"Vamos a otra parte... pues para esto he venido"
Cuando el apóstol Pedro, ansioso, le dijo a Jesús, “todos te buscan”, el Señor le respondió: "Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he venido" (Marcos 1,38). Jesús nos enseña que la gran misión de predicar la Buena Nueva del Amor de Dios, que el Padre misericordioso le había encomendado al enviarlo al mundo, no podía quedar encerrada etre unos pocos convencidos, no tenía que ser poseída como un privilegio de algunos y tenía que abrirse, "católicamente", universalmente, a todos, a todas las culturas y a todo el mundo. Cada vez que un nuevo apóstol, un nuevo ministro, es enviado a predicar y a servir a la Iglesia de Dios y al mundo, revivimos aquel mandamiento de universalidad, para no devaluar la gran misión recibida. Seguro que es bueno recordarlo ahora que, precisamente en estas semanas de septiembre, se están llevando a cabo los cambios de dedicación pastoral de bastantes sacerdotes en la Diócesis de Urgell, después de que se hubieran formalizado desde hace meses sus nombramientos.
Renovar las dedicaciones pastorales es un acto de intensa vivencia diocesana, ya que tiene que ver con la misión universal recibida de Cristo. Querría que tomáramos conciencia, para que viviéramos los cambios de los sacerdotes y las reestructuraciones convenientes en la misión, con espíritu de oración y de unión a Cristo, con amor a la Iglesia de comunión y a sus pastores, abiertos a la gracia divina, que siempre nos renueva y siempre nos sorprende, porque nos hace ir, libremente, más allá de nuestros cálculos y previsiones humanas.
Es éste un momento de ofrenda intensa por parte de los sacerdotes que viven un cambio y por parte de las comunidades cristianas que despiden a un sacerdote amado y reciben otro con el corazón abierto. Y esta "ofrenda" la tenemos que comprender a la luz del misterio eucarístico, cuándo Jesucristo se da totalmente y realmente para ser "comido", para "darnos su vida", y recrear la comunión con Dios y entre nosotros. Vivimos en tanto que "todos somos un don". Todos, pero especialmente los sacerdotes. Eso reclama un buen acompañamiento de las personas y comunidades, para que todos lo captemos bien. Lo tenemos que acoger con fe y el alma abierta, ya que también está en juego la acogida de la autoridad apostólica del obispo en la Diócesis, y la concreción de aquella obediencia que todo presbítero prometió en el momento de la ordenación, así como el asentimiento de las comunidades a la autoridad de servicio del Obispo. No podemos perder de vista que el Obispo, con sus colaboradores en el gobierno de la comunidad diocesana, ha tomado unas decisiones determinadas, que hasta podrían tener elementos discutibles, después de pensar en el bien de toda la Iglesia diocesana, de aquella comunidad concreta y también de la persona del sacerdote, buscando al máximo la fidelidad a la misión de evangelizar y amar con un amor, siempre más libre y mayor.
Encomendemos este momento de gracia y de renovación de la Diócesis. No podemos perder la convicción hecha fe obediente e intercesión, de que por encima y detrás de toda la organización diocesana está la iniciativa de Dios que con su Providencia todo lo inspira y todo lo gobierna. En Dios confiamos todos, Obispo, sacerdotes y fieles de las diversas comunidades que se ven afectados de una manera u otra por algún cambio, ya que es Dios quien "nos da pastores según su corazón" (Jr 3,15), solícitos y humildes, preparados y servidores de todos.
+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell