turismo sostenible como instrumento de desarrollo

En estos días se celebra la Jornada Mundial del Turismo, y la Santa Sede se ha unido a la celebración con un mensaje del Cardenal Turkson que se hace eco de la decisión de la ONU proclamando este año 2017 “Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo” y del lema de la Organización Mundial del Turismo (OMT) para la Jornada de 2017: “El turismo sostenible como instrumento de desarrollo”.

El turismo se ha convertido en un fenómeno de gran importancia, tanto por el número de personas implicadas (viajeros y trabajadores), como por los numerosos beneficios que puede ofrecer (tanto económicos como culturales y sociales), pero también por los riesgos y peligros que en diversos ámbitos puede suponer. En nuestra Diócesis pirenaica y especialmente en el Principado de Andorra este fenómeno merece mucha atención. A nivel mundial, el sector representa el 10% del PIB y el 7% del total de las exportaciones, teniendo en cuenta que 1 de cada 11 puestos de trabajo se encuentra en el turismo.

La doctrina social de la Iglesia enseña que el auténtico desarrollo debe ser “integral”, es decir, “que promueva a todos los hombres y a todo el hombre”. Un “humanismo pleno”, como afirmaba el beato Pablo VI, que incluya las exigencias materiales y espirituales para la maduración de toda persona en su propia dignidad. Más tarde, la ONU introducía el concepto de “desarrollo sostenible”, que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias. Por tanto “desarrollo humano integral”, incluye también esa sostenibilidad, abrazando todos los aspectos de la vida: social, económico, político, cultural, espiritual, y haciéndoles parte de una única síntesis, la persona humana.

De aquí que se hable del “turismo sostenible”. Esto significa que debe ser responsable, no destructivo ni perjudicial para el ambiente ni para el contexto socio-cultural sobre el que incide, particularmente respetuoso con las poblaciones y su patrimonio, orientado a la salvaguardia de la dignidad personal y de los derechos laborales, al tiempo que atento a las personas más desfavorecidas y vulnerables. Las vacaciones y el disfrute del tiempo libre y los deportes deben ser un tiempo noble, en el que cada uno pueda enriquecer su propia vida y la de los demás, y un tiempo de nuevas oportunidades. También debe favorecer la sostenibilidad “ecológica”, que procura no modificar los ecosistemas; la sostenibilidad “social”, que se desarrolla en armonía con la comunidad que acoge; y la sostenibilidad “económica”, que impulsa un crecimiento inclusivo. Una concepción integral del turismo puede contribuir a un auténtico desarrollo sostenible.

El ser humano no actúa como dueño, sino como “administrador responsable” de la Creación. Al reconocernos como hermanos, comprenderemos “el principio de gratuidad y la lógica del don”, que comporta deberes de solidaridad, justicia y caridad universal (cf. Pop.Progressio, 44). Muchos critican el actual modelo turístico y debemos realizar un serio discernimiento para promover prácticas en esta línea, que promuevan un “turismo con rostro humano”, que sea camino hacia la belleza y hacia Dios.