"Creer en el Evangelio y anunciarlo con nuevo ardor"
Finaliza el año jubilar celebrado con motivo de los 125 años de la proclamación del patronazgo de la Virgen de Montserrat sobre las Diócesis y el Principado de Cataluña, y todos los Obispos de Cataluña acabamos de dirigir un breve documento a los fieles, a manera de carta pastoral sinodal titulado «Creer en el Evangelio y anunciarlo con nuevo ardor». Es una llamada a salir de nuevo a sembrar el Evangelio en el corazón de nuestra sociedad catalana. Los Obispos invitamos a reflexionar a todos los católicos sobre cómo vivir, como anunciar y como hacer fructificar el don inestimable de la fe cristiana en las circunstancias actuales, con el fin de discernir los nuevos signos de los tiempos, escuchar la voz del Espíritu, y al mismo tiempo, hacerlo en comunión de Iglesia, uniendo la voz del magisterio con el sentir de los fieles.
La historia de Cataluña viene marcada, especialmente en estos últimos 125 años, por una estela luminosa de santidad y de obras de caridad. Actualmente, ante un enorme proceso de cambio cultural y social, y cuando la fe de muchos parece que entra en crisis, tenemos que convencernos de que estamos en un nuevo "estado de misión", y que tenemos que volver a salir a sembrar la fe con coraje y con esperanza, ya que es Cristo mismo quien nos precede y actúa en el corazón de nuestros hermanos.
El documento se detiene a reflexionar sobre el nuevo clima cultural donde nos encontramos inmersos, marcado por el inmediatismo y la violencia, pero también sobre todo por muchos signos de esperanza que tenemos que discernir, valorar y saber poner en relieve como dones de la gracia de Dios para con todos.
Un punto concreto que el documento expone con extensión es el lugar que ocupa la religión en nuestros estados modernos, marcados por el fenómeno de la laicidad. Si se acoge como valor, sin malentendidos ni decantaciones sectarias hacia el laicismo, sino con diálogo esforzado y paciente, podremos encontrar una nueva situación social donde los cristianos tenemos que aportar nuestra visión y nuestra colaboración. Nos tenemos que sentir sobre todo Iglesia enviada por Jesucristo, con renovada confianza en Él. Eso nos exige una acción pastoral centrada en lo que es esencial, y el convencimiento de que no es posible evangelizar sin haber sido primero evangelizado.
A todos unidos, sumando fuerzas en una comunión de fe dinámica y respetuosa, a pesar de una cierta pobreza de recursos humanos, de prestigio y de éxito social, se nos requiere un trabajo atento de restauración de aquello que hemos heredado y que se ha estropeado y, al mismo tiempo, la edificación de obra nueva, de cara al porvenir. Si logramos que nuestra Iglesia sea siempre "casa" de comunión, podrá ser "escuela" de comunión en medio de nuestro pueblo, y, bien unida en comunión, saldrá con nuevo ardor y con esperanza a la entusiasmadora misión que Jesucristo mismo le ha confiado.
Montserrat nos vuelve a indicar que si aportamos todo el agua de nuestras ilusiones y esperanzas, proyectos y problemas, valores y pecados, para la acción de Jesús, a quien María continúa rogando como en Canà, serán transformados en el vino bueno y generoso de la gracia de Dios.
+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell