Clausura del Año de la misericordia en la Diócesis de Urgell

El domingo 13 de noviembre se clausuró de forma bien emotiva toda la Diócesis de Urgell el Año de la Misericordia que el Papa Francisco había convocado con la Bula Misericordiae Vulture y que se había inaugurado el 8 de diciembre del año pasado. Especialmente significativa fue la clausura a los 5 templos jubilares de Urgell: la Catedral de Santa María; la Basílica-Santuario de la Virgen de Nuria; la Basílica-Santuario de la Virgen de Meritxell; la Basílica de la Virgen de Valldeflors en Tremp; y la Basílica-Santuario del Santo Cristo de Balaguer.

En la Catedral de Santa María de La Seu d'Urgell la celebración fue presidida por el Arzobispo Joan-Enric acompañado por el Rector y Decano del Capítulo de Canónigos Mn. Xavier Parés.

En su homilía Mons. Vives subrayó como en aquel domingo no se cerraba ninguna puerta porque la Puerta que es Jesucristo y su Amor y Misericordia quedan siempre abiertas, como dice su Sagrado Corazón, siempre abierto desde la Cruz para misericordiar, acoger, lavar, perdonar, curar, suavizar heridas y salvarnos y resucitar con Él a una nueva vida de la gracia y del amor ardiente del Espíritu. El Arzobispo puso de relieve como todo cristiano es un embajador del perdón y la reconciliación que Cristo nos ha obtenido y que nos envía a ser misericordiosos con todos, especialmente saliendo al encuentro de los pobres y marginados. El lema de este año de la misericordia, misericordiosos como el Padre (Lc 6,36), no puede quedarse en un simple eslogan sino que debe ser un compromiso de vida para todo cristiano. Cuando Jesús nos pide ser misericordiosos como el Padre no piensa en la cantidad, ya que nuestro amor humano siempre es limitado e imperfecto, sino que nos pide ser canales, testigos de su misericordia.

También Mons. Vives glosó las lecturas proclamadas del domingo XXXIII del tiempo ordinario que, al cerrarse el año litúrgico, nos hablan del fin de la historia personal y colectiva, y la llegada del Día del Señor, que es de justicia, de perdón y de salvación. Las lecturas recuerdan que el futuro está en manos de Dios y que nuestra patria definitiva no es ésta sino la del cielo. Estamos llamados a la vida para siempre, y por eso no nos podemos aferrar a esta vida caduca, mortal ... Y citó San Agustín cuando nos encamina hacia la plenitud, recordando que "estamos hechos para Dios y nuestro corazón no repondrá hasta que descanse en Dios ", y también el poeta Miquel Martí i Pol en su famoso verso" todo está por hacer y todo es posible "que según una encuesta del Diario Ahora (2012) era la más querida del público catalán con 18, 32% de votos en una votación popular entre sus lectores. El Arzobispo cerró su homilía recordando como el Francisco concreta la misericordia en dos actitudes fundamentales: perdonar y dar, que comentó.

Después de la comunión la celebración se cerró con el canto del Magnificat a la Virgen, recordando la misericordia de Dios de generación en generación, y haciendo una breve memoria de tantos actos y actitudes vividos en la Diócesis y en todo el mundo en este Año jubilar de gracia. Cerró con la bendición del Sr. Arzobispo sobre el Pueblo de Dios pidiendo al Señor que nos muestre su misericordia y nos asista para que sepamos reconocer a Cristo como Pastor y Guía de nuestras almas y nos renovamos espiritualmente.