Caminar con los jóvenes: salir, ver y llamar

El Sínodo sobre “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” tiene a mi modo de ver un aspecto fundamental para la pastoral de la Iglesia respecto a ellos y que nos atañe a todos: se trata de saber acompañar a los jóvenes, “caminar con ellos”. Y el Documento preparatorio del Sínodo explica que acompañar a los jóvenes exige salir de los propios esquemas preconfeccionados, encontrándolos allí donde están, adecuándose a sus tiempos y a sus ritmos; tomarlos en serio en su dificultad para descifrar la realidad en la que viven y para transformar un anuncio recibido en gestos y palabras, en el esfuerzo cotidiano por construir la propia historia y en la búsqueda más o menos consciente de un sentido para sus vidas.

Es necesario realizar un camino, que a veces también pasa a través de vías imprevisibles y alejadas. El Papa Francisco recuerda que «la pastoral vocacional es aprender el estilo de Jesús, que pasa por los lugares de la vida cotidiana, se detiene sin prisa y, mirando a los hermanos con misericordia, les lleva a encontrarse con Dios Padre». Hay que valorizar la creatividad de cada comunidad para construir propuestas capaces de captar la originalidad de cada joven y secundar su desarrollo. En muchos casos se tratará también de aprender a dar espacio real a la novedad, sin sofocarla. «Ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades» (EG 33).

Tres verbos, que en los Evangelios connotan el modo en el que Jesús encuentra a las personas de su tiempo, nos ayudan a estructurar este estilo pastoral amplio con los jóvenes: salir, ver y llamar.

Salir.- Abandonar las rigideces que hacen que sea menos creíble el anuncio de la alegría del Evangelio, sin encasillar ni presentarse la Iglesia de forma anacrónica. Salir es signo de libertad interior respecto a las actividades y a las preocupaciones habituales, a fin de permitir a los jóvenes ser protagonistas. La comunidad cristiana será atractiva cuanto más la experimenten acogedora.

Ver.- Mirar, salir hacia el mundo de los jóvenes requiere la disponibilidad para pasar tiempo con ellos, escuchar sus historias, sus alegrías y esperanzas, sus tristezas y angustias, compartiéndolas. Esta es la vía para inculturar el Evangelio y evangelizar toda cultura, también la juvenil. Esta es la mirada de todo auténtico pastor, la verdadera mirada del discernimiento, que no quiere apoderarse de la conciencia ajena ni predeterminar el camino de la gracia de Dios a partir de los propios esquemas.

Llamar.- La mirada de amor de Jesús se transforma en una llamada a una novedad que se debe acoger, explorar y construir. Llamar quiere decir despertar el deseo, mover a las personas de lo que las tiene bloqueadas o de las comodidades en las que descansan. Llamar quiere decir hacer preguntas para las que no hay respuestas predeterminadas. Esto, y no la prescripción de normas que se deben respetar, es lo que estimula a las personas a ponerse en camino y encontrar la alegría del Evangelio.

El Sínodo recoge el gran reto del acercamiento a los jóvenes por parte de todos: familias, escuelas, parroquias, política, empresa, sociedad…