La Cátedra de pensamiento cristiano sigue trabajando

 

La Cátedra de Pensamiento Cristiano de la Diócesis de Urgell que tiene su sede en Sant Julià de Lòria (Principado de Andorra), trató en 2007 de las “Ideas para el futuro. Memoria del siglo XX” con tres buenos autores: Armand Puig, Miguel García-Baró y Francesc Torralba. Y este año acabamos de tener el encuentro con tres otros buenos maestros: Jordi Pujol, José Antonio Marina y Francesc Torralba, sobre la cuestión de los “Valores emergentes en Europa”. La Cátedra nos ayuda a mantener vivo un cristianismo en diálogo crítico con nuestra cultura, que escucha y sabe hacer propuestas que brotan de nuestra manera de entender el mundo y la cultura.

 

Para comprender a fondo las raíces de nuestro tiempo presente, debemos mirar atrás y hacer memoria de la historia recorrida. Una exigencia básica para evangelizar la sociedad es discernir los “signos de los tiempos”, entrever las posibilidades que ofrece la cultura contemporánea para plantar la semilla del Evangelio y hacerla fructificar. La riqueza filosófica, teológica, artística y cultural del siglo XX es agobiante. No es fácil hacer un juicio adecuado y es preciso constatar que en el siglo XX reposan ideas muy valiosas que no siempre han tenido su expresión cultural, política y social. El siglo XX ha sido objeto de distintas valoraciones, no siempre positivas. Se lo ha calificado de muchas maneras: el siglo del eclipse de Dios, el siglo de la inhumanidad, el siglo más bélico de la historia, el siglo de la muerte del hombre, la era de la colonización del espacio, la era del vacío. Algunos de estos nombres no representan la riqueza del siglo, pero se han dado eslóganes casi periodísticos para definirlo. No podemos comprender la magnitud de nuestro presente, sin examinar lo que nos ha dejado como herencia el siglo XX. Y para asumir sin inquietud los retos pastorales del siglo XXI, debemos afrontar la memoria más reciente. Desde un punto de vista teológico, el siglo XX ha sido extraordinariamente fecundo. A su cobijo, han crecido figuras estelares de la teología que serán todavía muy luminosas en el siglo XXI. También, en el plano eclesial, debemos alegrarnos por la celebración del Concilio Vaticano II, y por todos los frutos abundantes que ha dado en tantos campos de la vida y de la celebración de la Iglesia, de tal manera que lo tenemos como brújula que nos orienta en el presente.

 

En el libro de la edición de la Cátedra 2007 “Ideas para el futuro. Memoria del siglo XX” que acaba de ser presentado, se dice que “ni en Europa occidental, la región más secularizada del mundo, quienes afirman creer en Dios no son una minoría. Más bien al contrario. Por lo tanto una teología responsable y creativa tiene futuro” (Dr. Armand Puig, p. 43). Y señala cuatro retos: 1º. Superar el foso entre fe e historia, abierta por la Ilustración, y acentuar un discurso global sobre la persona de Cristo. 2º. Ensamblar identidad cristiana y pluralidad de formulaciones teológicas. 3º. Formular claramente la mediación única de Jesucristo, sin degradarla ni caer en sincretismos, en el diálogo con las otras religiones, ni tampoco debilitar las afirmaciones fundamentales. Y 4º. Proponer una ética cristiana fundada en el Evangelio y que refleje su cariz profundamente humanizador.

 

¡Debemos pedir al Espíritu que fecunde los trabajos de la Cátedra de Pensamiento cristiano de nuestra Diócesis y nos guíe a la verdad plena!

 

+Joan-Enric Vives, Obispo de Urgell