Llamados a ser apóstoles valientes de Cristo
- Hace un mes que fui a
Javier (Navarra) para el encuentro anual de los Rectores de Seminarios y
de Delegados de pastoral vocacional, y me ha sorprendido mucho la figura
del santo apóstol del Señor. Estamos celebrando un año jubilar con
motivo de los 500 años del nacimiento de San Francisco Javier, aquél
inmenso misionero, generoso y decidido, valiente navarro y hombre
universal.
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- San Francisco de Javier
fue un estudiante muy brillante y joven profesor, con futuro prometedor,
deportista nato, piadoso, y de temperamento muy abierto y amigo de todo
el mundo. Parecía destinado a tener una buena carrera eclesiástica, y ya
estaba a punto de ganar una canonjía en Pamplona. Pero se cruza en su
vida San Ignacio de Loyola, y por él, encuentra al Cristo que le pide
una conversión total, una entrega sin límites. Y en aquel París
cosmopolita y universitario, a él se le queda fijada la palabra de
Jesús, "qué saca el hombre de ganar todo el mundo, si pierde su vida..."
y esto le hace crecer, le convierte, le hace ser apóstol entregado.
Después irá donde convenga, entre los enfermos, a la India y al Japón, y
morirá en las puertas del imperio de la gran cultura, la China. Se
adaptará a todos, pasará mil y una penalidades, pero en todo encontrará
el gran consuelo de la amistad y el servicio de Jesucristo, la lucha
contra el mal y el amor a sus hermanos.
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- Todos estamos llamados a
anunciar la Buena Noticia de Jesús, aunque actualmente la misión está
muy cerca de nosotros, entre nuestras mismas familias, en nuestros
pueblos, a la Europa rica pero que pierde el alma... ¿Qué rasgos de
la personalidad de San Francisco Javier nos pueden ayudar a
nosotros, laicos, religiosos y curas, que hoy tenemos que continuar el
anuncio del Evangelio?
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San Francisco vivió un amor apasionado a Jesucristo, su Señor, su
Salvador, el único que puede salvar la humanidad.
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Estaba totalmente centrado en el Evangelio, convencido que
conviene a todo el mundo abandonar a los ídolos y encontrar la luz de la vida,
el camino de la fe cristiana.
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Era fuerte y decidido, sin conversiones a medias ni indecisiones
que paralizan, que llevan a la crisis de identidad sacerdotal y a la tristeza.
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Vivía una abnegación heroica, y ésta debió ser la clave, vivir
negándose a sí mismo sin miedo a darlo todo, a darse del todo.
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Confiaba totalmente Dios, se fiaba de su providencia paternal y
bondadosa, y es así como vencía los miedos y los peligros.
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Era profundamente eclesial, vibraba con la Iglesia, que amaba y
servía, y confiaba en los compañeros del equipo fundacional, con ternura y
lealtad.
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Y sabía afinar el mensaje que tenía que predicar, sin complicarlo,
sino yendo a lo esencial, con estilo directo y adaptado, lleno de confianza en
la acogida de los sencillos, de los niños, de los pequeños.
- Ya no podemos quedarnos a
esperar que nos pregunten o que nos pidan que les prediquemos el
Evangelio. Tenemos que huir de nuestros miedos y comodidades, y acoger
la llamada a un trabajo apostólico generoso, que busca ayudar a los que
van como perdidos y sin esperanza, sin refugiarnos en lamentaciones
estériles de sí va bien o mal el mundo, y en cambio tenemos que estar
abnegados y entregados, como San Francisco Javier.
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+Joan-Enric
Vives, obispo de Urgell