Por Cristo y por los demás, hazte cura
La fiesta de San José, que este año coincide con el tercer domingo de Cuaresma, nos acerca de nuevo al que ha sido definido como “el corazón de la Diócesis”: el Seminario. Actualmente nuestro Seminario Diocesano se desarrolla entre La Seo de Urgel, donde los seminaristas conviven los fines de semana y hacen práctica pastoral, y el Seminario Mayor Interdiocesano de Barcelona, donde entre semana viven estos años de gracia y de preparación. Se trata de un particular tiempo de Nazaret —el lugar de largos años de la vida oculta del Señor— para los futuros sacerdotes. Un Nazaret, en el cual, viviendo en comunidad, rezan, estudian, maduran en la fe y en la caridad pastoral para que un día no lejano, el Padre Dios —a través del ministerio de la Iglesia— los configure en Cristo, el Buen Pastor, y los envíe a servir a sus hermanos “por Cristo y por los demás”, como destaca el lema de la Jornada del Seminario de este año.
Curas por Cristo, ciertamente, para que Él sea conocido, amado y servido, para que su revelación divina, verdad luminosa, sea acogida con fe y con alegría, para que encontremos consuelo y esperanza de salvación, y para que Cristo dé respuesta a los interrogantes tan graves que hoy tiene planteados la humanidad. Y curas por los demás, por toda la humanidad que sufre y está maltratada, que como ovejas sin pastor, esperan la salvación y el amor que tanto necesitan.
Quien haya escuchado el llamamiento de Cristo y el clamor de los hermanos, ya no puede permanecer inactivo, apático o ensimismado. Debe salir de él mismo y empezar a seguir a Jesucristo quien lo llevará lejos, siempre mucho más lejos por caminos desconocidos, pero que lo llenarán de felicidad a él y a los hermanos que se beneficien.
Precisamente el próximo 7 de abril se conmemorarán los 500 años del nacimiento de San Francisco Javier. Su espléndida figura sacerdotal de entrega a la voluntad de Dios y de espíritu apostólico hasta el heroísmo, de evangelizador entregado a la causa del Reino de Dios y patrón de los misioneros, lo convierte en una figura atractiva para todos nosotros, que tenemos la tentación de quedarnos inactivos y satisfechos con nuestra fe, sin compartirla ni anunciarla, oportuna e inoportunamente. Tenemos que ser una Iglesia toda ella más comprometida en anunciar el Evangelio, más valiente apostólicamente, abierta a cumplir en todo la voluntad del Padre, porque así irá recibiendo dones y frutos de vocaciones de consagración y de servicio.
Los cinco jóvenes que actualmente se preparan para ser presbíteros de nuestra Diócesis de Urgel son un pequeño tesoro para todos. Vienen tras una generación de santos sacerdotes que han ejercido el ministerio apostólico entre nosotros con fidelidad y entrega. Precisamente estamos todavía saboreando la reciente beatificación de nuestros curas mártires, Josep Tapias y sus seis compañeros, que son la gloria y el ejemplo de nuestro presbiterio. A ellos encomendamos nuestro Seminario y los futuros ministros de nuestra Iglesia, para que los ayuden a ser apóstoles ardientes en la caridad de Cristo.
Sí, continúa valiendo la pena ser sacerdote de Jesucristo, y la sociedad los continúa necesitando en muchos campos que superan la dimensión puramente espiritual y religiosa. Recemos por los seminaristas, por sus formadores y profesores, por su proceso de maduración. Y ayudemos el Seminario con nuestras aportaciones y nuestro interés activo.
+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell