"Mirarán al que traspasaron"
Con estas palabras del Evangelio, "mirarán al que traspasaron" (Jn 19,37), referidas a Cristo, que se dejó traspasar en la Cruz por amor, el Santo Padre Benedicto XVI nos exhorta en su mensaje para la Cuaresma del 2007 a ser perseverantes en la contemplación amorosa del Señor. A menudo los mensajes cuaresmales de los Papas exhortaban a las obras de caridad, en el sentido del compromiso social de los cristianos, siempre decisivo. Pero Benedicto XVI se complace a centrarlo todo en Dios Padre, que nos muestra su inmenso amor en su Hijo Jesús, clavado en la Cruz por amor.
Nuestro mundo vive alejado de Dios, y Dios se convierte en el gran ausente. Benedicto XVI no quiere rendirse a este gran empobrecimiento de la cultura de hoy, porque la ausencia de Dios es peor que la miseria material. La persona queda sola, abandonada, y pierde toda esperanza de salvación y de vida eterna. Es urgente, por lo tanto, mirar hacia arriba. ¡"Mirad los pájaros del cielo... vuestro Padre celestial los alimenta!" (Mt 5,26)
Imitando a María y a Juan al pie de la Cruz, se nos exhorta a recibir "el amor de Dios bajo sus dos formas fundamentales: el agapé y el eros". Tanto el amor que se ofrece buscando el bien de la humanidad, el amor que se da del todo (agapé), como también el amor que espera ser correspondido y que, por lo tanto, espera el sí de la criatura, como si Dios nos pidiera y necesitara que lo amáramos (eros). Es en el momento de su "hora" que Jesús "habiendo amado los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo... y empezó a lavar los pies de los discípulos" (Jn 13,1.5). Y poco después, en Getsemaní, Jesús también reclamaba a sus amigos: "Quedaos aquí y velad conmigo... ¿No habéis sido capaces de velar una hora conmigo"? (Mt 26,38.40). Ama del todo y quiere ser amado también del todo por nosotros: éste es el amor del que traspasaron.
"En la Cruz se revela enteramente el poder irrefrenable de la misericordia del Padre", continúa diciéndonos el Papa, ya que aquello que era un sufrimiento insoportable e ignominioso, Jesucristo lo cambia en el acto supremo de amor y de libertad. Ahora la cruz puede ser vivida de forma "nueva", llena de amor y como un acto de libertad suprema: "El Buen Pastor da la vida por sus ovejas" (Jn 10,11).
Todo el mensaje del Santo Padre es una homilía o catequesis admirable, contemplativa, sobre el Cristo traspasado, que nos lleva a interiorizar su amor y a crecer en este amor, así como a sacar consecuencias concretas. Porque tenemos que corresponder al amor de Jesús, comunicándolo a los otros, y abriéndonos a los que sufren en su dignidad. "Particularmente, a luchar contra toda forma de menosprecio de la vida y de la explotación de la persona, y a aliviar los dramas de la soledad y del abandono de muchas personas".
Finalmente, Benedicto XVI, al recordar que "la Eucaristía nos introduce en el acto oblativo de Jesús" pide que vivamos la Cuaresma "como un tiempo eucarístico, en el cual, aceptando el amor de Jesús, aprendamos a difundirlo por nuestro alrededor con cada gesto y cada palabra", y siempre "con la mirada fija en Jesús, el que nos tiene que guiar por el camino de la fe y quien la lleva hasta la plenitud" (He 12,2).
+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell