Orígenes del santuario
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Los orígenes del Santuario y su historia

 Los orígenes del  Santuario de Nuestra Señora de Meritxell se pierden en la lejanía de los tiempos y no se sabe prácticamente nada. Como ocurre con otros santuarios que se encuentran en las mismas condiciones, esta falta de información escrita ha sido suplida por una bonita leyenda, transmitida  durante los siglos de padres a hijos por tradición oral. Con algunas variantes insignificantes, la memoria popular lo explica así:

«Era el 6 de enero, festividad de los Santos Reyes Magos. Los habitantes de la aldea de Meritxell iban a Canillo para asistir a la misa de tan señalado día. Al pasar por donde hoy se levanta el santuario, vieron un escaramujo florecido con las hojas verdes, como si fuera el mes de junio. Extrañados de ver aquella planta verde y florecida, en pleno invierno, se acercaron, y su sorpresa fue grande cuando encontraron, al pie del arbusto, una bella imagen de Nuestra Señora. Explicando el milagro fueron corriendo a decírselo al señor rector. Acabada la misa, se dirigió el celebrante con todo el pueblo, en procesión, a Meritxell, con el fin de recoger la imagen y llevarla a Canillo.

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Después la colocaron en el Altar principal y prometieron construirle un retablo adecuado. Pero al día siguiente, aunque las puertas de la iglesia estaban bien cerradas, la imagen de la Virgen había desaparecido... Todos los habitantes de Canillo, al saberlo, quedaron perplejos, y muchos pensaban que había sido un robo. Hasta que un viajero, que ignoraba los hechos, se presentó diciendo que, al pasar por Meritxell, viniendo de Andorra, había visto una hermosa imagen de Santa Maria al pie de un escaramujo florecido.»

 Cabe decir que la primera mención hasta ahora conocida del nombre de Meritxell, como lugar habitado, es del año 1176, fecha de la célebre concordia de los hombres de Andorra con el obispo de Urgel, entonces Arnau de Preixens, firmada por 383 jefes de casa andorranos. Entre los 61 firmantes de la parroquia de Canillo figura un tal Joan Sibran de Merechel. Entonces Meritxell debía ser una pequeña aldea casi insignificante, y lo continuaría siendo en adelante, ya que las condiciones del lugar no favorecían para nada a su crecimiento. Un censo del siglo XVIII, cuando la población andorrana lograba los niveles más altos, le asigna 8 casas con una treintena de vecinos.

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