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La
imagen de la Virgen de
Meritxell, desaparecida en el incendio del santuario, la noche del 8
al 9 de septiembre de 1972, era una talla románica de madera
policromada, de 0,83 cm de alto, que por su factura, los expertos
coinciden en datar del siglo XII, considerándola, por su rusticidad y
su arcaísmo, una de las más vetustas del área del Pirineo. La Virgen se sentaba en actitud
hierática, en un sitial, del cual habían desaparecido les pomos que
complementaban las cuatro columnitas laterales. En el pequeño
respaldo de detrás había una tapa rectangular que obturaba una
cavidad, destinada seguramente a contener reliquias, como otras “marededéus”
(vírgenes) románicas. Tenía una corona de cinco florones en la cabeza, y debajo
de la corona un velo blanco, con los dobladillos adornados, que le
cubría la cabeza y los hombros. Iba vestida con una túnica de color
rojo, adornada con flores y estrellas, y un mantel azul, en forma de
casulla, de dejaba al descubierto los brazos y las manos. Como otras imágenes del mismo estilo,
llamadas de la “mano larga”, tenía la mano derecha
desmesuradamente grande y alargada, con tal de acentuar el gesto de
bendición, y con la mano izquierda sostenía al Niño Jesús, sentado
en su regazo. Éste, sin corona, vestido con una túnica blanca y un
mantel reojo, tenía en alto, también, la mano derecha en actitud de
bendecir, y con la izquierda sostenía un libro cerrado, sobre de su
pecho. Iba descalzo, a diferencia de la Madre, calzada con unos
zapados muy grandes parecidos a unos zuecos. A parte de los desperfectos
mencionados, sufridos en el transcurso de los siglos, la imagen había
llegado a nuestros días
en relativo buen estado de conservación, excepto la policromía,
sobrepuesta a la original en tiempos modernos. |
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