correspondència i la nostra ferma decisió
de glorificar-lo. Elevem
la nostra pregària, per intercessió de la Verge Maria i li demanen les gràcies
necessàries per cadascun de nosaltres, per els nostres Pastors i per l'estimat
poble de la diòcesi d'Urgell. Meditem, ara, breument sobre els punts següents: Primer: Cadascun de nosaltres és obra excel·lent sortida de les mans del Creador. Segon: Déu no és un ésser llunyà. Ell s'interessa per nosaltres i escolta la nostra oració. Tercer: Déu ens
confia una missió. Ell té un projecte sobre la nostra vida.
Queridos
Hermanos y Hermanas en Cristo: A
todos vosotros un saludo afectuoso de parte del Santo Padre Juan Pablo II, a
quien tengo el honor de representar en España y Andorra. Nos
hemos congregado hoy, aquí, para celebrar el Día del Señor, participando en
la Eucaristía. con motivo del otorgamiento del título de Arzobispo "ad
personam" al Excelentísimo Mons. Joan Martí Alanis, Obispo de Urgel y Co‑Príncipe
de Andorra y, al mismo tiempo, con motivo del inicio del ministerio pastoral del
Excelentísimo Mons. Joan Enric Vives 1 Sicilia como Obispo Coadjutor de esta
diócesis. Juntos
elevemos nuestro corazón, nuestra alma, nuestro ser a Dios Todopoderoso, diciéndole
que nuestra presencia quiere expresarle nuestro amor, mostrarle nuestro deseo de
corresponderle más y, mejor y nuestra decisión de glorificarle. Elevemos
nuestra plegaria. por intercesión de la Santísima Virgen, pidiéndole gracias
para nosotros, para los pastores y para el amado pueblo de la diócesis de Urgel Meditemos.
ahora, brevemente sobre los siguientes puntos: 1.
Cada uno de nosotros es obra maravillosa de las manos de Dios. 2.
Dios no es un ser distante. Se interesa por nosotros y escucha nuestra oración. 3. Dios nos confía una misión. Tiene un proyecto sobre nuestra vida.
1.
Cada uno de nosotros es obra maravillosa de las manos de Dios. Hemos
proclamado el Salmo 137. Es un himno de acción de gracias. Canta el Rey David:
“Te doy gracias. Señor. de todo corazón": ¿Por
qué? Porque "Cuando te invoqué me escuchaste, ... Acreciste el valor de
mi alma... .Me conservas en la vida... Tu derecha me salva”. Y
concluye el salmista: “Señor. no abandones la obra de tus
manos'' ( Sal. 137). Cada
uno de nosotros es obra maravillosa de las manos de Dios. Cuanto más se
desarrolla la ciencia y la tecnología más claramente nos damos cuenta de la
maravilla que es nuestro ser. nuestro cuerpo. el funcionamiento de nuestros
órganos.
como los ojos, los oídos, el corazón. Y, ‑qué decir de los recientes
descubrimientos sobre el genoma humano! No, no somos fruto del azar. Somos fruto maravilloso de las manos de Dios. Digamos con el Rey David: "Te doy gracias, Señor. de todo corazón" (Sal. 137). 2.
Dios no es un ser distante. Se interesa por nosotros y escucha nuestra
oración. Los
salmos nos invitan a dialogar con Dios. a hablarle de nuestras vicisitudes a
implorar su auxilio y a darle gracias. "Cuando te invoqué, Señor, me
escuchaste... Te doy gracias, Señor. de todo corazón”, hemos proclamado en
el salmo de hoy. Muchas
figuras bíblicas nos muestran el interés de Dios por nosotros por nuestra
vida. Nos muestran el valor de la oración. Abrahan –narra la lectura de esta
celebración eucarística– intercede delante de Dios a favor de los habitantes
de Sodoma y de Gomorra. El Señor le escucha una, dos y muchas veces. Le
contesta favorablemente. Dios
escucha nuestra oración por familiares amigos y por nuestro prójimo. Nota Su
Santidad Juan Pablo II que la oración de Abrahan es muy actual en los tiempos
en los que vivimos. Es necesaria una oración así, para que todo hombre trate
de rescatar al mundo de la injusticia (cf. Juan Pablo II, Homilía, 27.VII.1980. La
bondad y la misericordia de Dios se manifiestan en la vida del rey David, de
Jacob, de José de Egipto y en la de tantos y tantos personajes del Antiguo y
del Nuevo Testamento. De los del Nuevo Testamento
la enternecedora parábola de Hijo Pródigo. Más
aún: la segunda lectura y la antífona del Evangelio nos invitan a renacer a
una vida nueva en Cristo (Col 2, 12-14). "Habéis
recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace gritar: ¡Abbá, Padre!"
(Rom 8, 15). El
punto central de la enseñanza contenida en la Carta de San Pablo a los
Colosenses es mostrar que Jesús tiene la misión de reconciliar a los hombres
con Dios mediante la gracia. la participación en la vida divina: "Dios os
dió vida en Él, perdonándoos todos los pecados", nos recuerda el texto
de San Pablo que acabamos de escuchar. Nuestra
vida, la vida del cristiano es participación en la de Cristo. Somos hijos de
Dios, amados por Dios, llamados a participar de la felicidad eterna. Muchos
viven como si Dios no existiera o como si estuviera lejos, distante, invisible,
sin ninguna incidencia en la vida real de cada día. Los textos de la liturgia
de hoy nos dicen que somos hijos de Dios, que Dios nos quiere como nuestro Padre
o nuestra Madre amorosa, que está cerca de nosotros, que nos escucha y que
atiende nuestras súplicas. ¿Qué
se requiere de nosotros? Ser sensibles a lo que hemos recibido de Dios y a sus múltiples
llamadas. Dios se nos va revelando
en el curso de la vida. "En efecto –escribe San Pablo–, todos los que
son guiados por el Espíritu de Dios, son de Dios. Pues no recibisteis un espíritu
de esclavos para recaer en el temor: antes bien, recibisteis un espíritu de
hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!... Y, si hijos también
herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con Él,
para ser con Él glorificados. En
el texto del Evangelio de Hoy Jesús nos enseña el Padre Nuestro. Nos enseña a
dirigirnos a Dios como hijos suyos que somos. Nos enseña a pedir primero la
glorificación de Dios y, después, todo lo que podamos necesitar. El Padre
Nuestro se llama "Oración dominical" de la palabra latina “Dominus”,
Señor, porque nos ha sido enseñada por el Señor Jesús Es el "resumen de
todo el Evangelio”, escribió Tertuliano. Es "la más perfecta de todas
las oraciones”, nota Santo Tomás (cf. Catecismo
de la Iglesia Católica, 2774-2775). EI
Padre Nuestro es "un modelo concreto y al mismo tiempo universal de
oración.
Afirma Su Santidad Juan
Pablo II que todo lo que se puede y debe decir al Padre está encerrado en las
siete peticiones que todos sabemos de memoria Hay en ellas una sencillez tal que
hasta un niño las aprende y, al mismo tiempo, una profundidad tal que se puede
consumir una vida entera para meditar el sentido de cada una de ellas (cf. Juan
Pablo II, Catequesis en la Audiencia General, 14.III.1979). "En
el Padre Nuestro. las tres primeras peticiones tienen por objeto la gloria del
Padre la santificación
de[ nombre la venida del Reino y el cumplimiento de la voluntad divina.
Las otras cuatro presentan al Padre nuestros deseos: estas peticiones conciernen
a nuestra vida para alimentarla o para curarla del pecado y se refieren a
nuestro combate por la victoria del Bien sobre el mal. 3.
Dios nos confía una misión tiene un proyecto para nuestra vida Cada uno de nosotros aquí presente tiene una misión que cumplir. ¿Cuál?
Dios nos ha creado
para conocerle, amarle Y servirle en esta vida y gozar de su compañía por la
eternidad. Ésta es la misión común a todos nosotros. Además, tenemos una misión específica, personal que cumplir según
nuestro estado de vida, según nuestra propia persona, nuestro trabajo y según
nuestra propia persona. ¿Cuál
es la misión confiada a los Obispos? Es la misma que Jesús confió a los Apóstoles:
transmitir fielmente lo que han recibido del Señor: su Palabra, su modo de
vivir. Los Apóstoles han escuchado el mensaje del Señor, lo han acogido, lo
han vivido y lo han transmitido. Han compartido la vida de Jesús. Los Obispos
tienen una misión en la Iglesia universal y en la diócesis que les ha sido
confiada. En una y otra están llamados a reflejar la bondad. la misericordia y el, amor y la vida del Señor
Jesús. Queridos
Hermanos y Hermanas, Dios tiene un proyecto personal, sobre cada uno de nosotros.
El Creador ha dotado todas las cosas de una finalidad de leyes precisas, que, cuánto
más las conocemos, más asombrados nos quedamos. Nos
recuerda Su Santidad Juan Pablo II: "En efecto. Dios ha pensado en nosotros
desde la eternidad y nos ha amado
corno personas únicas e irrepetibles, llamando a cada lino por SU nombre COMO
el Buen Pastor que a sus ovejas las
llama por su nombre (Jn 10,3)” (Juan Pablo II. Exortación Apostólica Christifideles laici, 58). Lo
más importante pura cada uno de nosotros es conocer, amar y realizar la misión
que el Señor nos confía, es decir el proyecto de Dios sobre nuestra vida.
Deseo
concluir esta breve reflexión recordando las palabras del Santo Padre Juan
Pablo II en la Carta Apostólica Novo
millennio ineunte: “¡Duc in Altum!”Caminemos con esperanza! Un nuevo
milenio se abre ante la Iglesia como un océano inmenso en el cual hay que
aventurarse contando con la ayuda de Cristo, El Hijo de Dios. que se encarnó
hace dos mil años por amor al hombre, realiza también hoy su obra. Hemos de
aguzar la vista para verla y, sobre todo. para convertirnos nosotros mismos en
sus instrumentos. ( ... ) El Cristo contemplado y amado ahora nos invita una vez
más a ponernos en camino: “Id pues y haced discípulos ( ... )'' . El mandato
misionero nos introduce en el tercer milenio invitándonos a tener el mismo
entusiasmo de los cristianos de los primeros tiempos ( ... ). Los caminos por
los que cada uno de nosotros y cada una de nuestras Iglesias camina, son muchos
pero no hay distancias entre quienes están unidos por la única comunión que
cada día se nutre de la mesa del Pan eucarístico y de la Palabra de vida. Cada
domingo Cristo resucitado nos convoca de nuevo como en el Cenáculo. (...) Nos
acompaña en este camino la Santísima Virgen, a la que hace algunos meses,
junto Con muchos Obispos llegados a Roma desde todas las partes del mundo, he
confiado el tercer milenio. Muchas veces en estos años la he presentado como
“Estrella de la nueva Evangelización”. La indico aún como aurora luminosa
y guía segura de nuestro camino‑ (Juan Pablo II, Novo
Millennio Ineute, 58) Que
el Senyor els beneeixi avui i sempre. Que
el Señor les bendiga hoy y siempre Seo
de Urgel, 29 de Julio de 2001 Mons.
Manuel Monteiro de Castro Nuncio
Apostólico |