"¡Alégrate, Reina del cielo!"
En este año jubilar del Patronazgo de la Virgen de Núria sobre nuestro Obispado de Urgel, es bueno que durante la Pascua la volvamos a implorar para que nos enseñe a vivir "la perfecta alegría pascual", que Ella disfrutó y que, sin duda, quiere que también nosotros la celebremos con humildad llena de entusiasmo.
Jesús, el que fue crucificado y el que ha resucitado, es el Hijo de María. Fue de Ella de quién tomó carne humana, por obra y gracia del Espíritu Santo, y así sufrió con un cuerpo realmente humano, como el nuestro, y ha resucitado también con un cuerpo humano, pero re-creado, según el deseo de Dios, que hace nuevas todas las cosas. Para siempre llevará las gloriosas llagas y el costado traspasado por amor.
Durante todo este mes de mayo, en muchos Santuarios y Ermitas del Obispado cantamos a María la alabanza pascual que tan bien le sienta: "¡Alégrate, Reina del cielo. Porque el que mereciste llevar en tu seno ha resucitado, según predijo. Ruega por nosotros a Dios!" Es una oración breve y jubilosa, llena de olores de luz, que canta la Vida del Resucitado en el cual unimos el gozo único de su Santa Madre, la primera a quien Él visitó -según la tradición-, para confortarla y unirla para siempre a su gozo. También será Ella la primera resucitada ya en cuerpo y alma, para que glorificada en la Asunción, sea primicia de la Iglesia redimida y santa. En las estancias donde el Hijo ya llevó a su Madre, también nos conducirá a nosotros.
¿Donde están las fuentes de la alegría? Según el Catecismo encontraremos alegría en la búsqueda de Dios: "Alegraos los que buscáis al Señor" (Sl 105,3); lo alcanzaremos en la fe, que ya es comienzo de la vida eterna; en la contemplación de la obra creadora de Dios, que no abandona nunca a su criatura; en las virtudes humanas que dan la alegría necesaria para llevar una vida moralmente buena; en la caridad cuyo fruto es la alegría; y en la vivencia de las bienaventuranzas que remiten a una perfección que pasa por la Cruz (C.E.C. nn. 30,163, 301, 1804, 1829 y 2015).
¡Sintámonos urgidos a celebrar, con María, nuestra Protectora, la alegría exigente de la Pascua! Roguémosle en este mes de mayo y siempre, con confianza de hijos. "Los apóstoles eran constantes y unánimes en la oración, junto con María, la Madre de Jesús" (He 1,14), y así también tenemos que ser nosotros. Ella desde las montañas y la soledad de Núria mira y abraza a sus hijos con amor, e intercede constantemente por todos, para que seamos fecundos en el amor y en las buenas obras. Pidámosle que acompañe especialmente a los niños y jóvenes que ahora hacen la primera comunión y reciben la confirmación, que ayude a los enfermos, que conforte a los atribulats, que bendiga a las familias y que, a todos, nos enseñe a ser atrevidos en la alegría y en la esperanza, y testigos creíbles del Evangelio de Jesús.
+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell