Insertos en una historia de grandes testigos
Acabamos de inaugurar el año jubilar con motivo de la celebración de los 1750 años del martirio del obispo de Tarragona San Fructuoso, y de sus dos diáconos, San Augurio y San Eulogio, que fueron quemados vivos en el anfiteatro romano de la ciudad por no querer adorar a los dioses paganos. Hemos de agradecer y celebrar el martirio de estos grandes testigos. Nos precedieron en la confesión de nuestra fe en el Dios Único, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, si es preciso hasta derramar la sangre. Y también nosotros estamos llamados a ser testigos de una verdad por la que vale la pena perderlo todo: “Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien la pierda por mi, la encontrará”, dice Jesús (Mt 16,25).
Si San Pablo trajo la fe cristiana a las tierras de la antigua Tárraco, aquella fe dio sus frutos, y ya en el siglo III encontramos una Iglesia bien arraigada. Después será por capilaridad que la fe irá subiendo, tierras adentro, hasta llegar a los Pirineos y a Urgell. Venimos de esta historia de grandes testigos. ¡Agradezcámoslo de corazón!
Este año también nos viene marcado por varios acontecimientos eclesiales:
·· el Sínodo de Obispos sobre “la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”, que tendrá lugar en octubre, en Roma;
·· el inicio en junio del año jubilar por los 2000 años del nacimiento de San Pablo, de quien recibimos la fe en nuestras tierras, y que es “el Apóstol” que continuamente nos acompaña en casi todas las celebraciones litúrgicas;
·· el milenario del Abad Oliba, hijo de los condes de Cerdanya, un monje que está en el origen del pueblo catalán y de la institución de “paz y tregua”, de la fundación del Monasterio de Montserrat, y de la extensión del arte románico y los escritorios;
·· los 550 años de la aparición de la Virgen María en El Miracle, cerca de Solsona -entonces en tierras de nuestra Diócesis- que nos exhorta a “volver a Dios”;
·· los 200 años del nacimiento de San Antonio Mª Claret, el gran apóstol evangelizador de Catalunya, muy amigo de nuestro obispo Joseph Caixal;
·· los 150 años de las apariciones de la Virgen María a Santa Bernadita Sobirous en Lourdes de Francia, proclamando que era cierto lo que el beato Pio IX había definido dogmáticamente, que “Yo soy era Immaculada Concepciou”, en la lengua occitana que se habla en las comarcas de nuestro Valle de Aran;
·· los 40 años de la Facultad de Teología de Catalunya donde estudian nuestros futuros sacerdotes y agentes pastorales y también 40 años del Centro de Estudios Pastorales de las Diócesis Catalanas;
·· Y la Jornada Mundial de la Juventud en julio en Sydney, y el Congreso Eucarístico Internacional de junio en el Québec, de Canadá...
Son muchas realidades que nos convocarán este 2008 a vivir la fraternidad eclesial, y que es bueno retener y llevar a la intercesión, para que sean auténticamente vividos y tengan repercusión en las vidas de los cristianos. Vivamos este año llenos de esperanza, que es la virtud que nos hace mirar adelante, como acaba de decirnos el Santo Padre, Benedicto XVI: “La fe en Cristo nunca ha mirado sólo atrás ni sólo arriba, sino siempre adelante, hacia la hora de la justicia que el Señor había preanunciado repetidamente” (Spe salvi nº 41).
+Joan-Enric Vives, Obispo de Urgell