¡Pascua es fuego y es luz! (1)

Desgranemos la Vigilia Pascual.
Durante los domingos del tiempo pascual, estos escritos pastorales comentarán 7 dimensiones fundamentales de la gran celebración cristiana, la más importante, que es la Pascua, fijándonos en las dimensiones fundamentales que encontramos dentro la celebración de la Vigilia Pascual, la asamblea eucarística de referencia para todo el culto cristiano.

La noche de Pascua, velamos en la noche esperando al Resucitado, y entramos en el templo después de bendecir el fuego nuevo, con el Cirio pascual encendido y dejándonos iluminar por el estallido de su luz nueva. Después proclamamos y escuchamos largamente las lecturas de la Palabra de Dios que actualiza los misterios que celebramos, respondiendo con los cantos, los salmos y las oraciones del presidente. Bendecimos el agua que debe servir para dar la vida nueva a los bautizados y expresar la renovación de nuestro bautismo por obra del Espíritu Santo. Nos alegramos de formar Iglesia reunida por el Resucitado, siempre viva y siempre joven. Celebramos la Eucaristía, gran don del mismo Cristo para la vida abundante del mundo, y finalmente somos llenados del Espíritu Santo que nos envía como testigos de la Resurrección, con una misión de amor. Por esto en las próximas semanas, comentaré cómo la Pascua es fuego y estallido de luz nueva (1), es Palabra creadora que escuchamos y ponemos en práctica (2), es el agua viva que nos hace renacer por el bautismo de salvación (3), es la fe creída y testimoniada (4), como Iglesia reunida y enviada (5), que celebra la Eucaristía (6) y es el Espíritu que viene a renovarnos y a renovar a todo nuestro mundo (y 7).

La Pascua es fuego y es luz.
Cuando la noche de Pascua los fieles de todo el mundo velamos y nos reunimos en la entrada de los templos donde habitualmente celebramos la asamblea eucarística, antes que nada bendecimos el fuego nuevo, símbolo de la renovación que Dios quiere para cada uno y para todo el mundo, para que ilumine el universo en medio de las tinieblas de la noche, y, venciendo la oscuridad, aparezca Cristo, la Luz que todo lo ilumina. Con este fuego nuevo, encendemos el Cirio pascual, símbolo de Cristo, Luz de las naciones, que después se derrama en luces encendidas en las manos de todos los cristianos, y llenos de su luz, entramos en el templo. ¡Somos luminosos en la luz de Cristo!

Tenemos que quemar todo lo que es viejo, y dejarnos transformar. La belleza del fuego que todo lo consume, nos llama a ser renovados y a ser luz y calor en nuestro tiempo. Jesús quería que el fuego de Dios prendiera la tierra (cfr. Lc 12,49). Él es el auténtico fuego que atrae hacia el Padre, y que quema de amor sin consumirse como la zarza que atrajo a Moisés hacia la montaña y el misterio de Dios (cfr. Ex 3,2). Y ahora nos purifica para que llevemos una vida nueva, según el Espíritu Santo, que vino sobre los apóstoles en forma de lenguas de fuego (cfr. Hch 2,3-4).

Esta Pascua 2009 dejémonos purificar por el fuego de Dios, quememos el pecado y todo lo que convenga dejar atrás, y que se nos comunique el mismo amor que quemaba el Corazón Sagrado de Jesucristo, para que se difunda su vida nueva, como un fuego que todo lo inflama, como una luz que todo lo ilumina.
Pidámoslo con fe diciendo: "¡Que no se apague nunca en mí, Señor, el fuego de tu amor, y sea yo luminoso con tu luz!"