Grandes objetivos de conversión cuaresmal
Durante la Cuaresma no paramos de rezar para que se nos conceda una auténtica conversión de corazón, que tiene que llevarnos hacia un mayor amor a Dios y a los hermanos. Y hace falta que pidamos una mirada amplia -no sólo en cuanto a los pequeños defectos-, que tenga en cuenta los grandes males a los cuales por obra o por omisión quizás cooperamos, aunque no lo querríamos.
El Santo Padre Benedicto XVI en su "discurso de principio de año al cuerpo diplomático acreditado delante de la Santa Sede" (9.1.2007) les presentó cuatro grandes preocupaciones suyas, que acogidas en tiempo cuaresmal, nos pueden ayudar a revisar nuestro plan de vida y a buscar caminos de conversión al amor más grande.
1 ª. - La primera preocupación del Santo Padre es el hambre. Decía a los embajadores: "¿Como no pensar en los millones de personas, especialmente mujeres y niños, que no tienen agua, comida ni vivienda? El escándalo del hambre, que tiende a agravarse, es inaceptable en un mundo que dispone de bienes, de conocimientos y de medios para subsanarlo".
2 ª. - La segunda preocupación en el actual escenario mundial son las dificultades para el desarme, en particular "sobre las armas convencionales y las de destrucción masiva, que va acompañado del aumento de los gastos militares (...) Las cuestiones de seguridad agravadas por el terrorismo, que hay que condenar firmemente, tienen que ser tratadas con un enfoque global y clarividente". Si no nos armáramos tanto los gobiernos podrían poner remedio a muchas injusticias.
3 ª. - La inmigración constituye otra gran preocupación del Santo Padre, "ya que millones de personas se ven obligadas a dejar sus hogares o su patria, a causa de violencias, o a buscar condiciones de vida más dignas". "Las migraciones y los problemas que crean hay que afrontarlos con humanidad, justicia y compasión". ¿Cómo nos interpela a nosotros que somos un país receptor de inmigrantes?
4 ª. - Y en cuarto lugar, el Papa denuncia "los continuos atentados a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural." "Se extienden también amenazas contra la estructura natural de la familia, fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, así como los intentos de relativizarla dándole el mismo estatuto que a otras formas radicalmente diferentes". ¿Velamos lo suficiente por una cultura de la vida y no de la muerte, nosotros que queremos resucitar con Cristo?
Estas preocupaciones tendrían que ocupar nuestra atención, ahora que nos encaminamos hacia la Pascua con ánimo de convertirnos. Quizás pensamos que no están a nuestro alcance, pero de alguna manera sí que lo están. Nos corresponde compartir mucho más solidariamente para erradicar el hambre del mundo, así como denunciar y exigir de los gobiernos que no cooperen con el armamentismo. Nos toca también acoger a los hermanos emigrantes, con acciones concretas y de verdad, y renovar continuamente nuestro sí a la vida, velando para que muchos, todos, lo puedan y lo quieran dar también.
+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell