Mn. Silvestre Arnau Pascuet

La estancia de Mn. Silvestre en La Pobla fue breve, unos nueve meses aproximadamente, pero todo el mundo lo recuerda con mucho afecto y, a la gente, los impresionó muy positivamente su formación intelectual. Todavía hoy lo llaman el Dr. Arnau. Su dedicación a todos, particularmente a los más pequeños de la parroquia, fue otro rasgo muy peculiar de Mn. Silvestre. Pero lo que realmente impacto a la gente de La Pobla fue su profunda vida ascética y mística. Estas características son las mismas que ponderaban sus compañeros del Colegio Español de San José en Roma.

Queda, todavía hoy entre nosotros, un testimonio excepcional que durante cuatro años convivió intensamente, además de la profunda amistad que los unía, con Mn. Silvestre. Nos referimos al Dr. D. Baldomero Jiménez Duque, rector que fue durante muchos años del Seminario de Ávila, uno de los más grandes conocedores de la espiritualidad española del siglo XVI. No duda en afirmar que se trataba de un hombre santo. Que era espiritual, sencillo y humilde, caritativo, y que siempre y en todo lugar transpiraba paz y serenidad. Que lo considera hombre sin defecto y que su persona le recordaba a San Luis Gonzaga o a San Juan Bermans. Acaba diciendo que, en el momento en que tuvo noticia de su martirio, no pudo menos que pensar que aquel suceso era culminación de una vida de fidelidad al Señor y a su Iglesia.