La paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica

Mensaje del Santo Padre Francisco para la celebración de la 53ª Jornada Mundial de la Paz 

1 de enero de 2020

La paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica
 

1. La paz, camino de esperanza ante los obstáculos y las pruebas

La paz, como objeto de nuestra esperanza, es un bien precioso, al que aspira toda la humanidad. Esperar en la paz es una actitud humana que contiene una tensión existencial, y de este modo cualquier situación difícil «se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino»[1].  En este sentido, la esperanza es la virtud que nos pone en camino, nos da alas para avanzar, incluso cuando los obstáculos parecen insuperables.

Nuestra comunidad humana lleva, en la memoria y en la carne, los signos de las guerras y de los conflictos que se han producido, con una capacidad destructiva creciente, y que no dejan de afectar especialmente a los más pobres y a los más débiles. Naciones enteras se afanan también por liberarse de las cadenas de la explotación y de la corrupción, que alimentan el odio y la violencia. Todavía hoy, a tantos hombres y mujeres, niños y ancianos se les niega la dignidad, la integridad física, la libertad, incluida la libertad religiosa, la solidaridad comunitaria, la esperanza en el futuro. Muchas víctimas inocentes cargan sobre sí el tormento de la humillación y la exclusión, del duelo y la injusticia, por no decir los traumas resultantes del ensañamiento sistemático contra su pueblo y sus seres queridos.

Las terribles pruebas de los conflictos civiles e internacionales, a menudo agravados por la violencia sin piedad, marcan durante mucho tiempo el cuerpo y el alma de la humanidad. En realidad, toda guerra se revela como un fratricidio que destruye el mismo proyecto de fraternidad, inscrito en la vocación de la familia humana.

Sabemos que la guerra a menudo comienza por la intolerancia a la diversidad del otro, lo que fomenta el deseo de posesión y la voluntad de dominio. Nace en el corazón del hombre por el egoísmo y la soberbia, por el odio que instiga a destruir, a encerrar al otro en una imagen negativa, a excluirlo y eliminarlo. La guerra se nutre de la perversión de las relaciones, de las ambiciones hegemónicas, de los abusos de poder, del miedo al otro y la diferencia vista como un obstáculo; y al mismo tiempo alimenta todo esto.

Es paradójico, como señalé durante el reciente viaje a Japón, que «nuestro mundo vive la perversa dicotomía de querer defender y garantizar la estabilidad y la paz en base a una falsa seguridad sustentada por una mentalidad de miedo y desconfianza, que termina por envenenar las relaciones entre pueblos e impedir todo posible diálogo. La paz y la estabilidad internacional son incompatibles con todo intento de fundarse sobre el miedo a la mutua destrucción o sobre una amenaza de aniquilación total; sólo es posible desde una ética global de solidaridad y cooperación al servicio de un futuro plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana de hoy y de mañana»[2].

Cualquier situación de amenaza alimenta la desconfianza y el repliegue en la propia condición. La desconfianza y el miedo aumentan la fragilidad de las relaciones y el riesgo de violencia, en un círculo vicioso que nunca puede conducir a una relación de paz. En este sentido, incluso la disuasión nuclear no puede crear más que una seguridad ilusoria.

Por lo tanto, no podemos pretender que se mantenga la estabilidad en el mundo a través del miedo a la aniquilación, en un equilibrio altamente inestable, suspendido al borde del abismo nuclear y encerrado dentro de los muros de la indiferencia, en el que se toman decisiones socioeconómicas, que abren el camino a los dramas del descarte del hombre y de la creación, en lugar de protegerse los unos a los otros[3]. Entonces, ¿cómo construir un camino de paz y reconocimiento mutuo? ¿Cómo romper la lógica morbosa de la amenaza y el miedo? ¿Cómo acabar con la dinámica de desconfianza que prevalece actualmente?

Debemos buscar una verdadera fraternidad, que esté basada sobre nuestro origen común en Dios y ejercida en el diálogo y la confianza recíproca. El deseo de paz está profundamente inscrito en el corazón del hombre y no debemos resignarnos a nada menos que esto.
 

2. La paz, camino de escucha basado en la memoria, en la solidaridad y en la fraternidad

Los Hibakusha, los sobrevivientes de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, se encuentran entre quienes mantienen hoy viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió en agosto de 1945 y el sufrimiento indescriptible que continúa hasta nuestros días. Su testimonio despierta y preserva de esta manera el recuerdo de las víctimas, para que la conciencia humana se fortalezca cada vez más contra todo deseo de dominación y destrucción: «No podemos permitir que las actuales y nuevas generaciones pierdan la memoria de lo acontecido, esa memoria que es garante y estímulo para construir un futuro más justo y más fraterno»[4].

Como ellos, muchos ofrecen en todo el mundo a las generaciones futuras el servicio esencial de la memoria, que debe mantenerse no sólo para evitar cometer nuevamente los mismos errores o para que no se vuelvan a proponer los esquemas ilusorios del pasado, sino también para que esta, fruto de la experiencia, constituya la raíz y sugiera el camino para las decisiones de paz presentes y futuras.

La memoria es, aún más, el horizonte de la esperanza: muchas veces, en la oscuridad de guerras y conflictos, el recuerdo de un pequeño gesto de solidaridad recibido puede inspirar también opciones valientes e incluso heroicas, puede poner en marcha nuevas energías y reavivar una nueva esperanza tanto en los individuos como en las comunidades.

Abrir y trazar un camino de paz es un desafío muy complejo, en cuanto los intereses que están en juego en las relaciones entre personas, comunidades y naciones son múltiples y contradictorios. En primer lugar, es necesario apelar a la conciencia moral y a la voluntad personal y política. La paz, en efecto, brota de las profundidades del corazón humano y la voluntad política siempre necesita revitalización, para abrir nuevos procesos que reconcilien y unan a las personas y las comunidades.

El mundo no necesita palabras vacías, sino testigos convencidos, artesanos de la paz abiertos al diálogo sin exclusión ni manipulación. De hecho, no se puede realmente alcanzar la paz a menos que haya un diálogo convencido de hombres y mujeres que busquen la verdad más allá de las ideologías y de las opiniones diferentes. La paz «debe edificarse continuamente»[5], un camino que hacemos juntos buscando siempre el bien común y comprometiéndonos a cumplir nuestra palabra y respetar las leyes. El conocimiento y la estima por los demás también pueden crecer en la escucha mutua, hasta el punto de reconocer en el enemigo el rostro de un hermano.

Por tanto, el proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. Es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre, paso a paso, a una esperanza común, más fuerte que la venganza. En un Estado de derecho, la democracia puede ser un paradigma significativo de este proceso, si se basa en la justicia y en el compromiso de salvaguardar los derechos de cada uno, especialmente si es débil o marginado, en la búsqueda continua de la verdad[6]. Es una construcción social y una tarea en progreso, en la que cada uno contribuye responsablemente a todos los niveles de la comunidad local, nacional y mundial.

Como resaltaba san Pablo VI: «La doble aspiración hacia la igualdad y la participación trata de promover un tipo de sociedad democrática. […] Esto indica la importancia de la educación para la vida en sociedad, donde, además de la información sobre los derechos de cada uno, sea recordado su necesario correlativo: el reconocimiento de los deberes de cada uno de cara a los demás; el sentido y la práctica del deber están mutuamente condicionados por el dominio de sí, la aceptación de las responsabilidades y de los límites puestos al ejercicio de la libertad de la persona individual o del grupo»[7].

Por el contrario, la brecha entre los miembros de una sociedad, el aumento de las desigualdades sociales y la negativa a utilizar las herramientas para el desarrollo humano integral ponen en peligro la búsqueda del bien común. En cambio, el trabajo paciente basado en el poder de la palabra y la verdad puede despertar en las personas la capacidad de compasión y solidaridad creativa.

En nuestra experiencia cristiana, recordamos constantemente a Cristo, quien dio su vida por nuestra reconciliación (cf. Rm 5,6-11). La Iglesia participa plenamente en la búsqueda de un orden justo, y continúa sirviendo al bien común y alimentando la esperanza de paz a través de la transmisión de los valores cristianos, la enseñanza moral y las obras sociales y educativas.
 

3. La paz, camino de reconciliación en la comunión fraterna

La Biblia, de una manera particular a través de la palabra de los profetas, llama a las conciencias y a los pueblos a la alianza de Dios con la humanidad. Se trata de abandonar el deseo de dominar a los demás y aprender a verse como personas, como hijos de Dios, como hermanos. Nunca se debe encasillar al otro por lo que pudo decir o hacer, sino que debe ser considerado por la promesa que lleva dentro de él. Sólo eligiendo el camino del respeto será posible romper la espiral de venganza y emprender el camino de la esperanza.

Nos guía el pasaje del Evangelio que muestra el siguiente diálogo entre Pedro y Jesús: «“Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?”. Jesús le contesta: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”» (Mt 18,21-22). Este camino de reconciliación nos llama a encontrar en lo más profundo de nuestros corazones la fuerza del perdón y la capacidad de reconocernos como hermanos y hermanas. Aprender a vivir en el perdón aumenta nuestra capacidad de convertirnos en mujeres y hombres de paz.

Lo que afirmamos de la paz en el ámbito social vale también en lo político y económico, puesto que la cuestión de la paz impregna todas las dimensiones de la vida comunitaria: nunca habrá una paz verdadera a menos que seamos capaces de construir un sistema económico más justo. Como escribió hace diez años Benedicto XVI en la Carta encíclica Caritas in veritate: «La victoria sobre el subdesarrollo requiere actuar no sólo en la mejora de las transacciones basadas en la compraventa, o en las transferencias de las estructuras asistenciales de carácter público, sino sobre todo en la apertura progresiva en el contexto mundial a formas de actividad económica caracterizada por ciertos márgenes de gratuidad y comunión» (n. 39).
 

4. La paz, camino de conversión ecológica

«Si una mala comprensión de nuestros propios principios a veces nos ha llevado a justificar el maltrato a la naturaleza o el dominio despótico del ser humano sobre lo creado o las guerras, la injusticia y la violencia, los creyentes podemos reconocer que de esa manera hemos sido infieles al tesoro de sabiduría que debíamos custodiar»[8].

Ante las consecuencias de nuestra hostilidad hacia los demás, la falta de respeto por la casa común y la explotación abusiva de los recursos naturales —vistos como herramientas útiles únicamente para el beneficio inmediato, sin respeto por las comunidades locales, por el bien común y por la naturaleza—, necesitamos una conversión ecológica.

El reciente Sínodo sobre la Amazonia nos lleva a renovar la llamada a una relación pacífica entre las comunidades y la tierra, entre el presente y la memoria, entre las experiencias y las esperanzas.

Este camino de reconciliación es también escucha y contemplación del mundo que Dios nos dio para convertirlo en nuestra casa común. De hecho, los recursos naturales, las numerosas formas de vida y la tierra misma se nos confían para ser “cultivadas y preservadas” (cf. Gn 2,15) también para las generaciones futuras, con la participación responsable y activa de cada uno. Además, necesitamos un cambio en las convicciones y en la mirada, que nos abra más al encuentro con el otro y a la acogida del don de la creación, que refleja la belleza y la sabiduría de su Hacedor.

De aquí surgen, en particular, motivaciones profundas y una nueva forma de vivir en la casa común, de encontrarse unos con otros desde la propia diversidad, de celebrar y respetar la vida recibida y compartida, de preocuparse por las condiciones y modelos de sociedad que favorecen el florecimiento y la permanencia de la vida en el futuro, de incrementar el bien común de toda la familia humana.

Por lo tanto, la conversión ecológica a la que apelamos nos lleva a tener una nueva mirada sobre la vida, considerando la generosidad del Creador que nos dio la tierra y que nos recuerda la alegre sobriedad de compartir. Esta conversión debe entenderse de manera integral, como una transformación de las relaciones que tenemos con nuestros hermanos y hermanas, con los otros seres vivos, con la creación en su variedad tan rica, con el Creador que es el origen de toda vida. Para el cristiano, esta pide «dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea»[9].
 

5. Se alcanza tanto cuanto se espera[10]

El camino de la reconciliación requiere paciencia y confianza. La paz no se logra si no se la espera.

En primer lugar, se trata de creer en la posibilidad de la paz, de creer que el otro tiene nuestra misma necesidad de paz. En esto, podemos inspirarnos en el amor de Dios por cada uno de nosotros, un amor liberador, ilimitado, gratuito e incansable.

El miedo es a menudo una fuente de conflicto. Por lo tanto, es importante ir más allá de nuestros temores humanos, reconociéndonos hijos necesitados, ante Aquel que nos ama y nos espera, como el Padre del hijo pródigo (cf. Lc 15,11-24). La cultura del encuentro entre hermanos y hermanas rompe con la cultura de la amenaza. Hace que cada encuentro sea una posibilidad y un don del generoso amor de Dios. Nos guía a ir más allá de los límites de nuestros estrechos horizontes, a aspirar siempre a vivir la fraternidad universal, como hijos del único Padre celestial.

Para los discípulos de Cristo, este camino está sostenido también por el sacramento de la Reconciliación, que el Señor nos dejó para la remisión de los pecados de los bautizados. Este sacramento de la Iglesia, que renueva a las personas y a las comunidades, nos llama a mantener la mirada en Jesús, que ha reconciliado «todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz» (Col 1,20); y nos pide que depongamos cualquier violencia en nuestros pensamientos, palabras y acciones, tanto hacia nuestro prójimo como hacia la creación.

La gracia de Dios Padre se da como amor sin condiciones. Habiendo recibido su perdón, en Cristo, podemos ponernos en camino para ofrecerlo a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Día tras día, el Espíritu Santo nos sugiere actitudes y palabras para que nos convirtamos en artesanos de la justicia y la paz.

Que el Dios de la paz nos bendiga y venga en nuestra ayuda.

Que María, Madre del Príncipe de la paz y Madre de todos los pueblos de la tierra, nos acompañe y nos sostenga en el camino de la reconciliación, paso a paso.

Y que cada persona que venga a este mundo pueda conocer una existencia de paz y desarrollar plenamente la promesa de amor y vida que lleva consigo.

Vaticano, 8 de diciembre de 2019

Francisco

 
[1] Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi (30 noviembre 2007), 1.
[2] Discurso sobre las armas nucleares, Nagasaki, Parque del epicentro de la bomba atómica, 24 noviembre 2019.
[3] Cf. Homilía en Lampedusa, 8 julio 2013.
[4] Encuentro por la paz, Hiroshima, Memorial de la Paz, 24 noviembre 2019.
[5] Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 78.
[6] Cf. Benedicto XVI, Discurso a los dirigentes de las asociaciones cristianas de trabajadores italianos, 27 enero 2006.
[7] Carta. ap. Octogesima adveniens (14 mayo 1971), 24.
[8] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 200.
[9] Ibíd., 217.
[10] Cf. S. Juan de la Cruz, Noche Oscura, II, 21, 8.

Recepción de Navidad del Copríncipe Episcopal ofrecida a las Autoridades y al pueblo de Andorra

Los máximos representantes de las más altas instituciones del Principado de Andorra, así como un buen número de personalidades de todos los ámbitos de la sociedad andorrana, se reunieron al mediodìa del jueves 19 de diciembre en el Palacio Episcopal para asistir a la tradicional recepción de Navidad a las Autoridades y al pueblo de Andorra ofrecida por el Arzobispo de Urgell y Copríncipe Episcopal, Mons. Joan-Enric Vives.

Entre los asistentes a la recepción estaban la Síndica General y la subsíndica General, M. I. Sras. Roser Suñer y Meritxell Palmitjavila; el Jefe del Gobierno de Andorra, M. I. Sr. Xavier Espot, así como varios Ministros de su gabinete; el Presidente del Consejo Superior de la Justicia, M. I. Sr. Enric Casadevall; el Presidente del Tribunal Constitucional de Andorra, M. I. Sr. Dominique Rousseau; el Representante Personal del Copríncipe Episcopal, M. I. Mn. Josep Maria Mauri; y el Director de Gabinete de la Representación del Copríncipe Francés en Andorra, Sr. Pascal Escande.

También asistieron los Presidentes de los Grupos Parlamentarios y un buen número de consejeros generales, además de una amplia representación de los Cónsules y Consejeros actuales de los siete Comunes y los Cónsules y Consejeros electos en los comicios celebrados el pasado domingo, 15 de diciembre. Asimismo, asistieron el Arcipreste de los Valles de Andorra, Mn. Ramon Sàrries; el Vicario General de Urgell, Mn. Ignasi Navarri, el Vicario Episcopal, Mn. Antoni Elvira y el Secretario General y Canciller del Obispado, Mn. David Codina, entre otros miembros de la Curia diocesana. En representación del Ayuntamiento de La Seu d'Urgell asistió el Alcalde, Excmo. Sr. Jordi Fàbrega.



Tras el discurso del Copríncipe Episcopal, el texto íntegro que viene a continuación, una violonchelista interpretó los villancicos "Noche de Paz", "El noi de la mare" y la canción popular catalana "El cant dels Ocells", y seguidamente concluyó el acto con la interpretación del himno nacional de Andorra.


 

Discurso del Copríncipe episcopal Joan-Enric Vives en la recepción de Navidad ofrecida a las Autoritdades y al Pueblo de Andorra.

19 de diciembre de 2019

1. Permeteu-me que us expressi la meva alegria i satisfacció per poder estar amb tots Vostès, representants del conjunt de la societat andorrana, i compartir així, en aquests moments, els nostres millors desitjos, ara que ens preparem per celebrar el Nadal festivament, i que veiem finalitzar un any per disposar-nos a començar-ne un de nou. Aplegar-nos amb tots Vostès, representants i provinents de sectors diversos de la societat andorrana, amb compromisos i accions diverses, complementàries i plurals, em porta a una sincera acció de gràcies a Déu pel nostre país, el noble Principat d’Andorra.

Estem ja a les envistes de les joioses celebracions de l’Encarnació del Fill de Déu, que es féu realment home com nosaltres. Nadal ens porta la joia de sentir Jesús més a prop, l’alegria de saber-nos acollits i perdonats per la misericòrdia de Déu, i que Ell vulgui venir a habitar enmig de nosaltres.

La violència, el pecat i la maldat dels homes no són obstacle perquè Jesús vulgui venir i portar-nos el seu perdó, la seva pau i la seva bondat que tot ho guareixen i refan. Els sofriments de tants petits i de tants pobres, dels innocents i dels qui no tenen el necessari per a viure són per a Jesús estímul a venir per alliberar-nos i donar-nos la salvació, que és l’Amor de Déu en tots.

Nadal ens revela novament el rostre de la misericòrdia perquè puguem ser misericordiosos com Déu és misericordiós, i perquè visquem estimant amb alegria i esperança. Acollim l’amor amb obres i de veritat!

2. Acabem de celebrar el segon procés electoral d’aquest any, les eleccions Comunals, i després de les eleccions al Consell General i la designació del nou Govern, que per primera vegada és de coalició, comença un període d’estabilitat per al nostre país. Precisament aquest 2019, vam commemorar amb tota solemnitat, els 600 anys del privilegi del bisbe Francesc de Tovia, pel qual quedà legitimat l'òrgan del Consell de la Terra. A partir del privilegi d l'11 de febrer de 1419, els prohoms de les valls d'Andorra podien elegir anualment els seus representants per tenir cura dels afers que els afectaven. El Consell de la Terra s'ha anat transformant al llarg de la història fins a esdevenir l'actual Consell General. Els dos processos electorals que hem viscut en aquest any 2019 ens demostren que la societat andorrana ha sabut mirar endavant, malgrat les dificultats, expressant democràticament la seva voluntat a les urnes, i exercint el seu discerniment. Vull fer arribar el meu sincer reconeixement a totes les Autoritats del país, Consell General (per primera vegada presidit per una dona Síndica), el Govern, i els Comuns, que s’han presentat, que han estat elegides democràticament i que volen treballar pel país i les parròquies, per a tots els ciutadans. Reconeixement que faig extensiu a les seves famílies, que se sacrifiquen generosament amb ells. Seguim així les bones tradicions andorranes de servei a la cosa comuna i cercant sempre el bé comú. Gràcies a tots els elegits democràticament i que Déu us ajudi a realitzar les vostres responsabilitats amb dedicació generosa. Desitjo que puguin treballar bé i que trobin la col·laboració de tots els ciutadans per a les grans causes que tenim al davant: defensar estabilitat d’Andorra, de les seves tradicions i de les institucions que l’han feta gran i l’han protegida al llarg dels segles; així com bastir una societat inclusiva amb la cooperació de tots; generar riquesa econòmica i repartir-la equitativament; i no oblidar les causes que més ens fan patir a tots, com són l’educació de les joves generacions, l’atenció als ancians sols, l’habitatge, i tot el que es deriva del canvi climàtic, per citar-ne només algunes.  

3. Amb motiu de la Cimera de Madrid COP25 crec que el Principat d’Andorra i els Andorrans, estem invitats a ser un Principat pioner i modèlic en la protecció del medi ambient i el desenvolupament sostenible, amb experiències reals d’economia circular. Hi hem de fer esforços ni que siguin costosos. L'acord final de la COP25 estableix que els països hauran de presentar el 2020 uns compromisos més ambiciosos de reducció d'emissions (les anomenades Contribucions Nacionals Determinades) per fer front a l'emergència climàtica. Segons l'acord, el coneixement científic serà "l'eix principal" que ha d'orientar les decisions climàtiques dels països per augmentar la seva ambició, que s'ha d'actualitzar permanentment d'acord amb els avenços de la ciència. El text recull "l'imperatiu" que la transició cap a un món sense emissions sigui justa i impulsi la creació d'ocupació decent.

La necessitat de treballar més pel compliment dels objectius de les Cimeres de París i ara la de Madrid, es pot unir al compromís que el Papa Francesc reclama d’una “ecologia humana integral” a la seva Encíclica Laudato Si’ (2015). Ecologia humana integral que defensi natura i persones, que inclogui “límits infranquejables” i asseguri la protecció dels ecosistemes davant de “noves formes de poder derivades del paradigma tecno-econòmic”. El Papa ho acaba de recordar clarament en el seu Missatge per a la Jornada de la Pau del proper 1 de gener de 2020. Ens diu que cal un “camí de conversió ecològica” davant les conseqüències de la nostra hostilitat cap als altres, la falta de respecte per la casa comuna i l’explotació abusiva dels recursos naturals —vistos com a eines útils únicament per al benefici immediat, sense respecte per les comunitats locals, pel bé comú i per la natura. Aquesta conversió ecològica a la qual apel·la el Papa Francesc “ens porta a tenir una mirada nova sobre la vida, considerant la generositat del Creador que ens va donar la terra i que ens recorda la joiosa sobrietat del compartir. Aquesta conversió ha d’entendre’s de manera integral, com una transformació de les relacions que tenim amb els nostres germans i germanes, amb els altres éssers vius, amb la creació en la seva varietat tan rica, i amb el Creador que és l’origen de tota vida”.

Crec que les joves generacions que tenen el perill de sentir-se poc motivades per a la cosa política, a través de l'ecologia, s’integraran més en la societat. La conversió ecològica és un procés que ha d'afectar tota la societat i ha d’afectar la ciutadania, no només les empreses o els governs. Precisament l’acord final de la COP25 subratlla l'acció climàtica dels actors no governamentals, a qui convida que la incrementin i generin estratègies compatibles amb el clima. Són els grans objectius que ens hauríem de poder marcar en aquest nou any i en els propers.

Estem invitats a fer costat a les veus que denuncien els errors comesos envers el medi ambient, acollir les recerques dels corrents científics més fonamentats, i fer cas dels enfocaments que veuen en el desenvolupament sostenible un paradigma per a l'estudi de les polítiques de benestar i desenvolupament. Tot està interrelacionat. La defensa de la creació ha estat elevada pel Papa Francesc a la categoria de deure moral envers Déu i els homes, de manera que passa a ser tan vertebral, universal i imperativa com la pau, la igualtat, la dignitat i la justa distribució de la riquesa.

4. Nadal és una crida a la solidaritat amb els pobres, ja que Jesús es féu pobre a Betlem. Si escoltem la veu de Déu, descobrirem que no només estem cridats a tenir cura de la fragilitat de la creació, sinó també i sobretot de la fragilitat dels germans, especialment dels infants.

Voldria que el pessebre parlés a la nostra vida. En tot lloc i de tota manera, el pessebre parla de l'amor de Déu, el Déu que s'ha fet Infant per dir-nos que està a prop de tot ésser humà, sigui quina sigui la seva condició.

Benvolguts: Us desitjo Pau i Joia en aquest Nadal! Prego per tots, us recordo amb afecte a vosaltres i les vostres famílies, i us desitjo Bon Nadal, ple de la gràcia del Senyor!

Visca Andorra!


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Recepción a los atletas andorranos participantes en Juegos internacionales durante 2019

El Arzobispo de Urgell y Copríncipe de Andorra, Mons. Joan-Enric Vives, recibió en el Palacio Episcopal, la tarde del 3 de noviembre, al Comité Olímpico Andorrano (COA) y la Ministra de Deportes y Cultura, M. I. Sra. Silvia Riva; el Secretario de Estado de Deportes, Justo Ruiz; con los deportistas y entrenadores Andorranos que han participado en Juegos internacionales durante el año 2019.

En el acto, el Arzobispo y Copríncipe agradeció la dedicación y esfuerzo de los deportistas por abanderar el nombre del Principado todo el mundo, ya que a lo largo del año 2019 han estado presentes en numerosas competiciones internacionales: en los Juegos de los Pequeños Estados de Europa celebrados en Montenegro, el Festival Olímpico de la Juventud Europea de invierno en Sarajevo, los Juegos Europeos que se celebró en Minsk (Bielorrusia), el Festival Olímpico de la Juventud Europea en Bakú (Azerbaiyán) y los Juegos del Mediterráneo Playa en Patrás (Grecia).

Una veintena de deportistas, con los entrenadores, los miembros de la Junta del COA, encabezados por su Presidente, Sr. Jaume Martí Mandicó, se hicieron presentes en la recepción. El COA integra a los representantes de las federaciones olímpicas, los representantes de las federaciones no olímpicas, representantes de los atletas olímpicos y otros miembros. En el acto también estuvieron presentes el Representante del Copríncipe M. I. Mn. Josep M. Mauri, la Secretaria del Copríncipe, Sra. Concepción García-Moyano y el Jefe de Gabinete del Copríncipe y Secretario General, Mn. David Codina.

3ª Jornada Mundial de los Pobres

El domingo 17 de noviembre se celebra la III Jornada Mundial de los Pobres con el lema, «La esperanza de los pobres nunca se frustrará» (Sal 9,19). Unas palabras, explica el Papa Francisco en su mensaje para la Jornada, que se «presentan con una actualidad increíble. Ellas expresan una verdad profunda que la fe consigue imprimir todo en el corazón de los más pobres: devolver la esperanza perdida a causa de la injusticia, el sufrimiento y la precariedad de la vida ».

«A veces -recuerda el Papa- se requiere poco para devolver la esperanza: basta con detenerse, sonrisa, escuchar. Por un día dejamos de lado las estadísticas; los pobres no son números a los que se pueda recurrir para hacer gala con obras y proyectos. Los pobres son personas a las que hay que ir a encontrar: son jóvenes y ancianos solos, a los que se puede invitar a entrar en casa para compartir una comida; hombres, mujeres y niños que esperan una palabra amistosa. Los pobres nos salvan porque nos permiten encontrar el rostro de Jesucristo ».

La Conferencia Episcopal Española y Cáritas se unen un año más para celebrar esta Jornada y ofrecen unos materiales para su preparación. También se puede consultar la página web de la jornada donde pueden leer el mensaje del Santo Padre.

Papa Francisco: La esperanza de los pobres nunca se frustrará
Mons. Joan-Enric Vives: III Jornada Mundial de los Pobres
Mn. Jaume Mayoral: Siguem portadors d’esperança!