"Sacerdotes, testigos del amor de Dios"

 

Este domingo, cercano a la fiesta de San José, celebramos el Día del Seminario. El Seminario diocesano es una comunidad cristiana peculiar que tiende a reproducir la vida de Cristo con sus apóstoles, cuando Él iba formándolos a imagen suya "para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar, con el poder de expulsar a los demonios" (Mc 3,14-15). Por tanto, el Seminario es sobre todo un itinerario de vida, un ambiente espiritual, una atmósfera que favorece y asegura un proceso formativo, de manera que los que han sido llamados por Dios al ministerio sacerdotal puedan llegar a ser, por el sacramento del Orden, imagen viva de Jesucristo, el Buen Pastor. Es lógico que el Obispo y toda la Diócesis nos sintamos responsables del Seminario diocesano para que cuente con lo necesario para llevar a cabo sus diversas tareas y para que forme adecuadamente a los sacerdotes que hoy la Iglesia necesita para mantenerse fiel a su misión.

 

El lema el Día del Seminario de este año nos recuerda que los sacerdotes son testigos del amor de Dios. Se inspira en la primera Encíclica del Papa Benedicto XVI "Dios es amor", que propone este "programa" a toda la Iglesia, y también a los futuros sacerdotes. El amor no es, para los cristianos, el fruto de una decisión ética ni la conclusión de una idea filosófica, sino la respuesta al amor con que Dios nos ha amado primero en Jesucristo. Él amaba a los niños, a las mujeres, a los enfermos, a los más pobres. Amaba a los pecadores, a los que se habían alejado de Dios. Amaba también a sus amigos, los apóstoles, y a las personas más próximas a su misión. Y nos mandó que amásemos a los enemigos. Amó hasta el extremo en la Cruz, dando la vida por amor. Por esto, los sacerdotes tienen que ser testigos de un gran amor a Dios y un gran amor a la humanidad.

 

San Agustín lo decía bellamente: "Apacentar el rebaño del Señor, es un servicio de amor (officium amoris pascere)". Y al final del Evangelio según San Juan es éste el punto clave del ministerio apostólico: "Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?...Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. ... ¡Apacienta mis ovejas!" (Jn 21,15.17). Los sacerdotes, pues, tienen que hacer presente el amor de Jesucristo que salva. Tienen que vivir de amor y por amor, y sólo un amor muy grande y disponible hacia todo el mundo será creíble y atraerá hacia Dios y hacia la salvación. Su celibato entregado será sello de este amor incondicional y fiel, como el del mismo Cristo. Y la Eucaristía será su gran ofrenda a la comunidad y al mundo, a imagen de Cristo. La caridad pastoral es el fundamento de la misión del que es la imagen viva del "Buen Pastor que da la vida por sus ovejas" (Jn 10,11)

 

Tal como reclama el Concilio Provincial Tarraconense (resolución 152) conviene que todos los fieles conozcan y amen la identidad del ministerio sacerdotal, tal como hoy se propone en la Iglesia, y enaltezcan y amen la vocación al ministerio y el estado de vida que se requiere de todo futuro sacerdote. Así, acompañaremos la formación sacerdotal con nuestra oración por las vocaciones y especialmente por aquellos que en nuestro Seminario Mayor Interdiocesano ya se encaminan al ministerio, con verdadera donación de sus vidas. Ellos están preparando la nueva evangelización que la Iglesia necesita en este inicio del tercer milenio, la cual sólo puede brotar eficazmente de un amor inmenso por Cristo y por su Reino. ¡Encomendemos a nuestros sacerdotes y a los seminaristas para que sean realmente testigos del amor de Dios en medio de nosotros!.

 

+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell