La familia es un gran bien a preservar

"¡Oh admirable intercambio! El Creador de los hombres se ha querido hacer hombre y ha nacido de una Virgen; compartiendo nuestra humanidad, nos ha hecho don de su divinidad". Este texto de la liturgia de Navidad concentra el mensaje cristiano que vamos contemplando y viviendo en este tiempo litúrgico. Jesús es realmente hombre y comparte todo lo que vive la humanidad. Ciertamente, nació en Belén, pero el lugar de los largos año de infancia, adolescencia, juventud y madurez, su lugar familiar, fue Nazaret, con María, José y sus parientes, en un pueblo pequeño, cerca de la gente. Jesús también asumió una vida de familia, por lo que hoy miramos con ojos agradecidos y contemplativos el hogar de Nazaret y la familia de Jesús, para encomendar todos los hogares y todas las familias del mundo.

La Navidad será siempre compromiso y reivindicación de una familia responsable y amorosa para todo niño que nace a la vida. Es una invitación a un compromiso humilde hacia la familia que forman hombres y mujeres con niños y abuelos. Una familia que sea santuario de la vida y del amor; que abra el corazón a la fe y al respeto de las creencias e ideologías de los demás; que eduque en la fraternidad, la justicia y la paz, sin olvidar la apertura a la dimensión religiosa de toda persona.

El Papa Francisco enseña que "todo niño tiene derecho a un padre y a una madre", y por ello, hay que respetar este derecho de los niños por encima de otros debates ideológicos. Todo niño tiene que poder disfrutar de unos padres y una familia que le quieran y que se hagan responsables suyos, que le puedan aportar la complementariedad que él necesita, para crecer en la confianza. Ninguna administración de un país no puede dejar de buscar el mayor bien para sus niños. El hogar que los cristianos defendemos es el de un matrimonio estable entre un hombre y una mujer, donde el niño encuentre hermanos, abuelos, tíos, primos, parentela y un pueblo/nación, con su lengua, cultura, tradiciones y estabilidad institucional. Hay que hacer lo posible para que todo el mundo reciba la oportunidad de un hogar abierto a la vida y al futuro, donde se enseñen los valores del humanismo integral, donde se desplieguen todos los talentos de cada uno de sus miembros, y donde también los fracasos y los dolores sean sostenidos por los otros miembros de la familia. Esta familia necesitará también la ayuda y la apertura amplia de la escuela, de la comunidad cristiana y de la comunidad del pueblo/nación. Quizás pensemos que los ideales son difícilmente alcanzables, pero los ideales deben marcar el camino a las naciones para que se abra paso la justicia y la igualdad y sean protegidos, sobre todo los niños, de los males de la guerra, la violencia, la manipulación, el comercio de órganos, la prostitución y la esclavitud. Los derechos de los niños están por encima de los caprichos de los poderosos y de los grupos de presión que a menudo manipulan la opinión pública.

Jesús, María y José desde el hogar de Nazaret siguen siendo una Familia Sagrada que ilumina el camino de las familias de la tierra. Las virtudes encarnadas en Nazaret continúan siendo un referente para aquellos que buscan la verdad, la justicia y la paz. Encomendemos a Jesús, María y José todas las familias de la tierra: los niños y su educación integral y no manipulada; los jóvenes con su promoción de estudios y de trabajo; los matrimonios, en su estabilidad, maduración y respeto mutuos; los ancianos para que sean valorados como portadores de sabiduría y tradición; los enfermos y discapacitados, para que con su debilidad hagan crecer a los que los rodean; y a todos los que necesitan más coraje para llevar adelante la gozosa y gran aventura que es formar una familia y hacerla crecer.

¡Santa y Feliz Navidad!

En las felicitaciones navideñas de este año, con una bonita reproducción de una Natividad del Frontal del siglo XIII de la iglesia de Sta. María de Cardet en el Valle de Boí, cito un texto significativo del Papa Francisco de la Navidad del 2013, que ahora adjunto a todos los que lean esta Hoja Dominical, para desearos también a todos vosotros, fieles de Urgell o visitantes, una Santa y Feliz Navidad: 

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"La Navidad nos invita a dar gloria a Dios, porque es bueno, fiel, misericordioso. En este día mi deseo es que todo el mundo pueda conocer el verdadero rostro de Dios, el Padre que nos ha dado a Jesús. Me gustaría que todos pudieran sentir a Dios cerca, sentirse en su presencia, que le quieran, que le adoren.
Y que todos nosotros demos gloria a Dios, sobre todo, con la vida, con una vida entregada por amor a Él y a los hermanos."

¡Santas fiestas de Navidad, Año Nuevo y Epifanía!

Son días de familia, de amor, de apertura a la bondad,
de solidaridad con los que sufren.
Por eso tenemos que vivir con intensidad,
con fe y con compromiso las fiestas. ¡Esta es la verdadera Navidad!

Os deseo que Jesús se haga bien presente
en vuestras vidas y las renueve, llenándoos de esperanza.
¡Y que Dios nos bendiga con el don de la Paz!

A todos, mis mejores deseos de alegría evangélica,
la que sólo Jesús, el Hijo de Dios
y el Príncipe de la Paz, puede dar.

¡Santa y Feliz Navidad!

+Joan-Enric Vives
Arzobispo de Urgell

¡La Navidad se acerca! ¡No nos hagamos el sordo!

Jesús llega de nuevo a nuestro mundo, y como dice el Papa Francisco, "el Hijo de Dios en su encarnación nos invitó a la revolución de la ternura" (EG. 88). En la oración del primer domingo de Adviento pedíamos "el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene a nosotros, para que, mediante la práctica de las buenas obras, merezcamos poseer el reino celestial". Nuestras buenas obras debe ser la expresión de la ternura de Dios. Volvamos al fervor de la fe y amemos como Jesús ama.

Con el pesebre, el árbol, los relatos evangélicos de la Infancia de Jesús, la misa de Navidad... podemos aprender a vivir el amor al Señor, que "se hizo carne (= debilidad) y habitó entre nosotros" (Jn 1). Debemos vivirlo nosotros y ayudar a vivirlo a los niños y a todos los de casa. No podríamos celebrar que llega el autor de la vida sin alegría ni conversión (cf. S. León Magno). La fiesta que Jesús quiere regalarnos con su Nacimiento debe ser para todos: abramos el corazón, por tanto, al Señor que llega, para que renazca en nosotros su salvación; abramos nuestro hogar a todos, sin exclusiones, con una reconciliación que ha de ser un volver a empezar en las relaciones de familia, amigos, trabajo, pueblo...; abramos nuestra economía a los parados y a los que menos tienen, con un compartir solidario, con gastos austeros y razonables; demos de lo que somos y tenemos, para que se pueda realizar de nuevo el milagro de la multiplicación del amor, que todo lo rehace y lo renueva; abramos nuestros criterios y juicios cerrados y autorreferenciales al criterio del amor misericordioso de Dios y al servicio preferencial de los pobres, y seguramente muchas cosas cambiarán. La Navidad se tiene que notar en nuestra manera de vivir cristiana.

El Papa Francisco, en un mensaje al Cardenal de Barcelona y a los participantes en el "Congreso Internacional de Pastoral de las grandes ciudades" hace tres semanas, nos invitaba a "seguir reflexionando, de manera creativa, sobre la manera de afrontar la tarea evangelizadora en los grandes núcleos urbanos, cada vez en mayor expansión, y en los que todos necesitan sentir la proximidad y la misericordia de Dios, que nunca los abandona. Él siempre sabe hacerse encontradizo, tiene la iniciativa para ofrecer el sentido de la vida verdadera a los que están solos, desorientados o sufren por las heridas provocadas a menudo por una sociedad frenética e insolidaria. La Iglesia tiene la misión de hacer llegar la Buena Noticia de Jesucristo y su amor salvador a los diferentes ambientes, sin temer el pluralismo y sin caer en discriminación. No considera una pérdida salir a las periferias, o cambiar los esquemas acostumbrados, si es necesario. Como una madre, lo que le interesa es el bien de sus hijos, sin escatimar esfuerzos y sacrificios: que no les falte la luz del Evangelio para llevar una vida fecunda de esperanza, de alegría y de paz; que no les falte acogida para sentirse integrados en una comunidad, sea en circunstancias de disgregación como de frío anonimato; que crezca en ellos el espíritu de auténtica solidaridad con todos, especialmente con los más necesitados."

Cáritas nos indica el buen camino, así como otros reclamos de grupos, asociaciones y personas, que nos hacen llegar el clamor de los más pobres. Es necesario que estos días y siempre, hagamos nuestra la generosidad del Evangelio y ayudemos con obras buenas y solidariamente. ¿Qué haremos por los demás esta Navidad? ¿Qué conversiones tengo que hacer? ¿Qué me está pidiendo el Señor, que me habla a través de los necesitados? ¡La Navidad se acerca! ¡No nos hagamos el sordo!

“¡Ven Señor Jesús!” (Ap 22,20)

"¡Ven Señor Jesús!". Nuevamente te lo repetimos con fe y esperanza en este Adviento que prepara la Navidad. ¡Cómo te necesitamos! Ven Jesús y curarnos; ven, Tú que eres el Salvador, y líbranos del pecado y del mal; ven, Tú que eres el Camino, la Verdad y la Vida, y ábrenos la ruta luminosa de tu amistad, que hace que todo estorbo se convierta en un estímulo para crecer y unirnos más a Ti.

"Ven Señor" y danos un corazón humilde y dispuesto a recibirte, como el de tu Madre, la Virgen Inmaculada, sin pecado concebida, toda tuya, en nada del pecado o de lo que sea negativo o contrario a Dios y a su amor... El mundo te necesita. Necesitamos que vengas, Señor; que nos regales un poco de tu luz brillante, la que iluminó a tu Madre, y que María, siempre Virgen, refleja hacia los hijos, como un faro que nos orienta.

"Ven Señor" y llénanos del Espíritu Santo que todo lo suaviza y encamina. Sólo el Espíritu nos hace sencillos de corazón, como los niños, al tiempo que nos hace fuertes en las contrariedades. El Espíritu nos ayuda a recibirlo todo como un don, a recibirte con el corazón bien abierto, sin orgullo ni amor propio, sino agradecidamente, porque todo es gracia tuya. Cambia nuestra Iglesia diocesana y cólmala de tu bendición para que anuncie con gozo la salvación.

"Ven Señor" y disponnos a vivir la vida con los ojos bien abiertos, para descubrir las necesidades de los que nos rodean, y los sufrimientos de los que padecen, cerca de nosotros o lejos de nosotros, para que lo vivamos como si nos pasara a nosotros mismos, en comunión sincera.

"Ven Señor" y enséñanos a poner en práctica lo que significa amar con obras y no sólo con palabras, o con deseos pasajeros, o sólo sentimentalmente... Que en nuestra vida pasemos de los ideales a las realizaciones, que nos abramos a los pobres, los enfermos, los que están solos, los que son pisoteados en su dignidad, y a todos los que nos necesitan; y ya desde ahora, haz que llevemos una vida más solidaria, con un estilo de compartir y ayudar en lo que podamos.

"Ven Señor" y une nuestra familia y todas las familias de la tierra para que seamos pequeños santuarios de amor y de vida, donde cada uno sea reconocido, acogido y amado como necesita y como se merece. Que los niños encuentren referentes válidos en su educación, los jóvenes encuentren trabajo y estímulo para el compromiso estable de vida, los matrimonios aprendan a ser complementarios y los ancianos sean valorados como los sabios de la familia y los que aportan la tradición de nuestros orígenes culturales y religiosos.

"Ven Señor" y derrama la Paz en nuestro mundo, tan marcado por la crisis económica, por la crisis moral, y por una cultura que margina y descarta a las personas, porque se basa en la máxima ganancia y en el egoísmo individualista. Tú que eres el Príncipe de la Paz, siémbrala en los lugares donde campa la violencia, la persecución religiosa y la guerra, y reconcílianos para que seamos realmente hermanos, e hijos de un mismo Padre celestial. ¡Ven Señor Jesús!