El Espíritu nos hace confesar la fe
La Pascua que estamos celebrando es la efusión del Espíritu Santo en el corazón de los creyentes. Necesitamos comprender y agradecer lo que este Espíritu obra en nosotros, y a ello dedicaré mis escritos en este tiempo pascual.
El Espíritu Santo nos hace confesar la fe, como un gran don recibido. S. Pablo afirma con rotundidad: “Nadie puede decir: «Jesús es el Seńor» si no lo mueve el Espíritu Santo. Los dones son diversos, pero el Espíritu es uno… Las manifestaciones del Espíritu que recibe cada uno son en bien de todos… Uno, en virtud del mismo Espíritu, recibe el don de la fe; …Todo esto es obra del único y mismo Espíritu, que distribuye sus dones a cada cual tal y como él quiere” (1Cor 12,3ss). Poder ver más allá de los signos, poder confiar a partir de los hechos sencillos que experimentamos, poder esperar a pesar de las dudas, poder entregarse del todo a Dios, por la fe, todo se realiza por un don de Jesucristo en el Espíritu.
Es el Espíritu Santo quien pone su luz en nuestro entendimiento para que podamos aceptar las verdades reveladas por Jesucristo, y sobre todo nos concede el creer en su admirable Resurrección. Decir “Jesús es el Seńor” equivale a decir que creemos en toda la revelación que sobre Jesús nos ha sido predicada.
El Espíritu da credibilidad a lo que proclamamos con palabras humanas. Y abre el entendimiento para que lo crea y lo confiese. Dice el Catecismo de la Iglesia: “No se puede creer en Jesucristo sin tener parte en su Espíritu. Es el Espíritu Santo quien revela a los hombres quién es Jesús. "El Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios...Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Cor 2,11). Sólo Dios conoce a Dios enteramente. Nosotros creemos en el Espíritu Santo porque es Dios (CIC nş 152).
La fe es un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por Él. Es el Espíritu Santo quien mueve el corazón de la persona creyente y lo convierte, abre así los ojos de la inteligencia y da suavidad en la aceptación y la creencia en la verdad, como dice el Concilio Vaticano II (Cfr. DV 5). Con todo, no deja de ser un acto auténticamente humano, que no va ni contra la libertad ni contra la inteligencia, sino que por amor, ayuda a poner toda la confianza en Dios y a adherirse a las verdades que Él ha revelado. Por la fe confiada entramos en comunión íntima con Dios.
El motivo de creer no es que las verdades se vean claras e inteligibles a la luz de nuestra razón natural, pero sí que es el Espíritu quien interiormente nos mueve y se sirve de pruebas exteriores, que son motivos de credibilidad que disipan las dudas. Sin ser puramente racional, el acto de fe es razonable, puesto que Dios no puede engańarse ni engańarnos. Por eso la fe es cierta, y su certeza es más grande que la que da la luz natural. Siempre “la fe intenta comprender” (S. Anselmo), y por eso es el Espíritu Santo quien perfecciona constantemente la fe con sus dones, para que comprendamos mejor la revelación divina.
En esta Pascua que celebramos, hagamos nuestro lo que decía S. Agustín: “Creo para entender, y entiendo para creer mejor”. ˇVen Espíritu Santo y ayuda nuestra pobre fe! ˇVen y disipa todas nuestras dudas, miedos y debilidades de la fe!
+Joan-Enric Vives, Obispo de Urgell