2. Se trata de un nuevo escenario donde el sacerdote está llamado a ejercer su ministerio, cuya principal tarea es "anunciar a Cristo, la Palabra de Dios hecha carne, y comunicar la multiforme gracia divina que nos salva mediante los Sacramentos". En la actualidad los sacerdotes han de llevar a cabo esta tarea pastoral con la ayuda de las nuevas tecnologías digitales, especialmente Internet, considerando estos modernos recursos como nuevas oportunidades para la misión evangelizadora que constituye la propia razón de ser de la Iglesia [01]. Así lo entiende también el Papa Benedicto XVI cuando afirma en su Mensaje que el mundo digital constituye una gran oportunidad en el que los "sacerdotes deben anunciar el Evangelio valiéndose no sólo de los medios tradicionales, sino también de los que aporta la nueva generación de medios audiovisuales (foto, vídeo, animaciones, blogs, sitios web), ocasiones inéditas de diálogo e instrumentos útiles para la evangelización y la catequesis".

3. En esta misma línea y deseando que los medios de comunicación gocen de la mayor consideración en nuestra tarea pastoral ordinaria en las diócesis, parroquias y demás comunidades, animamos a los sacerdotes y a los fieles, especialmente a los padres, educadores y catequistas, en particular a los más jóvenes y "nativos" de la Red, a que se adentren por estos nuevos caminos del "mundo digital", poniendo con creatividad y audacia apostólica, todas las nuevas tecnologías de la comunicación al servicio del anuncio de Jesucristo. "La Palabra podrá así -como señala el Papa- navegar mar adentro hacia las numerosas encrucijadas que crea la tupida red de autopistas del ciberespacio, y afirmar el derecho de ciudadanía de Dios en cada época, para que Él pueda avanzar a través de las nuevas formas de comunicación por las calles de las ciudades y detenerse ante los umbrales de las casas y de los corazones y decir de nuevo: «Estoy a la puerta llamando. Si alguien oye y me abre, entraré y cenaremos juntos» (Ap 3, 20)".

4. Para lograr este objetivo apostólico de un mayor espacio para Dios en la sociedad actual, trabajemos también para alcanzar, a su vez, un mayor espacio para los medios en la propia Iglesia, a escala nacional, diocesana y parroquial. La evangelización de la cultura actual, esencialmente mediática, pasa por esta necesaria exigencia a la que no basta responder sólo con encomiables consideraciones teóricas sobre los medios, sino sobre todo con un mayor esfuerzo práctico en proyectos y realizaciones, con la imprescindible y generosa aportación económica de los fieles, que han de ver también en esta tarea pastoral su deber de "ayudar a la Iglesia en sus necesidades".

5. Este empeño exige entre nosotros más atención a la dimensión formativa en comunicación social de aquellos que han de ser o son ya predicadores de la Palabra de Dios, y lo mismo habría que decir de los educadores y catequistas, cuyo bagaje formativo debería incluir esta materia específica con entidad propia. A todos se nos pide hoy una nueva oratoria para transmitir adecuadamente Palabra de Dios a los hombres y mujeres de nuestra cultura mediática, además de la imprescindible ayuda del Espíritu Santo y una sólida espiritualidad y formación teológica. Alentamos a participar en los cursos y medios formativos en comunicación que la Iglesia ofrece a sacerdotes, seminaristas y fieles.