Mil años del Abad Oliba de Cerdanya
Al forjarse la nación catalana, muchos nombres capitales de la Iglesia lo son también del país naciente. La figura del Abad Oliba de Cerdanya, obispo de Vic, abad de Ripoll y de Cuixà, y fundador de Montserrat, encarna el espíritu de toda una época, contemporánea de nuestro gran Obispo San Ermengol. Mientras la sociedad catalana empieza a estructurarse, recibe de los monasterios y de las catedrales el impulso del espíritu cristiano que se manifiesta en instituciones tan nuevas y decisivas como los “scriptoriums” y «la paz y tregua». Es un momento singular en el que se dan unidos la fundación del país y el establecimiento de la Iglesia (Cfr. Obispos de Catalunya ”Raíces cristianas de Catalunya” 1985).
Precisamente en este domingo día 15 de junio tiene lugar en Sta. María de Ripoll el acto central de conmemoración de la ”Año Oliba”, presidido por el Arzobispo de Tarragona y al cual asistiré, para celebrar el milenario de Oliba de Cerdanya, originario de nuestro Obispado, cuando fue designado Abad de S. Miguel de Cuixà y de Sta. María de Ripoll. El Cardenal Anselmo Mª. Albareda afirma sobre Oliba: “Fue un de estos hombres excepcionales que la Providencia se cuida de enviar en los momentos trascendentes de la formación de los pueblos, adalides luminosos, estructuradores espirituales, padres de la Patria”.
En el año 1008 Oliba fue escogido abad de estos dos grandes centros espirituales y culturales, y se manifestó como un eclesiástico activo, promotor cultural de gran valía y constructor de paz. Había nacido en 971, hijo de los condes de Cerdanya, y bisnieto de Guifredo el Velludo. En 1002 renunció a los condados, y entró como monje en el Monasterio de Ripoll. En el año 1008, con pocos meses de intervalo, fue nombrado abad de Ripoll y de Cuixà. Más tarde, en 1017, Oliba fue elegido obispo de Vic y en 1025 fundó Montserrat. Como renovador de una vida monástica espiritual arraigada en el territorio y abierta a la cultura de la época, proyecta luz para nuestro presente.
La figura de Oliba nos remite al auténtico amor al país, entendido como amor y servicio a Catalunya, como enseña “Raíces cristianas de Catalunya”: “Pío XII ya clamaba contra «este temor que tienen a veces los ciudadanos de nuestro tiempos de mostrarse generosamente ligados a la patria». Esto proviene de la ambivalencia que toman, a menudo, estas palabras, o de su utilización interesada e hipócrita, o de las exageraciones y los extremismos en que se hayan amparado. Tratándose del amor a Catalunya, encontramos todavía, otros factores negativos: la deficiente educación histórica y política que se ha transmitido desde la escuela con el confusionismo que se ha seguido; el desconocimiento de la identidad catalana; la adscripción que hacen algunos a la idea de división, de extremismo o, incluso, de cosa suspecta desde el punto de vista religioso. Resulta fundamental para nosotros los Obispos hacer referencia al amor a Catalunya, como parte y forma del amor al prójimo. Se trata de la solidaridad básica con las personas de nuestro entorno, no sólo en su dimensión individual, sino también, en su realidad social: la familia, el país, el estamento, etc.”.
Necesitamos también hoy cooperar en la construcción de nuestro país, aportando nuestras convicciones cristianas, y haciéndonos bien presentes en la vida pública, con espíritu patriótico renovado y católico.
+Joan-Enric Vives, Obispo de Urgell