¡Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confiamos!

 

El mes de junio que hoy iniciamos se dedica a la oración confiada al Sagrado Corazón de Jesús. Y la petición más habitual es de abandono confiado: “¡Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío!”. El corazón es el centro de las personas, y en todas las culturas el corazón expresa la sede del amor. Significa la interioridad de la persona humana, su valor y sus decisiones más preciadas y comprometidas. Por esto podemos decir que una persona tiene “buen corazón”, o un “corazón grande” cuando ama de verdad. Y decimos que una persona “no tiene corazón”, o bien “un corazón de piedra” cuando no ama a nadie y es muy egoísta. De aquí que la piedad cristiana ha querido celebrar que Jesús tenga un Corazón Sagrado, lleno de Amor y que ha sufrido por nosotros. Un Corazón obediente, que ha aceptado las infidelidades y que ha asumido la Cruz, para morir por todos, y así ha vencido al dolor, al pecado y a la muerte. Todo lo realizaba siempre por amor al Padre y por amor a la humanidad.

 

Hace unas semanas que acaba de morir, muy viejecita, a los 98 años, el ”ángel del Ghetto de Varsovia”, Irena Sendler, la joven católica que salvó a 2.500 niños judíos durante el Holocausto nazi. Ella era una asistente social polaca que organizó clandestinamente a un numeroso grupo de personas que sacaba niños del ghetto, todos destinados a morir, y les buscaba acogida entre religiosas y familias católicas y, tras enterrar sus señas en botes de confitura bajo unos árboles, pudo devolverles la identidad al acabar la II Guerra Mundial. Lo más maravilloso es que en la celda donde los nazis la encerraron, torturada y condenada a muerte, encontró una estampa de Jesús misericordioso, en la que había la gran oración: “Jesús, en Ti confío”, que conservó durante toda su vida. Esta oración la sostuvo en los momentos de las torturas, y le acompañó toda la vida. La confianza en Jesús la sostuvo y la hizo valiente y decidida, con un amor activo, capaz de encontrar salida en aquella situación tan desesperada, ante el terror y el nihilismo nazis. Y será la confianza la que nos sostendrá a nosotros y nos ayudará a hacer las obras buenas que Jesús espera realizar a través de cada uno de nosotros.

 

Digamos, por tanto, también nosotros “¡Jesús, en Ti confío!”. Digámoslo a menudo, y consagrémosle toda la vida al Sagrado Corazón de Jesús. Tengámoslo presente a lo largo de este mes y siempre: repitámoslo en los diversos momentos del día, al despertar e iniciar la actividad de la mañana, en el trabajo, al estar cerca de un enfermo, al empezar aquello que no nos gusta, al soportar dificultades o cruces, al acabar el día, en el momento de agradecer las alegrías de la jornada, cuando notamos la presencia de este Corazón, al irnos a la cama y en los momentos de insomnio o de dolor, cuando nos cueste encontrar razones para vivir y para amar… Siempre, y en todo lugar, ¡vivamos la confianza y el abandono en el Señor Jesús! Siempre “¡levantemos el corazón hacia el Señor!”.

 

Necesitamos a Jesús en lo cotidiano y gris de nuestras vidas. “Sin Mí no podéis hacer nada”, decía Jesús (Jn 15,5). La devoción al Sagrado Corazón de Jesús nos ayudará a recentrarlo todo en Él, desde el amor y la confianza, que son fundamentales en la vida cristiana.

 

+Joan-Enric Vives, Obispo de Urgell