Octubre, mes misionero

«La misión hacia los que aún no conocen la fe (ad gentes) es como una gran e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material». Así habla el Papa Francisco sobre las Misiones. La Iglesia es esencialmente misionera y testimonio de misericordia, y por eso, dice el Papa, «todos estamos invitados a "salir", como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia para llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana».

Actualmente hay unos 500 misioneros catalanes esparcidos por el mundo, y unos 12.000 provienen de toda España, que han marchado para enraizarse en sus nuevos países y lenguas de adopción, que anuncian y sirven con el amor de Cristo y por amor de Cristo. La mayoría son religiosos y religiosas, pero también hay sacerdotes diocesanos, y actualmente también muchos laicos y muchas familias enteras, que han "salido", como Abraham (cf. Gn 12,1). Nos podemos sentir muy orgullosos. Hace un año, la joven misionera catalana Isa Solà, religiosa de Jesús María, fue asesinada en Haití y el impacto tan grande de su vida comprometida y alegre, nos volvió a poner delante de los ojos toda la inmensa tarea que los misioneros desarrollan calladamente, en todo el mundo. Sobre todo, en lugares difíciles y peligrosos, y no quieren marchar de allí. Desde su misión, interpelan nuestra fe y nuestras actuaciones, nuestro estilo de vida y nuestras riquezas que nos debilitan la sensibilidad. Dios reclama que "salgamos" para ir a los otros, a los hermanos, y ofrecerles un testimonio humilde pero coherente de nuestra fe en Jesucristo, y una solidaridad efectiva en los problemas y carencias que puedan estar viviendo. Anunciar la misericordia de Dios, que es el corazón del Evangelio, e intentar que llegue todo el mundo, a toda persona. «Todos los pueblos y culturas tienen el derecho a recibir el mensaje de salvación, que es don de Dios para todos», escribe el Papa Francisco, y destaca que «esto es más necesario aún si tenemos en cuenta la cantidad de injusticias, guerras, crisis humanitarias que esperan una solución. Los misioneros saben por experiencia que el Evangelio del perdón y de la misericordia puede llevar alegría y reconciliación, justicia y paz».

Cuando miramos las colectas para las misiones, los números hablan de generosidad solidaria de nuestra Iglesia de Urgell hacia las Iglesias jóvenes de los países de misión, con tantas y tan diversas carencias y necesidades educativas y pastorales. La Jornada Mundial Misionera, Domund, promovida por la Obra Pontificia de Propagación de la Fe fue creada en 1926, «para auxiliar a las comunidades cristianas necesitadas y para fortalecer el anuncio del Evangelio de un extremo a otro de la tierra».

Conviene que todos seamos más misioneros, ya que actualmente nos damos cuenta de que la misión comienza muy cerca, tal vez en nuestras mismas familias que se olvidan de la fe o se han dormido en la comodidad egoísta. Gracias a todos los que oráis, trabajáis y aportáis donativos para las comunidades más jóvenes y para los misioneros. Necesitan que les ayudemos y seguro que lo revierten hacia nosotros con intercesión y acción de gracias. ¡Ellos son hoy el rostro de la Iglesia valiente que sale de sí misma para anunciar el Evangelio de la alegría!