Preparemos para los niños un futuro de paz

 

La Paz es un gran bien a preservar y a preparar para los que vienen detrás de nosotros, especialmente los niños. Nos urge el lema de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Paz 2008, “Familia humana, comunidad de paz”. El Santo Padre, entre otras exigencias, reclama una mayor sensibilidad y acción hacia las familias y hacia el valor de la vida, en relación con la paz en el mundo: tanto la no-nacida como la vida ya-nacida, que han de ser respetadas, protegidas y promocionadas en su proceso de realización personal.

 

Hace unas semanas hemos conocido mucho mejor el gran drama que significa todo aborto, y el horror de los métodos que algunos médicos usan, sin escrúpulos, y vulnerando la ley ya de sí muy permisiva. Finalmente la justicia se ha movido y las clínicas que por negocio practicaban abortos ilegales ya no lo tienen tan fácil. Todos deseamos que algo se mueva en la conciencia de la sociedad y de los legisladores porque nos damos cuenta que el aborto es un crimen y nunca debería ser aceptado como un medio, porque hay en juego una persona... Debemos continuar trabajando en el sentido del respeto por el don sagrado de la vida no nacida, y esperar activamente, informando y comprometiéndonos con acciones a nuestro alcance, que la sociedad genere una cultura de la vida y del amor responsable, dedicando recursos y ayudando a las madres con dificultades.

 

Igual que debemos preocuparnos por si son respetados los derechos humanos de los no-nacidos, conviene igualmente potenciar el desarrollo de las vidas ya-nacidas y que pueden "abortarse" en su proceso de realización personal. Hoy somos más conscientes de que las injusticias de este mundo son responsables de muchos "abortos" de niños que ya han nacido. Vemos con horror que los niños son las víctimas más inocentes de las guerras, las violencias y los egoísmos de los mayores. Cuántos niños muertos, huérfanos y mutilados, desplazados lejos de sus pueblos y con familias dispersadas. Y los niños que mueren debido al hambre y las epidemias. Y los que son vejados y prostituídos, objetos de la depravación de los adultos. Nos escandaliza la situación de los niños abandonados por las calles de las inmensas y despersonalizadas ciudades, y los explotados ya desde pequeños por sistemas económicos primitivos e inhumanos. Y los que, huérfanos de cultura y de amor, quedan abandonados en un gran vacío espiritual que les helará el alma... Todos estos niños, unidos a los que han sido abortados debido al egoísmo imperante, son los Santos Inocentes de nuestro tiempo, que acompañan al Cordero de Dios en su sacrificio redentor. Por ellos no podemos dejar de aunar esfuerzos e iniciativas diversas de cara a ir construyendo una amplia cultura de la vida, de la paz y de la solidaridad.

 

"Sólo cuando las personas consideren la lucha contra el hambre como una prioridad y se comprometan a facilitar a todo el mundo los medios para ganarse el propio pan cotidiano en lugar de almacenar armas, los conflictos y las guerras cesarán y la Humanidad se encontrará en condiciones de iniciar un duradero viaje de paz", recordaba Juan Pablo II en un famoso discurso a la FAO. Debemos preparar para los niños un futuro de paz, trabajando por la justicia y la solidaridad. El respeto a toda vida, con hechos y de verdad, es lo que nos conducirá a una paz auténtica.

 

+Joan-Enric Vives, Obispo de Urgell