El mundo rural y sus valores no son una realidad secundaria
La fiesta de Sant Antonio abad el próximo día 17, tan popular en Cataluña, nos remite a la vida del campo y al amor a los animales, a las herramientas de trabajo y a todo lo que se refiere al mundo rural. Los cristianos nos sentimos urgidos a sostener, en toda circunstancia, la causa de la persona humana, y por eso también nos tienen que preocupar los temas que afectan hoy al mundo rural, aunque es un ámbito que parece menos determinante que antes en nuestro país, sin embargo es el gran referente para mucha gente de todo el mundo.
"El mundo rural y sus valores no son una realidad secundaria". Así se expresaba el 7 de marzo de 2006, el representante de la Santa Sede en la Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural, promovida por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en Porto Alegre (Brasil). Hace falta una nueva solidaridad internacional para sostener el desarrollo de todos los pueblos, y garantizar así una efectiva seguridad alimenticia a la humanidad. Se convierte en urgente evitar el peligro de que el mundo rural se considere una realidad secundaria o incluso olvidada, cosa que iría en detrimento de los elementos fecundos de orden social, económico y espiritual que lo caracterizan.
La idea de la FAO de asociar de nuevo la reforma agraria con el desarrollo rural, testimonia que a pesar de la variedad de experiencias llevadas a cabo en diversos países y la incesante petición de colaboración dirigida a las Instituciones internacionales, millones de personas siguen esperando respuestas. En aquella Conferencia se constataba que uno de los límites de las políticas e intervenciones a favor del mundo rural es la ausencia de referencia a las estructuras tradicionales, a los valores morales y a la capacidad de acción y autonomía de las personas y comunidades. Es cierto que mucha gente que por toda la tierra vive en el mundo rural se encuentra a menudo en situación de miseria, de explotación, de acceso limitado a los mercados, de falta de apoyo de sus derechos y necesidades fundamentales... Por eso los campesinos sin tierra y los pequeños agricultores tienen que ser los primeros destinatarios de los programas de cooperación, que garanticen un desarrollo concreto. Además también hace falta promover un desarrollo integral y contar más con los valores de las personas que están implicadas.
Hoy el mundo rural tiene una gran responsabilidad en la conservación y protección de la naturaleza, y también con respecto al equilibrio recíproco de sus diferentes ecosistemas. La dimensión mundial de la actividad agrícola, el uso de técnicas modernas y el progreso constante de la investigación dan confianza renovada en el rápido y próximo progreso de la producción y del índice de desarrollo humano, y por lo tanto es una realidad que hay que evaluar positivamente. Pero sería bueno que todo este esfuerzo se reconociera como un instrumento prolongado de la Creación, ofrecido a toda la familia humana, y que no pusiera en peligro el orden natural querido por Dios. Es bueno que desde nuestro Obispado de Urgell, con una referencia rural innegable, nos sintamos solidarios de todas estas realidades y reclamemos la implicación de nuestras autoridades.
+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell