Volvamos a lo esencial
Llega el Adviento y nos conviene volver a acoger el mensaje de Juan Bautista: “La voz de uno que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus rutas” (Lc 3, 4). Desde una acogida más consecuente, más dichosa, más radiante de la Buena Nueva de Jesús, podemos pensar con esperanza en la nueva evangelización de Catalunya. Somos conscientes de que todos somos llamados a la “conversión del corazón” y a la “conversión pastoral” para permitir al Señor Jesús que llegue nuevamente, por los caminos que Él escogerá, al corazón de todos y a todo el mundo.
El Adviento que inicia el año litúrgico nos estimula a volver a lo que es esencial y a ser servidores de cara a una pastoral misionera. Así nos expresábamos los Obispos de Catalunya en el documento “Creer en el Evangelio y anunciarlo con nuevo ardor” (nº 8): “Tal y como se acontece en el orden material, estamos solicitados para un trabajo dispuesto de restauración de aquello que hemos heredado y se ha malogrado y, al mismo tiempo, a la edificación de un obra nueva, de cara al venidero. Pues bien, desde una perspectiva de misión, esta segunda es nuestra tarea prioritaria. Y sin perdernos en aquello que nos divide, o aquello que no conduce a la esperanza ni a la vida. Al contrario, debemos predicar y atraer hacia lo que es esencial a nuestra vida cristiana: la persona de Jesucristo. Tengamos siempre activada nuestra vivencia de Jesucristo y de su Evangelio, de forma que brote fácilmente de nuestros labios, y que en todo momento estemos siempre a punto para dar una respuesta a todo el mundo quien nos pida razón de nuestra esperanza (cfr. 1Pe 3,15)”. Y el Papa recientemente nos ha dicho, hablando de San Jerónimo: «Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo. Por eso es importante que todo cristiano viva en contacto y en diálogo personal con la Palabra de Dios, que se nos entrega en la Sagrada Escritura" (Ángelus del 7.XI.2007).
La Navidad que ya tenemos cerca debe significar un renovado compromiso en nuestra vida cristiana. Jesús acogió todas las aspiraciones de la humanidad, y realmente se hizo hombre por salvarnos a todos. Optar por anunciar su Buena Nueva, nos pide poner atención al hombre de hoy, verlo con simpatía, acoger su cultura. Es decir, integrarnos en la gran corriente de encarnación que nace de Jesús, hecho en todo igual a los hombres, excepto el pecado. Así podremos anunciarle, a este hombre contemporáneo nuestro, con nuevo ardor, aquello que lo puede salvar de la desesperación y la muerte. Sólo el Evangelio de Jesús salva, es semilla de vida eterna, es anuncio de una vida nueva, la única que hace feliz.
Empieza el Adviento que nos remite a lo esencial: La Palabra y el Amor de Dios! María y José nos enseñan a esperar y a acoger al Salvador que llega. Juan Bautista nos urge a prepararle sus caminos con amor y disponibilidad. Isaías nos continúa exhortando a la alegría porque el Señor cambia la suerte de los pequeños y humildes. Y los profetas nos mantienen atentos a los signos de la venida de Dios entre nosotros. Vivamos, pues, este Adviento con gozo y novedad de vida. Volvámonos a proponer las conversiones que más nos convengan. Y pidamos con humildad que el Espíritu Santo nos muestre lo que es esencial de la fe y nos haga fuertes para transmitirlo con renovada fidelidad y ardor.
+Joan Enric Vives, obispo de Urgell