Rezar por los sacerdotes que nos dan la Eucaristía

 

Este domingo, fiesta del Corpus, fijemos nuestra mirada de fe en el gran don que el Espíritu Santo hace a su Iglesia: tener la presencia real, viva y operante del Resucitado, hecho sacramento de pan y vino consagrados para que dé vida al mundo. Hemos de estar muy agradecidos a Jesucristo, “que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, dio con su muerte la vida al mundo”, como oramos silenciosamente los presbíteros en una bella oración antes de comulgar. El don eucarístico de Jesús nos conduce a amar, adorar, recibir con corazón agradecido, imitar y compartir con disponibilidad, vivir unidos, perdonar, comprometernos, dar frutos de santidad y fundirnos en una unión íntima con Él…

 

La solemnidad del Corpus, eco de la fiesta pascual del Jueves Santo, es también agradecimiento a los ministros de la Eucaristía que, con su sacerdocio participado del de Cristo, nos dan la persona misma del Señor y sus sacramentos de vida. En el Cenáculo, Jesús nos confió el sacramento de la Nueva Alianza, su presencia en medio de nosotros, y al mismo tiempo nos dio a los ministros que acompañarían a su pueblo por el camino de la santificación. Por esto el próximo viernes, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, será también una Jornada mundial de oración por la santificación de los sacerdotes. El Cardenal Claudio Hummes, Prefecto de la Congregación del Clero, nos ha invitado a vivirla rogando por «suscitar un número suficiente de vocaciones santas al estado sacerdotal y, a la vez, para acompañar espiritualmente -como Cuerpo Místico- con una especie de maternidad espiritual, a todos los que ya han sido llamados al sacerdocio ministerial», para que cada vez sirvan mejor a Jesús y a los hermanos.

 

Oremos, pues, este el próximo viernes, por los sacerdotes de Urgell y de todo el mundo, por los que hemos conocido y los que nos han ayudado y nos ayudan a ser mejores creyentes. A veces reciben críticas, algunos viven soledades e incomprensiones, y el sacerdocio no es suficientemente valorado en nuestra sociedad secularizada y materialista. Contrarrestémoslo amando mucho a nuestros pastores, recemos por quienes nos presiden en la caridad. Podemos pensar agradecidamente en el ministro que nos bautizó, en el que nos ha perdonado los pecados, que bendijo nuestro matrimonio, en el que nos ayuda y estimula con su ejemplo, en los jóvenes que deben ser sostenidos en el inicio de su ministerio, y en los presbíteros ancianos o enfermos que deben poder captar el agradecimiento por su vida totalmente entregada, en los curas gastados en nuestros pueblos pequeños, o entre los enfermos o en las misiones, en los que sufren persecución, en quienes son tentados... Necesitamos sostener a nuestros ministros con la oración y el sacrificio por ellos, la compañía y la amistad, la comprensión de sus limitaciones y debilidades, la complementariedad en las tareas pastorales, la ayuda en sus necesidades materiales y espirituales… Con el sacrificio entregado de sus vidas célibes, ellos hacen posible la presencia sacramental de Cristo, el Buen Pastor, que a través de ellos nos predica la Palabra, nos bautiza, nos perdona, nos alimenta la fe, da vigor a nuestra esperanza, nos ayuda en la toma de decisiones y compromisos, y nos orienta y sostiene en el camino de la vida. ¡Gracias Señor por nuestros sacerdotes! ¡Que el Espíritu Santo continúe sosteniéndolos y los haga santos ministros de la Eucaristía!

¡Envía más trabajadores a tu viña, que nos precedan, nos animen y nos abran el camino de la fe!

 

+Joan-Enric Vives, Obispo de Urgell