200 años de los Hermanos Maristas

En este 2017 se están celebrando los 200 años de la fundación del Instituto religioso de los "Hermanos Maristas de las Escuelas", o "Pequeños Hermanos de María", más conocidos como Hermanos Maristas, fundados el 2 de enero de 1817 en La Valla (Francia) por un joven sacerdote, san Marcelino Champagnat. Había nacido el 20 de mayo de 1789, al inicio de la Revolución francesa, en Rosey, en las montañas del Loira, cerca de Lyon, y murió en Saint-Chamond el 6 de junio de 1840. Ya sacerdote de Lyon (1816), viendo el abandono material y espiritual de los jóvenes, fundó una Congregación dedicada a la instrucción y la catequesis de la juventud pobre. El deseo de Marcelino era formar educadores y catequistas con un espíritu práctico para poder atender su misión: educar a niños y jóvenes y anunciarles el Evangelio. Y todo bajo la protección de María, la Buena Madre, como la llamaba con ternura, y de la que los Maristas se sienten "pequeños hermanos".

Hace pocos días lo celebraron gozosamente en el Monasterio de Les Avellanes, dentro de nuestra Diócesis, donde está la residencia de los hermanos mayores, y el cementerio de la provincia religiosa, además de un hermoso lugar de retiro y de reuniones. El lema elegido para las celebraciones del bicentenario es bien sugerente: "Un nuevo comienzo". Quiere sintetizar el programa de renovación que supone mirar con agradecimiento el pasado, discernir el presente y abrirse con esperanza al futuro. En el Mensaje que el Papa Francisco ha remitido a los Maristas les dice: "Pertenecéis a una gran familia, rica de testigos, que han sabido dar sus vidas por amor a Dios y al prójimo con ese espíritu de hermandad que caracteriza la Congregación y que convierte al otro en «hermano querido; que lo es muchísimo para mí» (Epístola a Filemón 16). Estos dos siglos de existencia se han transformado a la vez en una gran historia de entrega a favor de los niños y jóvenes que habéis acogido a lo ancho de los cinco continentes y habéis formado para que fueran buenos ciudadanos y, sobre todo, buenos cristianos. Estas obras de bien son expresión de la bondad y misericordia de Dios que, a pesar de nuestras limitaciones y torpezas, nunca se olvida de sus hijos". Y el Papa los alienta a examinarse a la luz del Espíritu y discernir cómo ser hoy innovadores en el ámbito educativo y formativo, y estar totalmente entregados a la educación de los corazones, cuidando los religiosos su propio campo interior, sus reservas humanas y espirituales, para poder salir a sembrar y cuidar el terreno que les han confiado, para ser así sencillos instrumentos en las manos de Dios.

Los Maristas quieren estar abiertos con esperanza al futuro, caminar con espíritu renovado, guiados por el lema de su Instituto religioso que ya es todo un proyecto de vida: «Todo a Jesús por María; todo a María para Jesús». Se trata de confiar en María y dejarse guiar por Ella en su humildad y servicio, en su prontitud y entrega silenciosas, y transmitir con el ejemplo estas actitudes. Desde nuestra Diócesis de Urgell pedimos a la Inmaculada Virgen María que acompañe a nuestros queridos Hermanos Maristas en la fidelidad a su vocación, para que contribuyan a crear una humanidad siempre y continuamente renovada, donde quienes son vulnerables o descartados puedan experimentar que son valorados y queridos. Estimulados por el ejemplo de los Hermanos Maristas, y en este mes de María que estamos celebrando, todos debemos renovar nuestro "sí" mariano a la voluntad de Dios, con la certeza de que Él, como Padre bueno, no defraudará nuestra esperanza.