X- “Por tantos” que necesitan tanto

 

En el mes de junio se acaba el plazo para realizar las declaraciones de la renta, una manera de colaborar al bien común, especialmente cuando será justamente redistribuido por las Administraciones. Y tal como nuestras leyes prevén, de la aportación que los ciudadanos realizamos con nuestros impuestos, somos libres de poner o no una (X) para ayudar a las finalidades de la Iglesia Católica, y si se quiere, también a otras instituciones que tienen fines de interés social, entre los beneficiarios de las cuales se incluyen ONGs de titularidad o de inspiración católica. No se paga más por impuestos de lo que ya pagaríamos, y de hecho los beneficios y exenciones fiscales de la Iglesia Católica son iguales a los de cualquier otra institución no lucrativa.

 

El Catecismo de la Iglesia Católica habla (Cfr. nn. 2239-2340) del deber de los ciudadanos de contribuir con los poderes civiles al bien de la sociedad con espíritu de verdad, de justicia, de solidaridad y de libertad. Y recuerda como la obediencia a las autoridades legítimas y la corresponsabilidad del bien común exigen moralmente el pago de los impuestos, el ejercicio del derecho a voto y la defensa del país. Citando el famoso texto de la Carta a Diogneto (nº 5) explica: “los cristianos tienen una patria, pero viven como extranjeros... acatan las leyes establecidas, pero su conducta es superior a la ley”.

 

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (nº 355) reclama que la recaudación fiscal y el gasto público sean “justos, eficientes y eficaces”, estén al servicio del desarrollo y la solidaridad, y “contribuyan a acrecentar la credibilidad del Estado como garante de los sistemas de previsión y de protección social, destinados en modo particular a proteger los más débiles (...) En la redistribución de los recursos, las finanzas públicas deben seguir los principios de la solidaridad, de la igualdad, de la valoración de los talentos, y prestar gran atención al sostenimiento de las familias, destinando a tal fin una cantidad adecuada de recursos”.

 

Seamos justos y transparentes a la hora de pagar los impuestos para colaborar a la solidaridad social y entre comunidades autónomas, pero al mismo tiempo -porque es muy lícito-, seamos exigentes en querer que la redistribución sea máximamente equitativa, y abarque la ayuda a la dimensión religiosa y social de la sociedad. En esta línea, es un derecho de todo ciudadano que una pequeña parte de sus impuestos (el 0,7%) vaya a ayudar a la Iglesia Católica en sus necesidades, y especialmente hacia sus valiosas instituciones al servicio de la sociedad. Es mucho lo que realiza la Iglesia, desde las parroquias y con sus sacerdotes, pasando por la ayuda a los pobres, hospitales y guarderías, enseñanza, solidaridad hacia los países pobres, Caritas, Misiones y patrimonio cultural al servicio de todos.

 

Debemos preocuparnos, y ahora esto dependerá aún más de nosotros mismos, de que se cumpla nuestra voluntad, marcando la (X) en la casilla de la Iglesia en nuestra declaración de renta. Y es que debemos convencernos y explicar mejor que financiar la Iglesia es servir al bien común. No es un privilegio, sino una manera de que católicos y simpatizantes de lo que transmite y ayuda la Iglesia, puedan encontrar una manera eficaz de sostenerla en sus necesidades.

  

+Joan-Enric Vives, Obispo de Urgell