Hace poco que acabamos el curso y os invito a dar gracias por las Escuelas Católicas presentes en la Diócesis, que continúan de forma valiente impartiendo la enseñanza a muchas generaciones de niños y jóvenes, uniendo a los padres en sus asociaciones y formando profesorado de calidad. Estas escuelas, algunas más que centenarias, fueron fundadas por el obispo y por los religiosos y religiosas, y ahora pueden continuar con la ayuda y la indispensable colaboración de los laicos cristianos. Son ellos los que podrán darles continuidad, unidos a las familias.
Cuándo visito una escuela católica pienso como, durante muchos años en medio de tormentas y tempestades sociales, de crisis y de efervescencia pedagógica y social, aquella escuela ha sabido ir manteniéndose como un servicio eclesial de primer orden para la formación de los ciudadanos y un testimonio concreto y plausible de lo que el Evangelio potencia cuando es acogido por la persona, desde los ámbitos en los que se forma para una educación integral.
Hace cuatro años, en su documento sobre La Iglesia en Europa, el Papa Juan Pablo II exhortaba a evangelizar la cultura y a sembrar el Evangelio, reclamando un esfuerzo solidario a fin de que el anuncio de Jesucristo llegara también a la cultura europea contemporánea, para que diera sentido a toda la existencia. El Papa valoraba el importante servicio que prestan las escuelas católicas, para las que reclamaba libertad efectiva de educación e igualdad jurídica entre escuelas estatales y no estatales. Es así como se puede transmitir a las jóvenes generaciones los valores de un patrimonio cultural enriquecido por dos milenios de experiencia humanista y cristiana (cf. nº 59). La escuela es un sitio relevante para la formación integral de la persona. Su nota distintiva es ser un espacio comunitario animado por el espíritu evangélico de la libertad y la caridad. Se ayuda, así, al despliegue de la propia persona en todas sus dimensiones, y se encamina toda la cultura humana al diálogo con el mensaje de salvación. Poder escoger este tipo de escuela es un derecho de los padres que hace falta promover y garantizar en nuestro mundo comarcal. Es importante reafirmarlo en tiempo de nuevas inclemencias para el proyecto educativo cristiano.
Creo que tenemos que felicitar en nombre de toda la Diócesis de Urgell a los religiosos y las religiosas que durante muchos años están dejando su huella educativa en nuestras comarcas, a través de un fermento de jóvenes alumnos, y a sus familias, que en la escuela han encontrado y encuentran crecimiento y ayuda desde la perspectiva humanizadora que brota del Evangelio de Jesús. Y los animo a avanzar, con esperanza, sin complejos ni desánimos, con ilusión porque todo aquello que se hace a un niño y a un joven, sabemos que lo estamos haciendo al mismo Cristo. Escuela de calidad, arraigada en el país y en su cultura, y escuela católica confesando, sin complejos, con una identidad cristiana clara, que con su ideario conocido y querido por las familias y el claustro de profesores, fecunde todos los ámbitos formativos y educativos, en buena relación con las familias y la sociedad. Escuela formadora de personas libres y responsables, que viven los valores que brotan del Evangelio, teniendo el amor como centro de todo.
+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell