Homilía de Mons. Manuel Monteiro de Castro, Nunci Apostòlic a Espanya i Andorra

A la Catedral de Santa Maria  de la Seu d’Urgell, 29 de juliol del 2001

Estirnats Germans i Germanes en Crist:

A tots vosaltres us porto un afectuós salut del Sant Pare Joan Pau II, a qui tinc l'honor de representar a Espanya i Andorra.

Ens hem reunit avui, per celebrar el dia del Senyor participant en aquesta celebració eucarística. amb motiu de l'atorgament del títol d'Arquebisbe "ad personam'' a Mons. Joan Martí 1 Alanis, Bisbe d'Urgell i copríncep d'Andorra i, al mateix temps, de l'inici del ministeri pastoral de Mons. Joan Enric Vives i Sicília com a Bisbe coadjutor de la diòcesi.

Tots plegats elevem el nostre cor la nostra ànima í tot el nostre ser a Déu Totpoderós 1 li diem que la nostra presència vol expressar el nostre amor. mostrar el nostre desitg de millor correspondència i la nostra ferma decisió de glorificar-lo.

Elevem la nostra pregària, per intercessió de la Verge Maria i li demanen les gràcies necessàries per cadascun de nosaltres, per els nostres Pastors i per l'estimat poble de la diòcesi d'Urgell.

Meditem, ara, breument sobre els punts següents:

Primer: Cadascun de nosaltres és obra excel·lent sortida de les mans del Creador.

Segon: Déu no és un ésser llunyà. Ell s'interessa per nosaltres i escolta la nostra oració.

Tercer: Déu ens confia una missió. Ell té un projecte sobre la nostra vida.

 

 

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:

A todos vosotros un saludo afectuoso de parte del Santo Padre Juan Pablo II, a quien tengo el honor de representar en España y Andorra.

Nos hemos congregado hoy, aquí, para celebrar el Día del Señor, participando en la Eucaristía. con motivo del otorgamiento del título de Arzobispo "ad personam" al Excelentísimo Mons. Joan Martí Alanis, Obispo de Urgel y Co‑Príncipe de Andorra y, al mismo tiempo, con motivo del inicio del ministerio pastoral del Excelentísimo Mons. Joan Enric Vives 1 Sicilia como Obispo Coadjutor de esta diócesis.

Juntos elevemos nuestro corazón, nuestra alma, nuestro ser a Dios Todopoderoso, diciéndole que nuestra presencia quiere expresarle nuestro amor, mostrarle nuestro deseo de corresponderle más y, mejor y nuestra decisión de glorificarle. Elevemos nuestra plegaria. por intercesión de la Santísima Virgen, pidiéndole gracias para nosotros, para los pastores y para el amado pueblo de la diócesis de Urgel.

Meditemos. ahora, brevemente sobre los siguientes puntos:

1. Cada uno de nosotros es obra maravillosa de las manos de Dios.

2. Dios no es un ser distante. Se interesa por nosotros y escucha nuestra oración.

3. Dios nos confía una misión. Tiene un proyecto sobre nuestra vida.

 

 

1. Cada uno de nosotros es obra maravillosa de las manos de Dios.

Hemos proclamado el Salmo 137. Es un himno de acción de gracias. Canta el Rey David:

       “Te doy gracias. Señor. de todo corazón":

¿Por qué? Porque "Cuando te invoqué me escuchaste, ... Acreciste el valor de mi alma... .Me conservas en la vida... Tu derecha me salva”.

Y concluye el salmista:

“Señor. no abandones la obra de tus manos'' ( Sal. 137).

Cada uno de nosotros es obra maravillosa de las manos de Dios. Cuanto más se desarrolla la ciencia y la tecnología más claramente nos damos cuenta de la maravilla que es nuestro ser. nuestro cuerpo. el funcionamiento de nuestros órganos. como los ojos, los oídos, el corazón. Y, ‑qué decir de los recientes descubrimientos sobre el genoma humano!

No, no somos fruto del azar. Somos fruto maravilloso de las manos de Dios. Digamos con el Rey David: "Te doy gracias, Señor. de todo corazón" (Sal. 137).

2. Dios no es un ser distante. Se interesa por nosotros y escucha nuestra oración.

Los salmos nos invitan a dialogar con Dios. a hablarle de nuestras vicisitudes a implorar su auxilio y a darle gracias. "Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste... Te doy gracias, Señor. de todo corazón”, hemos proclamado en el salmo de hoy.

Muchas figuras bíblicas nos muestran el interés de Dios por nosotros por nuestra vida. Nos muestran el valor de la oración. Abrahan –narra la lectura de esta celebración eucarística– intercede delante de Dios a favor de los habitantes de Sodoma y de Gomorra. El Señor le escucha una, dos y muchas veces. Le contesta favorablemente.

Dios escucha nuestra oración por familiares amigos y por nuestro prójimo. Nota Su Santidad Juan Pablo II que la oración de Abrahan es muy actual en los tiempos en los que vivimos. Es necesaria una oración así, para que todo hombre trate de rescatar al mundo de la injusticia (cf. Juan Pablo II, Homilía, 27.VII.1980.

La bondad y la misericordia de Dios se manifiestan en la vida del rey David, de Jacob, de José de Egipto y en la de tantos y tantos personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento. De los del Nuevo Testamento                  la enternecedora parábola de Hijo Pródigo.

Más aún: la segunda lectura y la antífona del Evangelio nos invitan a renacer a una vida nueva en Cristo (Col 2, 12-14).

"Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace gritar: ¡Abbá, Padre!" (Rom 8, 15).

El punto central de la enseñanza contenida en la Carta de San Pablo a los Colosenses es mostrar que Jesús tiene la misión de reconciliar a los hombres con Dios mediante la gracia. la participación en la vida divina: "Dios os dió vida en Él, perdonándoos todos los pecados", nos recuerda el texto de San Pablo que acabamos de escuchar.

Nuestra vida, la vida del cristiano es participación en la de Cristo. Somos hijos de Dios, amados por Dios, llamados a participar de la felicidad eterna.

Muchos viven como si Dios no existiera o como si estuviera lejos, distante, invisible, sin ninguna incidencia en la vida real de cada día. Los textos de la liturgia de hoy nos dicen que somos hijos de Dios, que Dios nos quiere como nuestro Padre o nuestra Madre amorosa, que está cerca de nosotros, que nos escucha y que atiende nuestras súplicas.

¿Qué se requiere de nosotros? Ser sensibles a lo que hemos recibido de Dios y a sus múltiples llamadas. Dios se nos va  revelando en el curso de la vida. "En efecto –escribe San Pablo–, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son de Dios. Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor: antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!... Y, si hijos también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con Él, para ser con Él glorificados.

En el texto del Evangelio de Hoy Jesús nos enseña el Padre Nuestro. Nos enseña a dirigirnos a Dios como hijos suyos que somos. Nos enseña a pedir primero la glorificación de Dios y, después, todo lo que podamos necesitar. El Padre Nuestro se llama "Oración dominical" de la palabra latina “Dominus”, Señor, porque nos ha sido enseñada por el Señor Jesús Es el "resumen de todo el Evangelio”, escribió Tertuliano. Es "la más perfecta de todas las oraciones”, nota Santo Tomás (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2774-2775).

EI Padre Nuestro es "un modelo concreto y al mismo tiempo universal de oración. Afirma Su     Santidad Juan Pablo II que todo lo que se puede y debe decir al Padre está encerrado en las siete peticiones que todos sabemos de memoria Hay en ellas una sencillez tal que hasta un niño las aprende y, al mismo tiempo, una profundidad tal que se puede consumir una vida entera para meditar el sentido de cada una de ellas (cf. Juan Pablo II, Catequesis en la Audiencia General, 14.III.1979).

"En el Padre Nuestro. las tres primeras peticiones tienen por objeto la gloria del Padre la santificación          de[ nombre la venida del Reino y el cumplimiento de la voluntad divina. Las otras cuatro presentan al Padre nuestros deseos: estas peticiones conciernen a nuestra vida para alimentarla o para curarla del pecado y se refieren a nuestro combate por la victoria del Bien sobre el mal.

 

3. Dios nos confía una misión tiene un proyecto para nuestra vida 

Cada uno de nosotros aquí presente tiene una misión que cumplir.

¿Cuál? Dios nos ha creado para conocerle, amarle Y servirle en esta vida y gozar de su compañía por la eternidad. Ésta es la misión común a todos nosotros. Además, tenemos una misión específica, personal que cumplir según nuestro estado de vida, según nuestra propia persona, nuestro trabajo y según nuestra propia persona.

¿Cuál es la misión confiada a los Obispos? Es la misma que Jesús confió a los Apóstoles: transmitir fielmente lo que han recibido del Señor: su Palabra, su modo de vivir. Los Apóstoles han escuchado el mensaje del Señor, lo han acogido, lo han vivido y lo han transmitido. Han compartido la vida de Jesús. Los Obispos tienen una misión en la Iglesia universal y en la diócesis que les ha sido confiada. En una y otra están llamados a reflejar  la bondad. la misericordia y el, amor y la vida del Señor Jesús.

Queridos Hermanos y Hermanas, Dios tiene un proyecto personal, sobre cada uno de nosotros. El Creador ha dotado todas las cosas de una finalidad de leyes precisas, que, cuánto más las conocemos, más asombrados nos quedamos.

Nos recuerda Su Santidad Juan Pablo II: "En efecto. Dios ha pensado en nosotros desde la eternidad y  nos ha amado corno personas únicas e irrepetibles, llamando a cada lino por SU nombre COMO el Buen Pastor que a sus ovejas  las llama por su nombre (Jn 10,3)” (Juan Pablo II. Exortación Apostólica Christifideles laici, 58).

Lo más importante pura cada uno de nosotros es conocer, amar y realizar la misión que el Señor nos confía, es decir el proyecto de Dios sobre nuestra vida.

 

Deseo concluir esta breve reflexión recordando las palabras del Santo Padre Juan Pablo II en la Carta Apostólica Novo millennio ineunte: “¡Duc in Altum!”Caminemos con esperanza! Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un océano inmenso en el cual hay que aventurarse contando con la ayuda de Cristo, El Hijo de Dios. que se encarnó hace dos mil años por amor al hombre, realiza también hoy su obra. Hemos de aguzar la vista para verla y, sobre todo. para convertirnos nosotros mismos en sus instrumentos. ( ... ) El Cristo contemplado y amado ahora nos invita una vez más a ponernos en camino: “Id pues y haced discípulos ( ... )'' . El mandato misionero nos introduce en el tercer milenio invitándonos a tener el mismo entusiasmo de los cristianos de los primeros tiempos ( ... ). Los caminos por los que cada uno de nosotros y cada una de nuestras Iglesias camina, son muchos pero no hay distancias entre quienes están unidos por la única comunión que cada día se nutre de la mesa del Pan eucarístico y de la Palabra de vida. Cada domingo Cristo resucitado nos convoca de nuevo como en el Cenáculo. (...)

Nos acompaña en este camino la Santísima Virgen, a la que hace algunos meses, junto Con muchos Obispos llegados a Roma desde todas las partes del mundo, he confiado el tercer milenio. Muchas veces en estos años la he presentado como “Estrella de la nueva Evangelización”. La indico aún como aurora luminosa y guía segura de nuestro camino‑ (Juan Pablo II, Novo Millennio Ineute, 58)

Que el Senyor els beneeixi avui i sempre.

Que el Señor les bendiga hoy y siempre

Seo de Urgel, 29 de Julio de 2001

Mons. Manuel Monteiro de Castro

Nuncio Apostólico