Solidaridad en lo económico
El próximo domingo es el “Día de la Iglesia Diocesana”, la Jornada anual en
recuerdo que somos “una familia de familias”, que necesitamos los unos de los
otros para poder realizar bien nuestra misión, y que la debemos sostener entre
todos. Y esto es verdad en muchos aspectos, pero lo es especialmente con
respecto a los aspectos económicos, la planificación justa, y la compartición de
los bienes. Como en cualquier familia. Debemos seguir, en esto, el ejemplo
siempre emblemático de la primera comunidad cristiana: “Todos los creyentes
vivían unidos y todo lo tenían en común; vendían las propiedades y los bienes, y
distribuían el dinero de la venta según las necesidades de cada cual (…) La
multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma, y ninguno de
ellos consideraba como propios los bienes que poseía, sino que todo estaba al
servicio de todos” (Ac
2,44-45; 4,32).
Seguramente por evitar excesos y malentendidos del pasado, en estos últimos
tiempos hemos tendido a no explicar suficientemente las necesidades económicas
que se derivan de la misión de la Iglesia y, en consecuencia, no hemos sabido
pedir la ayuda indispensable, para cooperar en las nuevas urgencias. Nos
convieneacordarnos más de lo prescribe el 5º
de los preceptos generales de la Iglesia para todos los fieles y que los
Obispos de Catalunya
reformulamos en el libro “Oraciones del
cristiano” de 1999 (p. 12) resumiendo lo que manda el canon 222 del
Código de Derecho Canónico: “Hay que ayudar a la Iglesia en sus necesidades,
promover la justicia social y socorrer a los pobres con las ganancias propias”.
Cada uno debe velar por cómo cumple este precepto de la Iglesia. Normalmente lo
hacemos a través de aportaciones periódicas fijas, colectas, limosnas y otros
donativos, en la celebración de los sacramentos y de fiestas comunitarias.
También lo
realizamos con disposiciones
testamentarias favorables a ayudar a las
instituciones
eclesials y de caridad, o con aportaciones
generosas cuando las cosas materiales han ido bien para nuestra familia.
También la sociedad, reconociendo lo mucho que aporta la Iglesia de múltiples formas, destina ayudas económicas, sea directamente o eximiéndola de ciertos impuestos, y debemos agradecerlo. Ahora en España –porque en Andorra se siguen otras formas, según las tradicionales relaciones entre la Iglesia y el Principado- desaparece la exención del IVA, se eliminan las aportaciones directas del Estado con cargo a los presupuestos generales, y en cambio se incrementa el coeficiente de quienes marquen la x en su declaración de renta, hasta llegar al 0,7%. Ahora tocará hacer este esfuerzo, y estar atentos en el momento de hacer la propia declaración.
Debemos difundir con acierto todo lo que la Iglesia Católica hace y aporta a la
sociedad: está presente en los acontecimientos importantes de la vida (bautismo,
eucaristía, confirmación, matrimonio, enfermedades, exequias, etc.); aporta
valores permanentes que enaltecen la dignidad de la persona; ayuda a los más
necesitados en
tantísimas instituciones de caridad;
lo hace con sacerdotes, consagrados y voluntarios que viven con sencillez; tiene
presencia en el mundo educativo y cultural; envía misioneros de paz, y promueve
la solidaridad y la cooperación entre los pueblos; sostiene el apostolado y el
tejido asociativo; y, todavía, cuida del patrimonio cultural y artístico que es
el tesoro de nuestro país. En consecuencia, continuemos ayudando económicamente
a a Iglesia para que pueda realizar su misión con libertad.
+Joan Enric Vives, obispo de Urgell