"Que vuelvan a la parte de Dios"
En la Cuaresma del año Jubilar de Núria es buena cosa recordar las palabras que nos dirigió la Santísima Virgen María el 3 de agosto de 1458, bajo la figura de una Niña que hablaba confiadamente a unos chicos, Jaume y Celdoni, pastorcillos de Riner, en el Solsonés, lugar que desde entonces recibe el nombre de El Miracle (el Milagro), y que las decía para todos los cristianos de Urgell, porque entonces aquel territorio formaba parte de nuestra Diócesis de Urgell, hasta que se creó la diócesis de Solsona en 1593.
El mensaje de María al pequeño Jaume es muy claro: "Di al pueblo que haga procesiones, y que las haga devotamente, y que se confiesen, y que se conviertan, y que vuelvan a la parte de Dios, y que, sí lo hacen, Dios se lo tendrá en cuenta. Dilos que si no lo quieren creer, mi Hijo se lo hará creer. No hay niño de más de cuatro años que no trocee a mi Hijo".
Aunque hay que situarlas en su época, hay aspectos de estas palabras de María que podemos hacer nuestras esta Cuaresma, camino de la Pascua 2007. El mensaje fundamental es "volver a la parte de Dios", es decir, convertirse, "girarse" hacia Dios que es Amor, para que podamos vernos tal como somos de verdad, y a la vez vernos muy amados por Dios. Así no "trocearemos a su Hijo", blasfemando o rechazándolo. Necesitamos buscar apasionadamente el rostro de Jesucristo, mirarlo y dejarnos mirar por Él, para que "su mirada, que es amor" -como dice San Juan de la Cruz- nos transforme en hombres y mujeres nuevos. Es la mirada que hizo llorar de arrepentimiento a San Pedro después de las negaciones (Lc 22,61-62) y es la mirada que realiza los milagros de su compasión.
También la Virgen María nos recuerda "que se confiesen y se conviertan", que pidamos perdón, para que en el sacramento de la confesión volvamos a nacer, por la gracia del Espíritu Santo. Tratemos de confesarnos ahora que se acerca la Pascua, ya que no podemos celebrar la gran fiesta, la Resurrección del Señor, "sin el vestido de bodas" (Cf. Mt 22,11-14), con la suciedad acumulada en el camino de la vida. "Lavadnos y seremos más blancos que la nieve" (Salmo 50,9), y reanudaremos con alegría el camino del hijo pródigo querido y restaurado.
Cuando María dice a los niños de El Miracle "que hagan procesiones", sugiere que tenemos que ser apóstoles activos, que caminemos siguiendo a Cristo con la esperanza de la fe. La procesión puede indicar hoy momentos comunitarios de oración y, sobre todo, el encuentro dominical con toda la comunidad eclesial, para celebrar "devotamente" la eucaristía, que es la pascua semanal. La procesión también indica que tenemos que ponernos en camino ante el mundo que nos toca vivir, sin avergonzarnos nunca de ser cristianos, en todos los instantes del día y en todos los campos de nuestra vida. "Irás delante del Señor, a preparar sus caminos" (Lc 1,76), con una presencia visible y pública de nuestra fe. Dando testimonio, con obras y de verdad, de que ya hemos resucitado con Cristo por el bautismo.
Santa María, que es "refugio de pecadores y auxilio de cristianos", desde El Miracle y desde Núria, como desde tantos otros santuarios y ermitas, nos lleve por los caminos de la renovación pascual, "para que seamos santos e irreprensibles a los ojos de Dios... para que seamos alabanza de su gloria" (Ef 1,4.12).
+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell