Juntos, haciendo camino

 

Con este título que habla de comunión de amor y de andar unidos para toda la vida, nuestra Diócesis ha editado recientemente un libro para ayudar a los novios a prepararse para la celebración del sacramento del matrimonio. Han venido a llamar a la puerta de la Parroquia y han manifestado que quieren casarse. Hoy lo vemos como una auténtica vocación a la cual Dios los llama, en el interior de la comunidad cristiana, y queremos ayudarlos a prepararse bien. En este domingo, fiesta de la Sagrada Familia, queremos proponer a los novios y a los jóvenes esposos, a todas las familias de la Diócesis, aquello que San José Manyanet, presbítero de nuestra Diócesis e hijo de Tremp, tenía por lema: ¡que cada hogar sea otro Nazaret!

 

Recientemente, el Papa Benedicto XVI, hablando a los jóvenes del mundo entero en ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud 2007, les dirigía estas palabras: “El amor es posible... Si sois prometidos, Dios tiene un proyecto de amor para vuestro futuro matrimonio y vuestra familia, y es esencial que lleguéis a descubrirlo con la ayuda de la Iglesia... El amor del hombre y la mujer genera la familia humana, y la pareja que forman tiene su fundamento en el plan original de Dios (cfr. Gn 2,18-25). Aprender a amarse como pareja es un camino maravilloso, pero que requiere un aprendizaje laborioso”.

 

Muchas cuestiones preocupan y solicitan a los que se casan, pero no se debe olvidar la más importante: una buena preparación para que el matrimonio sea feliz y duradero. No basta con la buena voluntad ni conviene dar por supuestas demasiadas cosas. Siempre hay que estar dispuestos a aprender y a crecer, a través del diálogo sincero entre ellos, con la experiencia de los demás cristianos casados y con la ayuda de la enseñanza de la Iglesia. Los esposos han sido llamados por Dios a caminar juntos en el amor y, a partir de la boda, sus vidas están unidas para siempre, uno y otro, esforzándose cada día por hacerse felices mutuamente, y engendrar y educar a los hijos con amor. La gracia del sacramento del matrimonio hará posible este ideal que, hoy, en tiempo de pensamiento débil y de miedo al compromiso definitivo, muchos ven muy difícil o incluso imposible. El amor de Cristo, Esposo fiel de la Iglesia, será la fuente de su santificación y fidelidad duradera. Y ya sabemos que cuando el amor es verdadero, es camino de comunión con Dios, puesto que “Dios es amor” y “quien está en el amor está en Dios y Dios está en él”, como enseña San Juan (1Jn 4,8.16).

 

Hoy, más que nunca, hacen falta parejas decididas, hombres y mujeres que quieran casarse de verdad, para siempre, en una comunión de vida y amor indisoluble y abierta a la fecundidad y al servicio de la vida. El gran Papa Juan Pablo II, lo decía con inspiradas y significativas palabras: “El futuro del mundo pasa por la familia”.

 

¡Familias, no tengáis miedo! Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, y siempre anda cerca de nosotros, sin dejarnos nunca de su mano. Sobre todo cuando nos proponemos cosas grandes y bellas, como casarse para siempre, para vivir un amor fiel, a semejanza del amor divino, y hacer de cada hogar un Nazaret, una pequeña Iglesia doméstica, que acoge a los ancianos y los más débiles de la familia y los atiende con amor. Las familias siempre encontrarán en su camino la presencia y la compañía de la Iglesia, dispuesta a ayudarles en su bella misión.

 

+Joan Enric Vives, obispo de Urgell