Arraigados en la fe apostólica de San Pablo
En la solemnidad de San Pedro y San Pablo y por iniciativa del Papa Benedicto XVI, empieza en toda la Iglesia, la celebración de un Año Paulino, al cumplirse los dos mil años del nacimiento de San Pablo. El objetivo de este año jubilar es dar a conocer la figura y la obra de quien es denominado con afecto y admiración “el Apóstol”, así como invitar a todos los creyentes y las personas de buena voluntad a profundizar en el mensaje que, inspirado por el Espíritu Santo, dejó a la Iglesia.
Para Urgell y las otras Iglesias de la Tarraconense es un motivo muy grande de alegría y una gran responsabilidad saber que venimos de la predicación directa de San Pablo. Es una tradición constante y totalmente defendible que fundó la Iglesia en Tarragona cuando vino a Hispania (Cfr. Rm 15,24) y de allí la fe se fue transmitiendo, por nuevos testigos, hacia nuestras Iglesias vecinas de la Tarraconense. Somos, pues, una Iglesia “apostólica”, que hunde sus raíces en el mismo San Pablo.
Nacido en Tarso de Cilicia, en la actual Turquía, se llamaba Saulo o Saúl, y fue un judío helénico muy cultivado, que hasta tenía la ciudadanía romana. Versado en las Escrituras y del grupo de los fariseos, primero persiguió a los cristianos, pero camino de Damasco, Jesucristo Resucitado se le apareció y le llamó a un gran apostolado (1Co 15,8). Él mismo se denominará después: “Siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios” (Rm 1,1). No dejó pasar nunca la oportunidad de hablar de Jesucristo y decía “ya no soy yo quien vivo; es Cristo quien vive en mí” (Ga 2,20) porque Jesucristo fue su gran pasión, el centro de su mensaje, la fuente de su vida, su gran amigo, su todo.
San Pablo escribió varias cartas a comunidades cristianas fundadas por él o bien que eran importantes para su ministerio, y también cartas a algunos colaboradores más próximos, como Timoteo. Estas cartas que él dictaba con tanta inspiración del Espíritu Santo son un patrimonio doctrinal espléndido y un gran tesoro espiritual, que a la vez lo es también cultural e histórico. Y es desde este mensaje que se ha ido configurando la teología, la liturgia, la catequesis y toda la acción evangelizadora de los cristianos, a lo largo de los siglos. Si tuviéramos que describir las tres características más importantes de la acción evangelizadora de Pablo deberíamos fijarnos en:
· el anuncio explícito del Evangelio de Jesucristo,
· su pasión por edificar la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, en las comunidades que él fundaba, dónde instituía pastores y fundaba una organización inicial muy importante,
· y la insistencia en la conversión que implica la fe, viviendo una novedad de vida, conducidos por el Espíritu Santo; vida “justificada” que se manifiesta por el amor, como dice en su Himno sublime a la Caridad de 1ª Corintios 13.
Os animo a aprovechar este año Paulino para profundizar en el conocimiento de la persona y del mensaje de San Pablo, para conocer más y mejor sus escritos, su extenuante actividad evangelizadora y su vida apasionada y “sacrificada” por amor a Cristo, y para imitar al gran Apóstol en su gozosa entrega misionera y su gran amor a la Iglesia.
+Joan-Enric Vives, Obispo de Urgell