Acoger, comprender, acompañar al enfermo
Estas palabras, tan cargadas de sentido, nos ayudan a encontrar la buena orientación en el servicio y la atención a los enfermos, ahora que en este domingo día 11, memoria de la Virgen de Lourdes, celebramos la XV Jornada Mundial del Enfermo. Las Delegaciones de pastoral de la salud de la C. E. Tarraconense nos proponen el lema "La pastoral de la salud en el nuevo contexto socio-sanitario. Acoger, comprender, acompañar". Empiezan así una reflexión sobre los grandes cambios ocurridos en la pastoral de la salud desde que hace veinte años fue aprobada la Ley de Sanidad (1986), y se llevó a cabo el Congreso "Iglesia y Salud" (1996). Y mencionan las situaciones humanas que hay que acompañar, los debates éticos a iluminar, y las necesidades espirituales a atender. Nuevos retos y nuevas oportunidades para el anuncio del Evangelio de la Vida y de la Salud a todos los que están "cansados y agobiados" (Mt 11,28). Sólo en Jesucristo y por una gracia del Espíritu Santo, sabremos "acoger, comprender y acompañar" como los enfermos necesitan y también sus familiares y la Iglesia y la sociedad esperan.
La comunidad cristiana siempre ha mostrado una atención particular a los enfermos y al mundo del sufrimiento en sus múltiples manifestaciones. En el contexto de tan larga tradición, la Iglesia universal celebra esta Jornada con espíritu de servicio renovado, convirtiéndola en una ocasión peculiar para profundizar en la actitud de acogida y de escucha comprensiva, de reflexión y de compromiso real de acompañamiento y ayuda, ante el gran misterio del dolor y de la enfermedad.
Esta Jornada, decía Juan Pablo II cuando la instituyó en 1992, tiene que ser para todos los creyentes "un momento fuerte de oración, participación y ofrecimiento del sufrimiento para el bien de la Iglesia, así como de invitación a todos para que reconozcan en el rostro del hermano enfermo al santo rostro de Cristo que, sufriendo, muriendo y resucitando, realizó la salvación de la humanidad". La Jornada pretende implicar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, ya que las preguntas de fondo que se plantean ante la realidad del sufrimiento y la llamada a aportar alivio al enfermo, tanto desde el punto de vista físico como espiritual, no afectan solamente a los creyentes sino que interpelan a toda la humanidad, marcada por los límites de la condición mortal.
"Acoger, comprender y acompañar" exige que los cristianos nos acerquemos a los enfermos con respeto y amor, superando toda tentación de paternalismo, y dejando que el enfermo sea el protagonista. Cada cristiano tiene que acompañar al que sufre y crear entorno a él un clima acogedor y sereno que le ayude a descubrir el sentido de su dolor, a vivirlo en la esperanza y asumirlo, cuando es inevitable, con una actitud de confianza y amor, que es sin duda el gran milagro de la fe cristiana. Tiene que rezar por el enfermo y mostrarle con sus gestos y palabras el Dios de Jesús. Evangelizar el mundo del sufrimiento constituye para nuestras comunidades cristianas un reto. El dolor "forma parte de la experiencia humana y es en vano, además de un error, tratar de esconderlo o descartarlo. Hay que ayudar a comprender, en la realidad concreta y difícil, su misterio profundo» (Ev. Vitae 97).
Que María, la Virgen Inmaculada de Lourdes y la Madre de la esperanza y del consuelo, que participó en plenitud del misterio del dolor de su Hijo durante su vida, ilumine y acompañe el sufrimiento humano, sobre todo el de los enfermos.
+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell