El ideal de la Merced

 

La fiesta de la Virgen de la Merced redentora de cautivos, que mañana conmemoramos con alegría, nos ayuda a redescubrir los grandes ideales cristianos en este tiempo de reinicio del nuevo curso. Necesitamos que la Madre del cielo inspire nuestra vida para ponerla totalmente al servicio de los demás, y que su inspiración nos introduzca en todas las dimensiones de la virtud de la caridad.

 

El "descenso" de la Virgen a Barcelona para inspirar un ideal de redención a los cristianos del siglo XIII es fuente de nuestra alegría y de nuestro consuelo. Tres catalanes están en los inicios de este movimiento religioso medieval, que tendrá tanta proyección mundial en el futuro: S. Pere Nolasc, un laico que cambia el comercio por la preocupación por los hermanos duramente encarcelados por los turcos y que podían perder su fe; un gran fraile predicador S. Ramon de Penyafort, superior del convento de Sta. Catarina de Barcelona y hombre de consejo; y el mismo rey de Cataluña y Aragón Jaume I, que les presta toda su protección. La Virgen María les inspiró una vivencia real y concreta de la parábola del juicio final según el Cristo mismo: "Estaba en la prisión y vinisteis a verme”, que revela que sólo el amor a los más pequeños será el que habrá llegado hasta el mismo Hijo de Dios: ¡"Me lo hacíais a mí"! (Mt 25,36.40).

 

El "ideal de la Merced" que María impulsa consiste en redimir cautivos no con las armas sino con la oración, la negociación y, si conviene, con la donación de la propia libertad a cambio de la de los hermanos encarcelados. Paz y diálogo, convicciones propias y acercamiento a los enemigos, respeto por la libertad religiosa y búsqueda de la transformación del otro, del que nos oprime, del que ha delinquido, del que nos critica o nos hace daño. ¿No creéis que es muy actual este "ideal"?

 

Es bueno que estos días, con todos los que trabajan en la pastoral penitenciaria, le presentemos a nuestros hermanos afligidos por la privación de libertad en muchas partes del mundo. Ella es la Madre pobre, que sabe qué es vivir en el desarraigo, no encontrar habitación, ser rechazada, vivir refugiada en Egipto, y tener que salir adelante con el alma en vilo. María conoce bien a los que ahora malviven en las prisiones, sus familias -que sufren tanto-, y tiene gran piedad. Maria conoce bien el dolor de las víctimas y las inmensas consecuencias negativas que los delitos han originado. Pero seguro que, rompiendo aislamientos severos y rejas, dejará pasar a manos llenas y sin distinciones la gracia amorosa y curadora de su Hijo, y nos enseñará a tener con todos entrañas de misericordia.

 

La Virgen de la Merced dará coraje a los capellanes de prisiones y a los voluntarios cristianos que colaboran con ellos, sabrá dar acierto, sabiduría y humanidad a los funcionarios, iluminará los cuerpos legislativos de las naciones, e inspirará a los gobernantes y a los responsables de las instituciones penitenciarias para que legislen y actúen con humanidad y con prudencia, apuesten por alternativas menos dolorosas que la prisión, y no abdiquen del ideal de restauración personal y de reinserción social. Así avanzaremos por el camino de la justicia restaurativa, para que por el poder de Dios, finalmente el perdón venza al odio y la indulgencia a la venganza.

¡Santa María, Madre de la Merced, dadnos amor, coraje y esperanza!

 

+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell