25 años del Catecismo de la Iglesia Católica

Hace 25 años, el 11 de octubre de 1992, el Papa S. Juan Pablo II, con "Fidei depositum", aprobaba y regalaba a la Iglesia "El Catecismo de la Iglesia Católica", uno de los textos más importantes que dimanan del Concilio Vaticano II, que expresa y formula el tesoro de la fe de la Iglesia. En tiempos difíciles de "dictadura del relativismo" (Benedicto XVI) el Catecismo ha sido y es el lugar de referencia de la fe de la Iglesia y regla segura de sus enseñanzas.

El Catecismo fue fruto de una amplísima cooperación. Su redacción duró 6 años por parte una Comisión que presidió el Cardenal Joseph Ratzinger y que elaboró el texto, ponderó las modificaciones y examinó las observaciones de numerosos teólogos, exegetas, expertos en catequesis, y, sobre todo, de los obispos del mundo entero. Se puede decir que el Catecismo fue el fruto de una colaboración de todo el Episcopado de la Iglesia Católica, y atestigua así la naturaleza colegial del episcopado y la catolicidad de la Iglesia.

Presenta con fidelidad y de modo orgánico la doctrina de la Sagrada Escritura, de la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, así como de la herencia espiritual de los Padres y Santos. Tiene en cuenta, también, las declaraciones doctrinales inspiradas por el Espíritu Santo e ilumina con la luz de la fe las situaciones nuevas y los problemas que en otras épocas no se habían planteado aún. Tiene 4 partes: Credo; Liturgia, con los sacramentos en primer lugar; el Actuar cristiano, expuesto a partir del Decálogo; y, por último, la Oración cristiana. Las cuatro están relacionadas entre sí: el misterio cristiano es el objeto de la fe (1ª parte); ese misterio es celebrado y comunicado en las acciones litúrgicas (2ª parte); está presente para iluminar y sostener a los hijos de Dios en su obrar (3ª parte); inspira nuestra oración, cuya expresión principal es el "Padre nuestro", y constituye el objeto de nuestra súplica, nuestra alabanza y nuestra intercesión (4ª parte).

Los Obispos de Cataluña decíamos en el documento "Transmitir el tesoro de la fe" (2013) que los esfuerzos realizados por comunicar el Evangelio y educar la fe de la manera que en cada momento ha parecido más adecuada han sido muy importantes en Cataluña y han contado con el servicio generoso de muchos cristianos. A la hora de un balance, algunos podrían hacer suya la lamentación de Simón: “Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada” (Lc 5,5). Hoy no sólo palpamos la dificultad de transmitir la fe, sino que además nos preguntamos qué es lo que no hemos hecho bien, porque el testimonio y el anuncio tantas veces realizados, parecen infructuosos. Sin embargo, lejos de caer en la inacción o el pesimismo, seguimos sintiendo que la misión encomendada por Jesús a su Iglesia está muy viva y que ésta, lejos de ninguna ambición terrenal, “sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu Defensor, la obra misma de Cristo que vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no condenar, a servir y no a ser servido” (GS 3).

Renovemos la acogida del Catecismo con espíritu de comunión y usémoslo asiduamente para anunciar la fe. Es texto de referencia seguro y auténtico para la enseñanza de la doctrina católica, y sobre todo para la elaboración de los catecismos locales. Se ofrece a todo hombre que nos pida razón de la esperanza que hay en nosotros (cf. 1Pe 3,15) y que desee conocer lo que cree la Iglesia católica.

Claretianos, "Misioneros hasta el final"

El próximo sábado día 21, en la basílica de la Sda. Familia de Barcelona, celebraremos con mucha alegría la beatificación de 109 mártires de la persecución religiosa durante la guerra civil española, los Claretianos P. Mateu Casals, presbítero, Teófilo Casajús, estudiante y Ferran Saperas, hermano, con otros 106 religiosos. Entre ellos está el P. Xavier Morell y Cabiscol, nacido en Albesa, en nuestra Diócesis de Urgell, el 20 de enero de 1910 y bautizado a les tres días, que profesó como claretiano en 1927 y fue ordenado sacerdote en Barbastro el 19 de abril de 1936, pocos meses antes de dar la vida fusilado en el cementerio de Lleida, la noche del 20 al 21 de agosto de 1936. Fue enterrado en la fosa común.
 
El grupo de estos 109 mártires pertenecían a las Comunidades Claretianas de Cervera-Mas Claret y Solsona (60), de Barcelona (8), de Sabadell (8), de Lleida (11), de Vic y Sallent (15). De fuera de Cataluña la causa incluye los mártires de Castro Urdiales en Santander (3) y de Valencia (4). En el Mas Claret de Cervera, el Aplec martirial en memoria de los 19 mártires que fueron asesinados en octubre de 1936 continúa muy viva. El P. Provincial Ricard Costa-Jussà destacó que el testimonio de perdón de los mártires sólo se explica porque "tuvieron la experiencia de sentirse amados por Dios" y porque "sólo podemos sentir verdaderamente el perdón, si realmente hemos sido amados". Esta es la experiencia que tuvieron los mártires y que deberíamos imitar hoy: "la invitación de Jesús a vivir el amor hasta el extremo, pidiéndonos que no perdonamos una vez, sino 70 veces 7".

El P. Xavier Morell, hijo de José y Antonia -payeses-, tenía otros dos hermanos varones. De muy joven ya cursó los estudios en Vic y Solsona, profesó, y después de la ordenación presbiteral fue destinado a Lleida, donde llegó el 25 de junio de 1936, su primer y único destino. Le habían orientado a la predicación y la catequesis, y era observante y piadoso. Fue detenido y llevado a la cárcel de Lleida el 21 de julio, donde pudo aún escribir 2 cartas. En una a sus padres les cuenta su estado de ánimo y su disposición al martirio, la gran gracia que Dios le concede. Les dice:

"Muy queridos y recordadísimos padres: ¡Salve! Desde la prisión, quizás sólo a pocos momentos de entregar mi alma a Dios, quiero dirigirme a Uds. para decirles que muero contento y gustoso ofrezco mi vida y todas mis ilusiones misioneras por el completo y total reinado en España del Sagrado Corazón de Jesús y del purísimo Corazón de María. No se entristezcan por mi destino, que es gloriosísimo como es dar la sangre por Jesucristo. Alégrense, pues ya pueden contar con un hijo suyo mártir; mártir por la Religión y mártir por la Patria, y soy mártir porque sólo por ser religioso estoy preso y por ser religiosos acaban de caer tres compañeros míos. No piensen que tengo miedo: ahora más que nunca doy gracias a Dios por haberme hecho religioso y sacerdote. ¡¡¡Religioso sacerdote mártir de Jesucristo!!! ¿quieren mayor gloria? Ahora más que nunca, queridísimos padres, pensaré siempre en Uds. desde el cielo y tendrán un poderoso abogado ante nuestro Señor. Les escribo en medio del pánico y temblando. Perdónenme, que no puedo más. En el cielo les espero a todos sin faltar ni uno. Escriban pronto a mis Superiores en cualquier casa que conozcan y sepan que aún viven allí, para que se ofrezcan por mi pobre alma los sufragios de Regla para que Dios se compadezca de mis pecados y me dé el descanso eterno. ¡¡¡Ánimo!!!... Que todo sea para gloria de Dios y bien de nuestra patria. Queden con Dios... y ¡¡¡hasta el cielo!!!... Afectísimo hijo suyo en Jesús y María. Xavier,CMF." Demos gracias a Dios y alabémosle por el testimonio luminoso de este mártir, honor de Albesa,"Misionero hasta el final".

Octubre, mes misionero

«La misión hacia los que aún no conocen la fe (ad gentes) es como una gran e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material». Así habla el Papa Francisco sobre las Misiones. La Iglesia es esencialmente misionera y testimonio de misericordia, y por eso, dice el Papa, «todos estamos invitados a "salir", como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia para llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana».

Actualmente hay unos 500 misioneros catalanes esparcidos por el mundo, y unos 12.000 provienen de toda España, que han marchado para enraizarse en sus nuevos países y lenguas de adopción, que anuncian y sirven con el amor de Cristo y por amor de Cristo. La mayoría son religiosos y religiosas, pero también hay sacerdotes diocesanos, y actualmente también muchos laicos y muchas familias enteras, que han "salido", como Abraham (cf. Gn 12,1). Nos podemos sentir muy orgullosos. Hace un año, la joven misionera catalana Isa Solà, religiosa de Jesús María, fue asesinada en Haití y el impacto tan grande de su vida comprometida y alegre, nos volvió a poner delante de los ojos toda la inmensa tarea que los misioneros desarrollan calladamente, en todo el mundo. Sobre todo, en lugares difíciles y peligrosos, y no quieren marchar de allí. Desde su misión, interpelan nuestra fe y nuestras actuaciones, nuestro estilo de vida y nuestras riquezas que nos debilitan la sensibilidad. Dios reclama que "salgamos" para ir a los otros, a los hermanos, y ofrecerles un testimonio humilde pero coherente de nuestra fe en Jesucristo, y una solidaridad efectiva en los problemas y carencias que puedan estar viviendo. Anunciar la misericordia de Dios, que es el corazón del Evangelio, e intentar que llegue todo el mundo, a toda persona. «Todos los pueblos y culturas tienen el derecho a recibir el mensaje de salvación, que es don de Dios para todos», escribe el Papa Francisco, y destaca que «esto es más necesario aún si tenemos en cuenta la cantidad de injusticias, guerras, crisis humanitarias que esperan una solución. Los misioneros saben por experiencia que el Evangelio del perdón y de la misericordia puede llevar alegría y reconciliación, justicia y paz».

Cuando miramos las colectas para las misiones, los números hablan de generosidad solidaria de nuestra Iglesia de Urgell hacia las Iglesias jóvenes de los países de misión, con tantas y tan diversas carencias y necesidades educativas y pastorales. La Jornada Mundial Misionera, Domund, promovida por la Obra Pontificia de Propagación de la Fe fue creada en 1926, «para auxiliar a las comunidades cristianas necesitadas y para fortalecer el anuncio del Evangelio de un extremo a otro de la tierra».

Conviene que todos seamos más misioneros, ya que actualmente nos damos cuenta de que la misión comienza muy cerca, tal vez en nuestras mismas familias que se olvidan de la fe o se han dormido en la comodidad egoísta. Gracias a todos los que oráis, trabajáis y aportáis donativos para las comunidades más jóvenes y para los misioneros. Necesitan que les ayudemos y seguro que lo revierten hacia nosotros con intercesión y acción de gracias. ¡Ellos son hoy el rostro de la Iglesia valiente que sale de sí misma para anunciar el Evangelio de la alegría!

turismo sostenible como instrumento de desarrollo

En estos días se celebra la Jornada Mundial del Turismo, y la Santa Sede se ha unido a la celebración con un mensaje del Cardenal Turkson que se hace eco de la decisión de la ONU proclamando este año 2017 “Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo” y del lema de la Organización Mundial del Turismo (OMT) para la Jornada de 2017: “El turismo sostenible como instrumento de desarrollo”.

El turismo se ha convertido en un fenómeno de gran importancia, tanto por el número de personas implicadas (viajeros y trabajadores), como por los numerosos beneficios que puede ofrecer (tanto económicos como culturales y sociales), pero también por los riesgos y peligros que en diversos ámbitos puede suponer. En nuestra Diócesis pirenaica y especialmente en el Principado de Andorra este fenómeno merece mucha atención. A nivel mundial, el sector representa el 10% del PIB y el 7% del total de las exportaciones, teniendo en cuenta que 1 de cada 11 puestos de trabajo se encuentra en el turismo.

La doctrina social de la Iglesia enseña que el auténtico desarrollo debe ser “integral”, es decir, “que promueva a todos los hombres y a todo el hombre”. Un “humanismo pleno”, como afirmaba el beato Pablo VI, que incluya las exigencias materiales y espirituales para la maduración de toda persona en su propia dignidad. Más tarde, la ONU introducía el concepto de “desarrollo sostenible”, que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias. Por tanto “desarrollo humano integral”, incluye también esa sostenibilidad, abrazando todos los aspectos de la vida: social, económico, político, cultural, espiritual, y haciéndoles parte de una única síntesis, la persona humana.

De aquí que se hable del “turismo sostenible”. Esto significa que debe ser responsable, no destructivo ni perjudicial para el ambiente ni para el contexto socio-cultural sobre el que incide, particularmente respetuoso con las poblaciones y su patrimonio, orientado a la salvaguardia de la dignidad personal y de los derechos laborales, al tiempo que atento a las personas más desfavorecidas y vulnerables. Las vacaciones y el disfrute del tiempo libre y los deportes deben ser un tiempo noble, en el que cada uno pueda enriquecer su propia vida y la de los demás, y un tiempo de nuevas oportunidades. También debe favorecer la sostenibilidad “ecológica”, que procura no modificar los ecosistemas; la sostenibilidad “social”, que se desarrolla en armonía con la comunidad que acoge; y la sostenibilidad “económica”, que impulsa un crecimiento inclusivo. Una concepción integral del turismo puede contribuir a un auténtico desarrollo sostenible.

El ser humano no actúa como dueño, sino como “administrador responsable” de la Creación. Al reconocernos como hermanos, comprenderemos “el principio de gratuidad y la lógica del don”, que comporta deberes de solidaridad, justicia y caridad universal (cf. Pop.Progressio, 44). Muchos critican el actual modelo turístico y debemos realizar un serio discernimiento para promover prácticas en esta línea, que promuevan un “turismo con rostro humano”, que sea camino hacia la belleza y hacia Dios.