Noviembre, mes de oración vocacional

Desde hace ya muchos años que venimos realizando una Cadena de Oración por las Vocaciones en el mes de noviembre, que iniciamos en la semana entrante. En Cataluña, noviembre es ya un mes de oración vocacional ininterrumpida en cada Diócesis y entre las 10 Diócesis, para que el Espíritu Santo suscite y fortalezca las vocaciones al ministerio ordenado y a la vida consagrada especialmente, pero también a la entrega misionera y a la vida matrimonial y familiar fiel, y a un compromiso laical en medio de la sociedad, según los carismas que Dios reparte con abundancia. Noviembre debe ser tiempo de orar por los difuntos y por las vocaciones.


La Delegación Diocesana de Pastoral Vocacional de nuestra Diócesis nos invita -unida a las otras Delegaciones de Cataluña-, a realizar una "Cadena de Oración por las vocaciones" para que levantemos las manos y los corazones orantes, fortalecidos por la comunión de los santos, suplicando una acogida verdadera de la llamada de Dios. También es tiempo para afianzar la propia respuesta ya dada, para que no se deteriore sino que se fortalezca y florezca siempre de nuevo. Que bellas las palabras del profeta Oseas: "Yo la seduciré, la llevaré al desierto y le hablaré al corazón... Allí me corresponderá como cuando era joven" (2,16-17). Debemos decir sí incondicionalmente a Dios, o renovar este sí, los que ya lo hayamos pronunciado.

Dos textos recientes de la Santa Sede nos ayudan: La Ratio fundamental para los Seminarios y el Documento preparatorio del Sínodo de 2018. Hablan de que las vocaciones eclesiales son una manifestación de la inconmensurable riqueza de Cristo (Ef 3,8) y, por tanto, deben ser valoradas y cultivadas con toda solicitud pastoral, para que puedan florecer y madurar. La misión de la Iglesia consiste en cuidar del nacimiento, del discernimiento y del acompañamiento de las vocaciones, en especial de las vocaciones al sacerdocio. E invita a todos a rogar al Dueño de la mies que mande trabajadores (Mt 9,38). Hay que sostener las iniciativas que permiten acoger el don divino de nuevas vocaciones: sobre todo la oración personal y comunitaria, así como promover actividades que susciten un clima espiritual que predisponga al discernimiento y la acogida de la vocación. Y es que acoger con alegría y disponibilidad la fe, que es don de la gracia, exige hacerla fecunda a través de elecciones de vida concretas y coherentes. Si la vocación a la alegría del amor es la llamada fundamental que Dios pone en el corazón de cada joven para que su existencia pueda dar fruto, la fe es a la vez don que viene de arriba y respuesta al hecho de sentirse elegidos y queridos. Creer debe significar ponerse a la escucha del Espíritu y en diálogo con la Palabra, que es camino, verdad y vida, con toda la propia inteligencia y afectividad, aprender a confiar en ella. El espacio de este diálogo es la conciencia, que es "el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios; su voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla" (GS 16). Es un espacio inviolable en que se manifiesta la invitación a acoger una promesa. Discernir la voz del Espíritu respecto de otras llamadas y decidir qué respuesta dar es una tarea que corresponde a cada uno. Los demás podemos acompañar y confirmar, pero nunca sustituir.

Se repite, pues, un año más la Cadena de oración, que en Urgell será los días 6, 16 y 26 de noviembre. Si se quiere participar, sólo es necesario que antes del día 2 de noviembre se comunique, en la secretaría del Obispado, indicando días y horas en que se velará, a través de los e-mails: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. i Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. o llamando al 973 350 054.