Regresando de Sibiu
Hace poco que he regresado de la ciudad rumana de Sibiu, donde he participado con mucho interés en la IIIª Asamblea Ecuménica Europea. Más de 2.500 personas reunidas para rezar juntos, reflexionar, conocernos mejor y encontrar puntos de encuentro para reanudar el trabajo esencial del ecumenismo, la búsqueda humilde de la unidad de todos los cristianos. Porque la desunión entre los cristianos es un gran pecado que escandaliza y difunde un doloroso antitestimonio de la fe. Y juntos podremos aportar un "alma" a Europa, de la que está tan necesitada.
En Sibiu, sobre todo, se ha renovado el compromiso de las Iglesias Europeas de caminar hacia la unidad, y en el Mensaje Final de la Asamblea hay una decena de propuestas más concretas para ir trabajando durante los próximos años. Todavía se podrían añadir otras propuestas en temas teológicos fundamentales, como es la reflexión sobre el ministerio eclesial.
A veces parece como si en el camino ecuménico se diese un cierto cansancio y una falta de fervor, y se mantiene vivo el dolor de no poder compartir todavía la mesa eucarística. Pero Dios continúa sorprendiéndonos y sigue realizando prodigios extraordinarios. Arrastramos siglos de peleas y desunión, y ahora conviene rehacer la confianza, conocernos mejor, perdonarnos mutuamente y eliminar tantos prejuicios mutuos y tantos recelos. En nuestro país, hasta hace poco, hemos tenido un conocimiento muy limitado de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, de sus tradiciones y sensibilidades. Ahora, mejoraremos en esto debido a la inmigración, así como al sentido de globalidad del mundo donde vivimos, que todo lo hace más próximo, también las diversas Iglesias cristianas. Y si nos amamos, progresaremos en la buena dirección, la que Cristo pedía: "Padre, que todos sean uno..." (Jn 17,21).
Se trata de conocer a los anglicanos y protestantes, los ortodoxos y los
greco-católicos, los evangélicos y los presbiterianos, con sus diversos ritos y
tradiciones, más allá de lo que encontramos explicado en los libros. Ya que
cuando nos conocemos, entramos en la sensibilidad del otro, y caen los
prejuicios. Con los contactos personales y el respeto por los valores que el
otro también cree y quiere aportar, con servicios de caridad realizados en común,
nos haremos más capaces de amarnos y de ir convergiendo en la unidad tal como
Jesucristo la querrá realizar. Y también hace falta una purificación de las
estructuras, para recorrer el camino de la sencillez evangélica y de la
superioridad de Cristo por encima de todo y de todos. En el fondo se trata de
vivir un "ecumenismo espiritual" como proponía Juan Pablo II en enero de 2003.
En la Asamblea de Sibiu propuse dos cosas de las que ya estarían realmente a nuestro alcance. La comunión solidaria de todos con nuestros hermanos de Tierra Santa, que guardan los Santos Lugares del Señor Jesús, y la determinación de celebrar la Pascua en una misma fecha, si conviene, aceptando todos la que celebran ya los ortodoxos.
Joan Enric Vives, obispo de Urgell