En los campamentos y las colonias el verano es diferente
Celebraremos agradecidos los 50 años de las Colonias en el Obispado de Urgell el próximo septiembre, y muy especialmente durante los meses de julio y agosto, cuando en cualquier parte del Obispado y en Cataluña tienen lugar multitud de tandas de colonias. Niños y jóvenes, monitores, padres, cocineros y consiliarios nos sentimos dichosos de tantas actividades de formación en el tiempo de ocio, desde la inspiración del Evangelio.
Las colonias son una institución pedagógica privilegiada para trabajar valores personales y de convivencia, que es ya irrenunciable si queremos hacer una tarea de educación integral y a fondo con los chicos y chicas. La propuesta educativa de la Coordinación Catalana de Colonias Cristianas, de la cual forma parte nuestra Fundació Mare de Déu de Núria, toma la identidad cristiana y eclesial como el punto de referencia básico y fundamental que la configura. Hoy hay pluralidad de proyectos, instituciones e identidades. Y eso es positivo. Pero a la vez, esta situación reclama profundizar y reforzar la identidad cristiana propia de nuestros Centros.
El tiempo libre es un tiempo de gracia. Valoremos pues las vacaciones y las colonias como una gran posibilidad de convivencia y transmisión de los auténticos valores en la vida de los niños y de los jóvenes. Las colonias cristianas son una buena oferta pastoral cuando se proponen ser lugares de verdadera comunión cristiana, donde se suscite la pasión por el juego y la aventura de la vida, y dónde se proponga la fe. Lugares para descubrir a Dios en su creación, y dónde se cultiven la gratuidad de las relaciones, la alegría de la amistad y de los afectos. Sitios donde se viva un tiempo con sentido para todos y cada uno de los niños y jóvenes, y un tiempo para vivir la solidaridad, la fraternidad, la belleza, la austeridad, la acción de gracias y la fe.
Esta es nuestra propuesta humanizadora y personalizadora del tiempo libre, queriendo incidir socialmente, y realizar-la desde el voluntariado, y desde el voluntariado eclesial. Queremos educar en la fe, pero una fe ligada íntimamente con la vida de cada día. Una fe que se haga cultura, porque "una fe que no se hace cultura es una fe todavía no plenamente asumida", decía Juan Pablo II.
Seleccionando las prioridades pastorales en el tiempo de ocio, propongo: 1) mayor claridad en la identidad de la propuesta, sin confundir ocio y catequesis: son dos propuestas pastorales diferenciadas, pero que a la vez se complementan entre sí. 2) Respetar los procesos educativos. Por eso los contenidos y la experiencia de la fe se deben conjugar con atención a la libertad, las motivaciones y las situaciones de cada persona. 3) Apertura a todos por parte del centro de esparcimiento cristiano, sean las que sean sus diferencias de cultura, raza o religión, con atención preferente hacia los niños con más precariedades y carencias. 4) Que los animadores de la fe y los consiliarios sean buenos acompañantes, que se impliquen en un proyecto de vida arraigado en el Evangelio. 5) Y finalmente, se necesita tener paciencia y ayudar desde las parroquias y la Diócesis.
Agradezcamos al Señor estos 50 años de colonias, y creamos lo que Él nos dice: “El que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Lc 18,17).
+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell