Confiemos en el Sagrado Corazón de Jesús

 

Estamos en junio, el mes en que tradicionalmente nos encomendamos a la misericordia amorosa de Jesucristo, en su imagen del Sagrado Corazón de Jesús, fuente de nuestra total confianza. ¡La jaculatoria "Sagrado Corazón de Jesús, en Tu confío!" tiene que llenar de sentido nuestra intercesión, y tiene que estar más presente durante todos estos días, con amor, y como unida a nuestra respiración. Porque queremos vivir en la confianza que da sentido a toda nuestra vida. Y justo en estos primeros días del mes he participado en Barcelona en un Congreso sobre el Sagrado Corazón de Jesús Fuente de Vida, "Cor Iesu, Fons Vitae", para celebrar los cincuenta años de la encíclica del Papa Pio XII, "Haurietis acquas", que significó el inicio de un gran influjo teológico y espiritual de esta devoción mayor de toda la Iglesia.

 

Del Corazón de Jesús, símbolo particularmente expresivo del amor divino, atravesado por la lanza de un soldado (cf. Jn 19,33-34), brotan dones abundantes para la vida del mundo: "Yo he venido para que tengan vida y la  tengan en abundancia" (Jn 10,10). Éstos son los dones que recordaba el Papa Pio XII en su encíclica: la misma vida de Cristo, el Espíritu Santo, la Eucaristía y el sacerdocio, la Iglesia, su Madre Maria, y su oración incesante por todos nosotros (cf. nn. 36-44).

 

Siempre, pero todavía más intensamente en este mes de junio, intentaremos vivir la unión con los sentimientos tan grandes y tan nobles que llenaban el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo. Él estaba lleno de amor al Padre, y se sabía eternamente querido por el Padre: "Yo os amo como el Padre me ama. Manteneos en el amor que os tengo" (Jn 15,9). Es una verdad de fe que conmueve, y que puede y tiene que llenar toda nuestra vida de confianza. Hace falta que muy dentro escuchemos éste “¡Yo te amo!” dirigido a cada uno, porque nos lo dice Aquél que se ha proclamado "benévolo y humilde de corazón" y en quien encontramos el reposo que tanto anhelamos (Mt 11,29).

 

Cerca del Corazón de Cristo, el corazón del hombre aprende a conocer el sentido verdadero y único de su vida y de su destino, a comprender el valor de una vida auténticamente cristiana, a evitar ciertas perversiones del corazón humano y a unir el amor filial hacia Dios con el amor al prójimo. Así -y ésta es la verdadera "reparación" pedida por el Corazón del Salvador- sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia se podrá reconstruir la tan deseada civilización del amor, el Reinado del Corazón de Cristo (Cf. Carta de Juan Pablo II al General de los Jesuitas 5.X.1986).

 

La devoción del Sagrado Corazón de Jesús es "reparación" de las ofensas que en el mundo se le hacen a Dios. Los pecadores no quieren libremente acoger este amor. Y eso "hace sufrir" a Dios, y nos tendría que hacer sufrir a todos nosotros un poco más. Santa Teresina sufría porque el Amor no era amado. Reparemos nosotros con obras de amor, los desamores de muchos, el pecado de los que se alejan de Dios. Y también, la devoción al Corazón de Jesucristo nos lleva hasta una "consagración" a Él, a ofrecerle todo lo que somos y todo lo que podemos. Cuando uno recibe mucho, queda atraído, queda cautivado por esta infinita condescendencia, y no puede sino amar, consagrarse a este amor. Ofrezcámonos al Sagrado Corazón, ya que como dice el Papa Benedicto XVI "el costado traspasado del Redentor es la fuente de la cual tenemos que beber para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y experimentar más a fondo su amor".

 

+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell