“La Virgen de Núria, vayamos todos a visitar”

 

Celebramos, llenos de alegría y agradecimiento, el 50 aniversario de la proclamación de la Virgen de Núria como Patrona de nuestro Obispado de Urgell. Fue el Papa Pío XII quien, en abril de 1956, atendiendo las peticiones del entonces Obispo de Urgell, Mons. Ramon Iglesias Navarri, declaraba que en lo sucesivo sería la Virgen María bajo la advocación de Núria, la protectora principal de nuestra Diócesis de Urgell. Maria reina y señora, abogada nuestra, la madre Inmaculada y la mujer fuerte en la fe y “feliz porque ha creído”, nos contempla amorosa desde el Valle de Núria, rodeada de soledades, y nos regala el don más grande, su Hijo Jesús, que en la sagrada imagen románica nos ofrece su Evangelio y nos bendice con toda clase de dones espirituales.

 

Por eso hemos proclamado año jubilar, o de gracia desde el próximo 1 de septiembre hasta el 1 de septiembre de 2007, fiesta de San Gil, patrón de los pastores y ermitaño de Núria, para que acudamos todos, como peregrinos, con fe y amor a la Madre del Cielo, para que Ella nos ayude en el camino de la vida, nos enseñe a amar y a imitar a Jesucristo por encima de todo y nos anime a dar frutos de caridad y de esperanza en medio de nuestro mundo.

 

El próximo día 2 de septiembre celebraremos el peregrinaje diocesano que inaugura el año jubilar. Como peregrinos, buscamos recorrer el camino teniendo como referente a Cristo, que es “el Camino, la Verdad y la Vida”. Sabemos que este mundo no es definitivo, que estamos de paso, y que hace falta vivir en el amor de Dios y el amor a todos. Y nos ayudan los tres referentes de Núria: la campana, la olla y la cruz.

 

La campana es símbolo de la voz de Dios, que nos eleva los corazones y nos llama a la oración; que convoca el pueblo santo a la asamblea dominical y nos acompaña a lo largo de la vida, armonizando nuestras actividades y acontecimientos vitales.

 

La olla es signo de los ágapes gratuitos de hermandad, donde todo se comparte, y que nos remite a la misma Eucaristía, el alimento de Vida eterna; que nos anima a la solidaridad hacia los pobres y los necesitados, con los cuales se identifica el mismo Cristo.

 

Y la cruz que es para los cristianos la señal de la salvación llegada por la Cruz redentora de Cristo; une y expresa el amor a Dios –vertical- y el amor al prójimo –horizontal-, y nos enseña hasta dónde nos hace falta amar: hasta dar la vida por amor.

 

¡Subamos espiritualmente a Núria este año jubilar, como peregrinos! ¡En la montaña del Señor nos espera nuestra Madre y Patrona! Desde todas las comarcas del Obispado veneramos con amor a nuestra Madre y Patrona, entronicémosla en medio de nuestras familias, para que las proteja y las haga fecundas en buenas obras, y pidámosle que bendiga toda Cataluña con el don de la paz.

+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell