Renovación pascual

 

Justo a la mitad de las celebraciones de Pascua nos preguntamos si estamos adelantando en nuestra renovación pascual, que nos debería llevar a amar más y más a Cristo. Por el bautismo y la confirmación Él nos ha destinado a ser apóstoles y colaboradores suyos, en bien de toda la humanidad, y nos ha hecho participar de su Espíritu Santo. Poseemos ya las primicias de aquel Espíritu Defensor que nos ha “ungido para traer la Buena Nueva a los desvalidos, para proclamar a los cautivos la libertad y dar la vista a los ciegos, dar la libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4,18-19). ¿Y que debe de ser todo esto si no amar más y del todo, como Jesús que da su vida en la Cruz, por amor?

 

La Carta del Papa “Deus caritas est” es central y programática para la Pascua. Viene a decirnos que lo que hace falta sobre todo es ¡amar, y amar como Jesús ama! Quizás ya conozcamos los contenidos del amor, los expliquemos, los queramos vivir y ponerlos en práctica como grandes orientaciones de nuestra vida, pero siempre estamos aprendiendo en la escuela del ágape. Necesitamos ser muy humildes y aceptar que nunca sabremos lo suficiente. Y también, que el objetivo nos supera. Sólo en la medida que nos dejemos llevar por el Espíritu Santo, podremos amar a imagen de Cristo. Y sin amor no seriamos nada, colmo “como bronce que suena o címbalo que retiñe” (1Co 13,1). Necesitamos vivir un amor apasionado por Jesucristo, Aquel de quien hemos pasado a formar parte por el bautismo, y un gran amor concreto y vivido en cada persona que nos encontramos por el camino y que Dios nos confía.

¿Es la cruz el distintivo de nuestro amor, nuestro ideal de sabiduría y de servicio? ¿La queremos aceptar en el camino del seguimiento personal y fiel del Señor? La cruz brilla por el amor que construye y significa. Jesús no fue un asceta ni un predicador de sufrimientos, sino un místico, que venció el mal con el amor. “Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse la verdad de que ‘Dios es amor' –nos dice el Santo Padre– y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar” (Deus caritas est, 12).

A mí me ayuda a afinar en este amor la reflexión que el mismo Papa hacía en marzo a los sacerdotes de Roma: “Seguir Cristo es cargar la cruz, que quiere decir no buscar la propia vida, sino dar la vida, y es una interpretación del escoger ‘la vida', que significa renovar el sí del bautismo”. Y concluía proponiéndolos un luminoso: “Llegar a ser más sencillos. He aquí un programa bellísimo. Intentemos ponerlo en práctica y así seremos más abiertos al Señor y a la gente”. También puede ser un programa-resumen de lo que significa hoy renovar las promesas del bautismo en tiempo de Pascua. Amar, dar la vida, ser sencillos. El Espíritu Santo nos ayudará y hará que lleguemos hasta dónde nuestras solas fuerzas no podrían.

 

+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell