"Señor, cantaré toda la vida tus favores"
Este domingo, fiesta de la Virgen María de la Merced, se cumplen mis 32 años de ministerio sacerdotal. Y por eso con el salmista oso dar gracias al Cristo, que sin ningún mérito mío, me ha llamado a ser apóstol suyo.
Las debilidades nos las conocemos todos mejor que nadie, y nos gloriamos en estas debilidades, porque así resalta mucho más el poder de Dios, que es quien lo hace todo y lo dispone todo por el bien de los elegidos. Mi generación de curas es fruto de tiempos difíciles y a la vez llenos de esperanza, tiempos de aplicación del Concilio Vaticano II, de descubrir los signos de los tiempos, y de vivencia del regreso a la democracia y de recuperación de las libertades de nuestro país. Y tiempo de preparar la proclamación de la Buena Nueva en un nuevo siglo y un nuevo milenio de vida cristiana. Y es en tiempo de prueba cuando aprendemos que es Dios quien actúa cuando Él quiere y como Él quiere.
El momento actual, para mí, como para todos los obispos y los presbíteros, es el tiempo de la esperanza paciente: tiempo de oración y de siembra; tiempo de pobreza, de servicio aparentemente inútil o insignificante a los ojos del mundo y tiempo de aprender a renovar cada día el abandono confiado a las manos del Padre de toda misericordia; tiempo de vencer el mito de la eficacia y tiempo de aprender a contar con los hermanos y sobre todo a contar con el Señor.
Hoy doy gracias por tanta gente de la que se ha servido el Señor para hacerme lo que soy, y que han sido instrumentos suyos: desde la familia y los amigos, hasta los formadores y profesores, los compañeros del Seminario, las comunidades parroquiales y los movimientos de jóvenes y adultos a los cuales he servido todo lo bien que he sabido, y después como Obispo auxiliar y ahora Obispo de Urgell, los hermanos que Dios me ha confiado para que sea en medio de ellos un buen obispo, es decir una imagen visible del Cristo, el Buen Pastor, que siempre está en medio de nosotros como quien sirve.
Y doy gracias por la Iglesia, la Diócesis de Barcelona que fue formándome a lo largo de la vida y la Diócesis de Urgell que me ha sido confiada y que me ha acogido con los brazos abiertos. Hay quienes le resaltan las arrugas del cansancio, es cierto, pero yo hoy la contemplo madura y sensata, llena de iniciativas y de aportaciones; débil y pobre también, pero espero que de su pobreza dé, al mundo, “todo lo que tiene por vivir” (Cf. Lc 21,4) y que es la inmensa riqueza del Cristo, su gran tesoro. Todo lo debo al Señor, a través de su Iglesia. Y hoy es buen momento para reconocerlo una vez más y de forma agradecida: todo ha sido pura gracia de Dios. Él ha dado la vida y las fuerzas. Él ha hecho posibles las conversiones y me ha sostenido en las luchas. Y sobre todo, sólo a Él corresponde la gloria de los frutos que intento dar... "Todo es gracia" y "nosotros somos tan sólo unos sirvientes inútiles, que hemos hecho sólo lo que debíamos hacer..." (Lc 17,10).
Pido a Dios el don de la perseverancia y de la fidelidad; de la alegría en el servicio a todos, y del amor paciente en medio de las cruces; de la fe mantenida con esperanza y de la valentía para proclamar con fidelidad el Evangelio de Jesucristo. Rogad para que el ministerio sacerdotal y episcopal continúe sosteniéndome y sea la fuente de mi alegría.
+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell