Año Nuevo lleno de la Paz que se aprende en familia

 

Acabamos de iniciar un Nuevo Año de gracia, y hoy celebramos la gran fiesta de la Epifanía, la manifestación de Dios y de su Amor en la persona del hombre Jesucristo, el Salvador de toda la humanidad. Si católico significa universal, Epifanía significa manifestación universal de la salvación, que no se deja acaparar por nadie sino que se acoge, con admiración y adoración, y se comunica a los demás, tal y como hicieron los magos que buscaban y “vieron al Niño con María, su Madre, y lo adoraron” (Mt 2,11).


La Jornada Mundial de la Paz que cumple 40 años desde que fue instituída por el Papa Pablo VI, nos ha hecho llegar un Mensaje de Benedicto XVI sobre la Paz, con el lema “Familia humana, comunidad de paz”, que debería ser guía de nuestra reflexión a lo largo de todo el año 2008. Porque la paz se aprende en familia, y por lo tanto, quien debilita la familia, también debilita y daña la paz.


Acogiendo sus aspectos más centrales, el Mensaje afirma que la primera forma de comunión entre las personas es la que el amor suscita entre un hombre y una mujer decididos a unirse establemente para construir juntos una nueva familia. También los pueblos de la tierra están llamados a establecer entre sí relaciones de solidaridad y colaboración, como corresponde a los miembros de la única familia humana. En una vida familiar «sana», según el Papa, se experimentan algunos elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el servicio cariñoso a los miembros más débiles, porque son pequeños, ancianos o están enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo. Todo esto es la paz. Por este motivo, «la familia es la primera e insustituible educadora de la paz”. No debe sorprender, pues, que se considere particularmente intolerable la violencia cometida dentro de la familia, y cita la que se comete contra el ser humano en formación en el seno materno.

 
El lenguaje familiar es un lenguaje de paz; a él es necesario recorrer siempre para no perder el uso del vocabulario de la paz. En la inflación de lenguajes en que vivimos, la sociedad no puede perder la referencia a esta "gramática" que todo niño aprende de los gestos y miradas de la madre y del padre, antes incluso que de sus palabras. Por lo tanto, “quienes obstaculizan la institución familiar, aunque sea inconscientemente, hace que la paz de toda la comunidad, nacional e internacional, sea frágil, porque debilita lo que, de hecho, es la principal "agencia" de paz”. «Todo lo que contribuye a debilitar la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, lo que directa o indirectamente dificulta su disponibilidad para la acogida responsable de una nueva vida, lo que se opone a su derecho de ser la primera responsable de la educación de los hijos, es un impedimento objetivo para el camino de la paz».

 
Intercedamos por las familias, para que sean las educadoras de la paz ya desde la infancia, y para que encuentren el apoyo necesario de los poderes públicos. ¡Que la Virgen Maria, Reina de la Paz, nos mantenga en la Paz de Cristo todos los días de este nuevo año 2008!

 

+Joan-Enric Vives, obispo de Urgell