¿Hay un eclipse de Dios?
«Quien ha encontrado algo verdadero, hermoso y bueno en su vida —el único auténtico tesoro, la perla preciosa— corre a compartirlo por doquier, en la familia y en el trabajo, en todos los ámbitos de su existencia. Lo hace sin temor alguno, porque sabe que ha recibido la filiación adoptiva; sin ninguna presunción, porque todo es don; sin desalentarse, porque el Espíritu de Dios precede a su acción en el "corazón" de los hombres y como semilla en las culturas y religiones más diversas. Lo hace sin confines, porque es portador de una buena nueva destinada a todos los hombres, a todos los pueblos.». Así se expresaba el Papa Benedicto XVI en la Vigilia de Pentecostés el pasado mes de junio, ante 400.000 miembros de movimientos apostólicos y nuevas comunidades eclesiales.
El creyente de hoy está llamado a ser en el mundo signo creíble y luminoso del Evangelio, de sus radicalidades y de sus paradojas, sin acomodarse a la mentalidad de este mundo, en tantos aspectos desorientado, muy individualista y egoísta. Un mundo que tiende a alejar a los hombres de Dios, hasta intentar eclipsar su gloria totalmente... Hace falta transformar y renovar el propio compromiso de servicio y de amor, para poder discernir la voluntad de Dios, y sobre todo para ser testigos de la transfigurante presencia de Dios.
Hoy vuelve a ser prioritario “testimoniar” la fe en Dios, un Dios personal y trascendente, un Dios creador de todo, que es fuente de vida, de misericordia y de paz. Un Padre que se preocupa de nosotros, que no está lejos de ninguno de nosotros, y que nos ha hecho hijos suyos, dotados de una gran dignidad. Un Dios que, a pesar del mal tan atroz que descubrimos, no es el autor de este mal. Un Dios eterno que llama a los hombres a vivir con Él para siempre. Y un Dios que se nos ha acercado en Jesucristo.
Esta es la misión de cada cristiano y de toda la Iglesia, revelar el amor de Dios a una sociedad que lo necesita, por más que quiera ser aconfesional o a veces se quiera denominar laica en un sentido poco acertado. Santa Teresita del Niño Jesús, doctora de la Iglesia, lo decía bella y sintéticamente: “Quiero hacer amar el Amor”. Porque el amor lo es todo. “Dios es amor” dice San Juan, y si uno ama, ama mucho y desinteresadamente, encontrará a Dios, porque ya vivirá en Dios.
Necesitamos manifestar este amor que nos invade. Digámosle a Dios, a menudo, que lo queremos. Hagamos querer su Palabra. Llenémonos del ardor de su Espíritu de amor. Aprendamos en la escuela del amor crucificado. Ayudemos a todo el mundo solidariamente, y perdonemos a quienes nos ofenden... Y el amor vencerá. Como dice la canción: “Ama si quieres ser feliz. Ama, y todo cambiará. Ama y así descubrirás, la alegría de amar”. Tras el eclipse siempre vuelve la luz, porque durante los eclipses la luz del sol nunca deja de existir.
+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell