Demos un mensaje positivo sobre la familia

 

Se ha cumplido un año de la visita del Santo Padre Benedicto XVI a Valencia para celebrar el Vª Encuentro Mundial de las Familias. Fueron unas Jornadas inolvidables para todos los que pudimos participar y para todo el país, la oportunidad clara y pública de proclamar la buena noticia del Evangelio de Jesús sobre la familia, con el estilo suave y propositivo de Benedicto XVI, y una ocasión privilegiada para dar a conocer de nuevo la belleza de la vocación matrimonial.

 

¡Claro que hay una "buena noticia" para propagar hoy sobre la familia y la vida, ya que la familia es el hogar del amor, humanizador y fecundo, y vivir esto es posible y necesario! Siempre ha sido importante anunciar con cuidado y con vigor el Evangelio de la familia, pero hoy eso se ha convertido particularmente en urgente. Nuestro pueblo aprecia mucho la familia; los jóvenes la valoran y desean crear una familia feliz, a pesar de las dificultades. Aunque algunos parece que quieran desfigurar la realidad misma del matrimonio ante las nuevas generaciones, creemos que ser esposo y esposa, padre y madre, es imprescindible para formar un hogar sobre la base del matrimonio.

 

El matrimonio es la manera específica con que los esposos son discípulos de Jesús. Se trata de una vocación inscrita en la realidad de la persona que, en tanto que hombre o mujer, tiende a una comunión de vida y de amor, capaz de instaurar en el mundo una fuerza creadora de vida humana parecida a la del mismo Creador, como imagen viva del Amor originario que es Dios.

 

El lema del Encuentro de Valencia era "La transmisión de la fe en la familia". Así se nos recordaba que la familia es el sitio idóneo para acoger a los hijos y para cuidar de su salud corporal y espiritual: es el ámbito de la ecología humana, santuario de la vida y esperanza de la sociedad. Una Iglesia más consciente de que debe ser evangelizadora, como los obispos catalanes hemos invitado en nuestro reciente documento "Creer en el Evangelio y anunciarlo con nuevo ardor", pasa por la familia como institución básica para transmitir la fe (cf. nº 5).

 

La transmisión de la fe puede encontrar en la familia un entramado de comunicación, afecto y exigencia que permite hacerla vida. En el ámbito de las relaciones personales se produce el despertar religioso que tan difícilmente se alcanza en otras circunstancias. Igualmente, es un sitio privilegiado para aprender a rezar, ya que en la familia, la plegaria se une a los acontecimientos de la vida, ordinarios y especiales. La oración familiar es germen e inicio del diálogo de cada hombre con Dios. El seno de la familia es el primer lugar natural para la preparación de los sacramentos, que santifican los acontecimientos básicos que constituyen la historia misma de la familia: el nacimiento de los hijos, su crecimiento, el matrimonio y la muerte de los seres amados. Por otra parte, la misma familia, como "iglesia doméstica", está indicando a todo el pueblo de Dios cómo tenemos que entender la comunión eclesial que lo anima. Porque la Iglesia es la familia de los hijos de Dios - "una familia de familias", decía Juan Pablo II- dónde nos reúne una fraternidad que se basa en la paternidad divina y en la maternidad eclesial, y dónde cada miembro es valorado por lo que es y no por lo que hace o tiene. Difundamos la positividad que tiene la revelación de Jesús sobre el matrimonio y la familia.

 

+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell