Para que tengan vida y vida en plenitud
Cercano el día de Pascua, la Iglesia consagró el crisma y los santos óleos que se utilizarán durante el año en la vida sacramental de la Iglesia, para hacer llegar a todos la gracia de Jesucristo. Aquel mismo día, los sacerdotes renovaron las promesas hechas en el día de su ordenación. En la Vigíla Pasqual y durante la cincuentena que le sigue, los cristianos estamos invitados a renovar nuestra profesión de fe bautismal. Todo apunta a que es bueno que vivamos durante la Pascua la renovación de los compromisos de fe, de vida y de servicio que queremos ir manteniendo a lo largo del año, con fidelidad al Señor. En el fondo se trata de vivir una espiritualidad más alegre y más pascual, más centrada en el amor que proviene de la muerte y la resurrección del Señor. "Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra. … vuestra vida está oculta con Cristo en Dios.", nos enseña San Pablo (Col 3,2-3).
¡El Señor ha resucitado! Esta verdad única y trasbalsadora (kerigma) que cambió la vida de los primeros Apóstoles, de las mujeres, de las primeras comunidades cristianas... que impulsó a los mártires y sostuvo a los confesores .. continúa cambiando y dando sentido a la vida de los seguidores del Señor por todo el mundo. Y también a nosotros. Estas palabras anuncian un acontecimiento que traspasa los tiempos y la historia, y que es el fundamento de nuestra fe.
Jesús ha vencido la muerte y ha aniquilado todos los miedos, ha iluminado la oscuridad y ha llegado a todos los infiernos... para llenarlos de su luz y de su paz. Todo tiene sentido y todo es gracia. La historia humana tiene sentido y va por buen camino, no fracasará, ya que se dirige hacia la Vida plena que Cristo ha inaugurado. Y desde el Padre, nos atrae hacia Él, con lazos de amor y de perdón. El Buen Pastor dice: "Yo he venido para que las ovejas tengan vida, y la tengan en plenitud" (Jn 10,10).
La Pasqua tiene que ser para todos un reclamo a resucitar personalmente y comunitariamente a una vida nueva, para alabar a Dios con un cántico nuevo y agradecer la vocación recibida de ser sus amigos, los suyos íntimos, que conocen los secretos del Reino y tienen una relación única con el Padre del cielo. Y al mismo tiempo ser su pueblo, destinado a ser luz para toda la humanidad.
I la Pascua tiene que ser para todos, también, un reclamo para hacer nacer nueva y auténtica vida en nuestro entorno. Una vida trasfigurada por el amor de Dios. El tiempo pascual es el tiempo apostólico por excelencia, porque con el don del Espíritu Santo, los apóstoles se dan cuenta de que son eso, apóstoles, que significa "enviados".
El ser y el actuar nacen, indisolublemente unidos, del misterio pascual de Cristo. Dejémonos conducir por su Espíritu Santo y podremos hacer las mismas obras de amor que Él, tendremos en nosotros su coraje, y anunciaremos el Reino de Dios con su misma autoridad y convicción.
+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell